comentaba en esta reflexión, hablando del poder creador de la sonrisa, cómo el simple hecho de sonreír permite crear nuevos planos de realidad

yo sonrío, siempre que puedo
pero no siempre fue así

recuerdo que, viajando por india, llegamos demasiado pronto a la estación de khajuraho, y estuvimos por allí pasando la tarde. conocimos a gente de otros países, dejé un mensaje en el cuaderno de vikas [un chaval que volvía a casa, con sus compañeros de colegio, en un largo viaje de tren de dos horas que llegaría hasta la zona más rural], y ya de puro aburrimiento nos pusimos a cantar como si fuéramos las grecas 

el caso es que no sé si fue antes o después de todo aquello. habíamos vivido un “dejarnos llevar” demasiado duro; todo había sido precioso, el contacto con tanta humanidad nos había dejado las emociones a flor de piel, pero estábamos cansados y a la expectativa de pasar la noche en tren para viajar hasta benarés, nuestro siguiente destino [el que tanto me marcó las dos veces anteriores que había viajado a india]

me crucé, como digo no sé si antes o después del folklore, con una mujer, europea [luego supe que era francesa], estatura media, unos sesenta años, el gesto grave. al mirarle a los ojos la vi como disgustada por algo, como si estuviera harta de no hacer nada, de estar por allí divagando, como todos

fue muy breve. giró la vista y, entonces, sonrió
se le iluminó la cara
miré hacia donde estaba mirando, y era a isabel
isabel le sonreía, y ella había hecho lo mismo

era yo quien la había mirado con gesto grave, harto de pasar calor y sueño, de discutir con los operarios de las estaciones y los hoteles, estresado por haber perdido los pasaportes dos noches atrás, y harto de tanta burocracia y largas esperas para seguir adelante

aquel sencillo gesto me hizo integrar, un poco más, la verdad de que el campo cuántico responde a mi elección consciente. y mi elección, más bien, hasta ese momento, había sido inconsciente, bloqueado por tanto miedo; desde luego, si se trataba de agradecer el momento yo no lo estaba haciendo, y eso iba a hacer que me perdiera el viaje

entonces dejé de hablar mal de mí al mundo, dejé de dar esa cara; me iluminé instantáneamente, y sonreí

ya somos conscientes de eso, de que hay que vivir con alegría y aparcar el drama, pero cuando empezamos a trabajar en ese cambio aparecen situaciones difíciles para embellecer lo que todavía no es perfecto

vivimos en un infinito crisol de experiencias, con infinitos planos de posibilidad coexistiendo simultáneamente; infinitas líneas de tiempo, de elecciones posibles, caminos, destinos; causas que se convierten en millones de efectos y que siempre empiezan por algo simple, como una sonrisa consciente que nos haga sentir que es uno mismo quien cambia las cosas

que lo de fuera es sólo un reflejo de la mente, una proyección de lo que creemos ser, y que cuanto más nos afecte, cuanto más nos identifiquemos y nos enfoquemos en eso de fuera, más consciente seremos de esa realidad como parte nuestra

los monjes tibetanos dicen querer ser “los últimos seres humanos en iluminarse, porque sólo observando iluminados a todos es como puede iluminarse uno”; los demás brillan cuando tú brillas, y los demás se apagan cuando tú lo haces

por eso el mundo se iluminará sólo cuando tú lo hagas y, afortunadamente, es algo que puedes decidir

como pequeño giro a esta reflexión, y aprovechando que siempre pongo una imagen, con una reflexión similar, subida a facebook hace unos años, fíjate bien en su mensaje: “brilla para iluminar a los que se apagan”; el texto que escribí en su día tenía su rollo poético y buscaba algo de buenro, pero hacía hincapié, tanto el mensaje como la imagen, en que los demás podían estar apagados aunque tú brillases

eso, científicamente, no es posible
cambia tu plano brillando, aunque te cueste sacar la sonrisa
verás cómo cambia todo ✨🕺😄

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