reflexiones

12esta es tu oportunidad para decirte puedo

en 2015 hicimos un viaje de unos días al desierto del sáhara; podría haber sido un viaje turístico, y de hecho lo fue, pero podía haberse quedado en eso, haber traído poco más que haber beber té bajo la tienda improvisada de unos nómadas que pasaban por allí, y poco más

esa misma noche, 3 de abril, nos habilitaron una jaima en mitad del desierto profundo, a varios kilómetros del albergue donde dormíamos; a las nueve de la noche, con un cielo de luna llena imposible, y el tema ‘chalaba’ de hamid el gwani sonando en el móvil de uno de los guías, me trajeron la reflexión, la integración de eso que ya comprendía pero aún no tenía en mí, y que lo cambiaría todo a partir de entonces

y todo por unas moscas… 

fuera de la tienda, donde charlábamos después de la cena, sobre la mesa, un par de velas atrajeron, en cuestión de minutos, a un montón de moscas; moscas que se acercaban temerosa y muy inconscientemente a su llama, a la luz

yo observaba, callado, concentrado [también cansado de haber cruzado el desierto en un 4x4 que no había sido capaz de controlar] aquel espectáculo de moscas danzando alrededor de un fuego fatuo

viendo como, inevitablemente, muchas morían al acercarse demasiado

por aquel entonces ya estaba en edición mi nuevo libro, concentro, donde todas mis reflexiones apuntaban hacia el origen de todo, pero no había sido capaz de comprender esa lección en profundidad… y eso que era mi propio libro 😳

entonces, llegó un momento estelar: había silencio, todos descansaban, alguno ya se había ido a dormir, pero mis ojos seguían puestos en la luz, en el baile funesto de aquellos seres que sólo yo miraba, acerca de los cuales sólo yo pensaba, para darme cuenta de que el mini-aquelarre era un mensaje para mí: todo era mi reflejo y, como tal, una señal

hice un gran esfuerzo por ser consciente frente al inconsciente, de tomar partido en aquella manifestación de la vida, ¡de mi propia vida!, y comprendí que aquellos insectos, en aquel momento en el espacio y el tiempo, se sacrificaban inconscientemente para hacerme despertar; para hacerme comprender que aquella naturaleza era mía, y que lo que le pasaba a todo eso de fuera, al enfocarme en ello, se revelaba como un mensaje con origen y fin en mí

fue el comienzo de una nueva forma de ver la vida, sin aspectos ajenos, sin el persistente prisma de la separación; fue algo sensacional, porque comencé a involucrarme en todo lo que me rodeaba; estuve así semanas, meses, hasta que, en algún momento, lo integré en mi forma de pensar

no era la primera vez que unas moscas me dejaban una lección tan poderosa, pero sentí que era, de alguna forma, una visión definitiva: ponía el centro en mí, y me hacía ver causas y efectos con origen en mí

a partir de entonces ese pensamiento integrador revolucionó mi mundo, porque en todas las cuestiones aparecía yo como centro, sobre todo aquellas relacionadas con emociones que no había desarrollado por esperar que algo de fuera lo hiciera por mí

comprendí que el 100% de mis problemas, si bien era plenamente consciente de ellos, seguían manifestándose porque no creaba una acción desde el interior, acostumbrado a que el exterior me resolviera la papeleta

de eso hablo precisamente en el vídeo de esta reflexión número 12, de la importancia de desarrollar el músculo de la intención, de crear con el universo emocional y no con el racional, de no esperar a que la felicidad llegue sino hacer porque venga

disfrutar de la propia creatividad es el paso ineludible para todo ser humano; por mi experiencia y trabajo, la única forma de poner solución a ese lado oscuro, no explorado, enviando a tu subconsciente un mensaje que diga “puedes”

tú eres el centro de tu felicidad, no lo olvides… por mucho que el espectáculo de luces te haga pensar otra cosa

te mando mucha fuerza 🌟

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