Conéctate a la Felicidad

Conéctate a la Felicidad es el título de mi nuevo libro, del cual he extraído los puntos más importantes y los he ofrecido en una conferencia que lleva el mismo nombre, dirigida a empresas y aulas de toda España.

Esta conferencia que vas a ver a continuación contiene un regalo para que comprendas la Vida y entiendas tu papel en ella. Una profunda filosofía aplicada a las relaciones personales que te ayudará a eliminar todo aquello que no te gusta y aprendas a ser feliz.

Cuando termines de ver la conferencia, puedes leer el artículo donde encontrarás más detalles y enlaces para ampliar la información. Todo pulsando en “ver más”. Te deseo una gran Conexión a la Felicidad.


https://www.youtube.com/watch?v=Xc3R7L1Gi2I

Somos seres creadores. Estamos diseñados para crear. Sin embargo, jamás imaginamos que el acto de creación estuviera relacionado con la Felicidad. Hoy descubrirás la física de este misterio.

Empecemos por conocer cómo está construido el Universo. Hasta hace unos años pensábamos que los átomos eran los ladrillos, energía primaria e indivisible con los que se construía la materia… hasta que Ernest Rutherfold investigó el átomo y llegó a la conclusión de que no era materia sólida sino que estaba hueco. Estaba vacío. La ciencia comenzaba un largo camino de investigación para hallar la materia primera y última que construía a los átomos y, por tanto, a Todo.

En esa búsqueda, la física nos ha demostrado que podemos convertir el Universo en un infinito sistema constituido por puntos. Hagamos un viaje fuera de nuestro planeta: al alejarnos veremos cómo la Tierra se convierte en un punto. Un punto que junto a otros puntos da vueltas alrededor de un punto que es el Sol.

Sigamos alejándonos, convirtiendo el sistema solar en otro simple punto y, entonces, veremos cómo millones de sistemas solares pueden ser representados como simples puntos, girando alrededor del núcleo de la Vía Láctea. Convirtamos entonces nuestra galaxia, la Vía Láctea, en otro punto… y millones de galaxias serán nuevamente puntos, que actuarán como electrones girando alrededor otro gran núcleo… del que ahora no tenemos constancia.

Hacia abajo también funciona este modelo: el cuerpo está compuesto de 50 billones de puntos que son las células. Cada una de esas células tiene millones de puntos que son moléculas. Si nos metemos dentro de una molécula veremos que la forman puntos que son los átomos, rodeados de sus electrones. Y si entramos en el átomo veremos que sus núcleos vuelven a estar vacíos y aparecen unidades cada vez más y más pequeñas, los neutrinos y los bosones.

¿Qué otras dos cosas tan diferentes como un sistema solar y un átomo son tan parecidos entre sí?

Lo cierto es que es normal que se parezcan porque, en realidad, son la misma cosa. El Universo es fractal, como esas muñecas matrioskas que contienen dentro de sí mismas otra matrioska que, a su vez, contiene otra matrioska. Sin embargo, fractal no significa que sea una “réplica”… sino que es lo mismo.

Una estructura que se refleja en la ecuación de Mandelbrot.

En un fractal de Mandelbrot, los patrones pequeños son una réplica del grande y dentro ¿qué hay? Espacio vacío y diminutas réplicas del fractal superior. Y cada una de esas réplicas tiene más réplicas.

El Universo funciona de esta forma: se replica hacia su interior en infinitas creaciones. Por esto, si cada vez que entramos en la materia esperando que sea sólida nos encontramos con subpartículas flotando en el vacío, y cada vez que nos adentramos en dichas subpartículas comprobamos que siguen estando vacías, ¿qué es lo más común en el Universo? ¿Qué es lo que existe en mayor proporción?

El Vacío.

Hagamos este ejercicio con un diamante, el material más denso que existe en nuestro planeta; si nos adentramos en su estructura veremos todos sus átomos separados, pero no separados por una pequeña distancia: si un átomo tuviera el tamaño de un balón de fútbol estaría separado del siguiente átomo a una distancia de dos estadios de fútbol. ¡Así de vacío está un diamante a pesar de la solidez que aparenta! Y dentro de cada uno de esos átomos… ¡hay más subpartículas separadas entre sí por vacío!

Por tanto, ¿qué hay entre los átomos de la materia? ¿Que existe? ¡No hay nada! ¡No existe nada! Eso significa que no es la materia la que crea la realidad porque, en realidad… no hay materia.

Lo que crea la realidad no es la materia sino el Vacío.

A pesar de este hecho incontrovertible, los físicos se empeñan en crear máquinas cada vez más grandes como el Colisionador de Hadrones, un tubo gigante de 25 kilómetros de extensión diseñado para desmembrar núcleos cada vez más pequeños. Pero no encontrarán nada, porque no existe ninguna materia sólida.

Se empeñan en seguir buscando el paradigma que nos confirme que hubo un inicio para el Todo, que sea el origen del Universo, la partícula divina de la que surgieron todas las demás… Pero cuando colisionan y “abren” una partícula para ver de qué está hecha, la encuentran hueca. Vacía.

La gran pregunta que científicos y gente de la calle se hace es: “pero, ¿cómo va a salir la energía del Vacío?” Complejo y sencillo a partes iguales: ¿de qué está formado el cuerpo? De células. ¿De qué está compuesta la célula? De moléculas. ¿De qué están constituidas las moléculas? De átomos. ¿Qué componen los átomos? Los neutrinos y los bosones. ¿Qué causa la aparición de los neutrinos y bosones? Nada, no son los ladrillos esenciales: siguen apareciendo partículas primarias, pero no hay ningún origen…

Y esa es la respuesta: cuando no hay Nada que explique la causa de algo… es la propia Nada la que lo está causando.

Basándose en esta cuestión de corte filosófico, cientos de físicos y matemáticos llevan diez años dando forma a teorías sobre la ingeniería del Vacío. De cómo el tiempo cero y el espacio infinito se pellizcan dando lugar a dos fuerzas, contrapuestas la una a la otra, que surgen desde el núcleo de la existencia. Dos fuerzas que surgen enfrentadas y que equilibran el punto cero del cual parten.

Dos fuerzas que fueron representadas hace 8.000 años por la filosofía oriental con el símbolo del Yin y el Yang. La fuerza masculina y femenina, el blanco y el negro.

Efectivamente, del Vacío surgen dos energías que generan una vibración, la cual crea partículas subatómicas que se fusionan creando átomos, elementos químicos, moléculas, virus, organismos unicelulares, organismos pluricelulares…

El Universo, por tanto, parte de la Nada. Del Vacío, del llamado Punto Cero… y la única estructura geométrica cuyo Centro es un vacío sólo puede tener esta forma:

Un toroide. Esta es la única forma capaz de sostenerse en torno a un Punto Cero, a un vacío, un punto donde la fluctuación de energía está en su pico más bajo. Un toroide que está replicado en infinitas formas de vida.

Todo, absolutamente Todo, es el mismo toroide. Incluso una manzana.

La pregunta que cabe hacerse ante esta estructura es: ¿realmente está todo en el Vacío, en el centro de esa forma de energía? ¿Cómo es posible? ¿Cómo puede surgir todo de la Nada? ¿Qué tiene el vacío para que surja de él la Energía que nos construye?

Bien, si queremos ver a un físico echarse a temblar, no tenemos más que preguntarle por el llamado Problema de la Mensuración. ¿En qué consiste?

Cuando en un laboratorio se mide un átomo, éste ocupa un lugar en el espacio únicamente cuando se le observa. Es decir, el átomo existe, pero en ningún lugar concreto. Sin embargo, en el momento de medirlo, en el momento en el que nuestra consciencia hace su trabajo de medición utilizando una máquina, el átomo ocupa su posición relativa.

Sin la consciencia el átomo no está en ningún lugar. No existe. El átomo, en realidad, está en la Nada, en el espacio vacío.

Desde hace décadas creemos en la teoría del Big Bang, y lo cierto es que el Big Bang es una teoría real… válida… pero el Big Bang no se dio hace 13.810 millones de años como dice la ciencia, sino que existe a cada instante, desde siempre. Cada instante surgen de esa Nada trillones y trillones de partículas que dan forma a la existencia. Por esto, es la consciencia la que crea toda la materia

Pensamos que el Universo era un espacio oscuro y nosotros llegamos en algún momento para habitarlo y quedarnos a vivir en él, pero no es cierto: es nuestra consciencia la que irrumpe en la Nada y, entonces, crea el Universo que contemplamos cada día.

Así pues, si toda la energía parte de un punto significa que todo está conectado. Si toda la energía parte de una madre, todos sus hijos son hermanos. Esta certeza se ha ratificado en laboratorio: si extraemos un electrón de un átomo, lo separamos a millones de kilómetros de distancia y excitamos al átomo, ese átomo también se excitará. A pesar de estar separados vibrarán de la misma forma, lo cual ratifica que todo parte del mismo núcleo, de la estructura del Vacío, de la Nada… Todos somos Uno.

Pero, ¿por qué nos cuesta pensar así? ¿Porque nos cuesta pensar que estamos unidos, que somos Uno, que somos un colectivo? ¿Por qué insistimos en ver la Vida de forma individualista, separados los unos de los otros? Porque estamos educados para pensar de forma competitiva, aislada de los demás.

A principios del siglo XX se instauró un tipo de educación que no ha variado en absoluto durante los últimos 80 años. En ese tipo de sistema se valora a los niños a través de mediciones numéricas; se puntúa al alumno con referencias subjetivas, y todos aquellos que son diferentes y no encajan en dicho sistema de medición, aquellos que pueden imaginar cosas que los demás no imaginan, aquellos que bailan, cocinan, corren o cantan, a los que les gusta escribir poesía… a esos niños se les Reprime su comportamiento.

Insisto en esta palabra: se nos enseñó a ser Represivos con nuestra verdadera naturaleza, obligándonos a repetir lecturas, aprender páginas de memoria y rellenar tablas de cálculo no para enseñarnos algo sobre la Vida (ya que la Vida no son páginas ni números), sino para reforzar nuestra conducta autómata.

Para reforzar patrones inconscientes que nos hagan obedecer.

Esa Represión de nuestra naturaleza se lleva a cabo a través de una educación del pensamiento tangible y racional. Una forma de pensamiento que se da en nuestra parte izquierda del cerebro.

La parte izquierda del cerebro es la parte masculina. Procesa la información racional y analítica, los números, las estadísticas. Por el contrario, la parte derecha, la femenina, está vinculada a la imaginación, a la expresión artística, a la creatividad, a la intuición.

¿Qué ocurre con esos niños que obedecen a todo lo que sus profesores les dictan? Que mirarán por su propio beneficio y competirán contra los demás; serán los que saquen mejores calificaciones, los que obtendrán mejores puestos en las Universidades y los que ostentarán altos cargos políticos y directivos en el futuro.

Muchos de nosotros damos por supuesta la jerarquía social en la que el hombre ocupa el poder, pensando que se debe a la inferioridad de la mujer, pero esto es un error fomentado por nuestra sociedad. El factor culpable de este pensamiento machista está en una educación que relega a las emociones a un segundo plano, Reprimiendo nuestro lado femenino y haciendo que la mujer se sienta desubicada en un mundo tan racionalizado y tan poco emocional.

Esto no siempre fue así: en antiguas civilizaciones como la egipcia era la mujer la que heredaba el trono, pero las élites ególatras forzaron la educación racional para convertir las sociedades matriarcales en patriarcales.

Como todas las especies del Universo, la nuestra se encuentra en plena evolución. Y la única forma de que las especies evolucionen es a través de la conexión con los demás, de la conexión con el colectivo: las crías de cualquier especie saben detalles de su entorno que las madres no tienen que enseñarles, porque perciben la consciencia grupal, colectiva, y se adaptan a ella.

Estas consciencias colectivas surgen únicamente cuando las personas no son individualistas, cuando no compiten ni se centran en su ego, sino en la prosperidad del colectivo. Prosperidad de otros que, a fin de cuentas, es la suya propia. Y cuando esas consciencias están unificadas ocurre el milagro de las fuerzas que se unen: que dichas consciencias vibran en la misma longitud de onda.

Así es: todo en la Vida vibra. Desde que la Energía surge vibrando del Punto Cero, todo está en permanente vibración. Todo en nuestra existencia vibra, es el factor que crea la Vida.

Nada está exento de esa vibración, ni siquiera nuestro cuerpo con sus puntos focales llamados chakras donde culminan dichas vibraciones: raiz, genital, estómago, plexo solar, garganta, tercer ojo y coronilla.

Y como toda forma de Vida con un centro vibracional, el planeta Tierra también tiene sus propios chakras: el chakra raíz (en monte Shasta, California), el chakra sexual (en el Lago Titicaca, Sudamérica), el chakra plexo solar (en Uluru Katajuta, Australia), el chakra corazón (en Glastonbury, Inglaterra), el chakra garganta (en Gizeh, Egipto), el chakra tercer ojo (en Kia malaysia, Irán), y el chakra coronilla, el espiritual (causalmente en el Monte Kailash, Tíbet).

Efectivamente, la Tierra posee un centro que vibra y hace vibrar a sus seres. Dicho centro posee un núcleo de cristal de hierro resonando a 13 Hz emitiendo vibraciones que no podemos percibir con nuestros sentidos porque son limitados. No podemos percibir ciertas vibraciones como los rayos ultravioleta, los rayos X o las señales de radio porque nuestros sentidos no están capacitados, pero sí podemos experimentar las vibraciones de una forma: a través de nuestras emociones.

Nuestros cuerpos perciben una vibración fundamental: la del Amor. La falta de esta vibración de Amor podríamos llamarla Miedo. Nuestras emociones no son la vibración en sí, sino la manifestación física de dichas vibraciones. Cuando sentimos una vibración más elevada, aumentan los latidos de nuestro corazón, la temperatura de nuestro cuerpo, se nos agudiza la vista… Asimismo, la ausencia del Amor, el Miedo, también tiene sus manifestaciones físicas.

Hace poco se llevó a cabo una investigación con perros policía capaces de detectar prendas previamente puestas en personas violentas, con ira o miedo, y los perros detectaron ese olor. Es decir, la manifestación física de las emociones, sean positivas o negativas, tiene una consecuencia física en nuestros cuerpos.

Para investigar estas manifestaciones, un científico llamado Hans Jenny creó en los años 40 una máquina llamada Cymatics. Una plataforma que comprobó cómo las vibraciones que pasan a través de un medio lo modifican con un patrón fijo.

Otros científicos, como el japonés Masaru Emoto, demostraron cómo las emociones podían afectar a las moléculas de agua creando diferentes patrones: si el agua estaba en manos de personas con vibraciones de amor, paz, Felicidad y serenidad, los patrones eran bellos y armónicos, diferentes a los caóticos que resultaban de vibraciones de angustia, depresión, ira o violencia.

Pero, ¿cómo es posible que nos afecten las emociones? ¿De qué forma pueden condicionar nuestra vida? La respuesta está en una ínfima pero esencial parte de nuestra existencia: el ADN.

Hasta hoy, el ADN era considerado como el constructor de las proteínas, los ladrillos biológicos con los que se forman las células de nuestra piel, órganos, pelo, huesos… Sin embargo, la epigenética está descubriendo que la función del ADN va mucho más allá.

¿Qué es el ADN? Brevemente: sus espirales son el resultado del choque de las dos fuerzas contrapuestas del Universo. Proceden de la energía que se libera del Punto Cero, del Vacío. La información de la vibración de cada punto combina átomos de nitrógeno para componer las cuatro bases estables que conforman el código genético: adenina, timina, guanina y citosina.

Existen hasta 64 combinaciones de estos cuatro elementos agrupados de tres en tres, con posibles repeticiones. Combinaciones de nucleótidos que forman secuencias, códigos, que combinadas entre sí determinan las características intrínsecas de cada ser humano.

Hasta hace unos quince años creíamos esto… Pero si hacemos memoria, el Proyecto Genoma Humano destinó ingentes cantidades de recursos para secuenciar el ADN e investigar el origen de las enfermedades. En una de esas investigaciones se estudiaron varios síndromes con el fin de erradicarlos. Uno de estos fue el Síndrome de Angelman, también conocido como el síndrome del títere.

Se trata de una tara genética, concretamente una deficiencia del cromosoma 15 que altera las capacidades cognosctivas y motoras de una persona. Los niños que sufren este síndrome no hablan, apenas pueden moverse… pero son felices, sonríen todo el tiempo. La contradicción llegó al laboratorio cuando se estudió el Síndrome de Prader-Willi, un síndrome que hace que nazcan bebés muy grandes, con lenguas desproporcionadas y ciertos rasgos de autismo.

El problema era que la secuencia que fallaba en este síndrome era la misma que en la del Síndrome de Angelman. Fallaba la misma secuencia del cromosoma 15. ¿Cómo es posible que un problema en la misma secuencia produjera dos tipos de alteraciones tan diferentes?

Se investigó la raíz de este asunto y se llegó a la conclusión de que los genes se comportaban de forma diferente dependiendo de si venían de la madre o del padre. Era como si los genes supieran de donde vienen, apagando sus códigos por la procedencia materna o paterna.

El estudio revolucionó la genética actual ya que los genetistas se preguntaron sorprendidos: ¿cómo es posible apagar esos códigos? ¿Qué los enciende o apaga? ¿Cuál es el interruptor que enciende o apaga esas secuencias genéticas?

La respuesta no tardó en llegar: la emoción.
Es la emoción lo que enciende y apaga esos códigos del ADN.

Cuando una vibración lenta, ausente de Amor (miedo) pasa a través del ADN, activa sólo ciertos puntos. La vibración del Amor, sin embargo, al oscilar más rápido toca muchos más puntos y activa muchos más códigos. Con esta premisa se hicieron tres experimentos con el ADN.

El primer experimento consistía en tomar una muestra de ADN de placenta humana, la forma más prístina y limpia de ADN, y se colocó en un recipiente para medir sus cambios. De esta muestra se distribuyeron 28 tubos de ensayo a 28 investigadores a los que se instruyó para generar sentimientos. ¿Cuál fue el resultado? Que el ADN cambiaba su forma dependiendo de las emociones de los investigadores.

Cuando los investigadores sintieron gratitud, amor y aprecio, el ADN respondió relajándose y sus filamentos se estiraron. El ADN se hizo más largo. Por el contrario, cuando los investigadores sintieron ira, miedo o estrés el ADN respondió apretándose; se hizo mas corto y apagó muchos de los códigos. Los códigos del ADN se encendieron de nuevo cuando los investigadores experimentaron sentimientos de amor, alegría, gratitud y aprecio.

El segundo experimento lo llevó a cabo el biólogo cuántico Vladimir Poponin. Metió un tubo de ensayo en una cámara y creó el vacío en ella, quedando en ella únicamente fotones, partículas de luz que estaban alojadas dentro de la cámara de forma aleatoria. Después introdujo ADN y, sorprendentemente, las partículas de luz se ordenaron en torno al ADN. ¡Crearon la forma de una espiral de ADN! Aún hubo algo más fascinante y es que al retirarlo los fotones permanecieron imitando la forma de la espiral del ADN, por lo que llegó a la conclusión de que los códigos activados del ADN funcionan como antenas electromagnéticas fractales que atraen energía.

Una antena que atrae partículas de luz y las posiciona para crear el mundo que tenemos ante nuestros ojos.

El tercer experimento fue llevado a cabo por militares. Recogieron una muestra de leucocitos y los colocaron en una habitación equipada con un sistema de medición de cambios eléctricos. El donante permaneció en una habitación, sometido a “estímulos emocionales” consistentes en vídeoclips que le generaban emociones. El ADN, por su parte, fue trasladado a un lugar diferente al del donante, en el mismo edificio. Ambos, donante y ADN, fueron monitoreados y pudo comprobarse que cuando el donante mostraba sus altos y bajos emocionales, el ADN expresó respuestas idénticas de forma simultánea.  No hubo ningún tiempo de retraso de transmisión. Las frecuencias altas y bajas que modificaban el ADNcoincidieron exactamente con las frecuencias altas y bajas del donante. La prueba se llegó a hacer a cientos de kilómetros entre el ADN y su donante, y continuaron obteniendo el mismo resultado. Sin lapso ni retraso de transmisión.

Estos tres experimentos nos dan a entender tres cosas:

En primer lugar, que las emociones afectan a la forma del ADN y a la activación de sus combinaciones. En segundo lugar, que la realidad física está condicionada por la forma en la que las antenas activadas del ADN se disponen, lo que sugiere que la consciencia ordena el campo cuántico observable.

Que la Vida está creada por nuestro ADN, que le dicta cómo comportarse, que ordena la energía basándose en las espirales del ADN de forma tridimensional, partiendo de puntos adimensionales. Y en tercer lugar y no menos fascinante, que el ADN está conectado entre sí, y lo hace a través de los subcampos que existen entre las combinaciones del ADN, la cual procede del VacíoEs decir, que existe una conexión espacial y temporal del ADN.

Mi conclusión es que el ADN se comporta como el Internet humano, que nos conecta a todos y a Todo en todo el espectro electromagnético lo que vendría a explicar, entre muchas otras cosas, la existencia de la telepatía o la reencarnación.

El ADN, en definitiva, le dice a la Nada cómo debe ser nuestro mundo. Para entender esto, utilicemos el ejemplo de una pulga. Una pulga tiene únicamente dos sentidos. Uno es la recepción de fotones, de señales lumínicas. El otro, la recepción de moléculas de dióxido de carbono. El sentido lumínico le permite moverse hacia la luz, hacia las zonas elevadas de los árboles, donde permanece estática hasta que percibe el dióxido de carbono proveniente del sudor de un animal que pase por debajo.

Una pulga tiene muy pocos códigos de ADN activados y, por tanto, crea poca Luz, poca energía. Una pulga percibe un mundo oscuro y limitado, pero si pudiera ver el mundo tal y como lo vemos nosotros, ¿creería que se trata del mismo mundo que el suyo? No. Sin embargo, vivimos en el mismo planeta. ¿Qué nos diferencia? Que el ser humano posee muchos más códigos de ADN activos y, por tanto, muchas más antenas electromagnéticas con las que crear Energía.

Basándonos en esta premisa, la activación de los códigos de nuestro ADN, 20 en total, nos permite crear y percibir un mundo de Luz, nos permite manejar energía pero, aún así, es una visión muy pobre y limitada de la Vida: ¿qué pasaría si activáramos las 64 antenas electromagnéticas de nuestro ADN en lugar de las 20 que tenemos activadas? ¿Qué ocurriría si nuestro ADN creara desde el vacío tal cantidad de energía? ¿Qué otro mundo veríamos?

Aún mejor… ¿qué tipo de poder tendríamos?

En realidad, y ésta es la clave de la conexión a la Felicidad, y la conclusión final del teorema que estoy explicando y que se contiene en mi libro, todos podemos tener acceso a ese poder ilimitado porque, ¿qué es lo que activa un mayor número de antenas electromagnéticas del ADN? Las emociones de Amor, una vibración más elevada.

Así funciona la Ley de Atracción: no se trata de imaginar y atraer, sino de que las personas entusiastas, las personas que se emocionan consiguen lo que se proponen no porque “atraigan” nada, sino porque crean más energía que las personas deprimidas y tristes, y utilizan dicha energía para llevar a cabo sus propósitos.

Es nuestra energía mental la que provoca ese torbellino de Energía surgiendo de la Nada.

El problema es que nuestra realidad está determinada por nuestros patrones inconscientes, patrones de negatividad que alimentamos diariamente gracias a los recuerdos dolorosos y a la incertidumbre por el futuro, alimentados éstos por la información que absorbemos de los medios de comunicación manipulados. De esta forma, de nuestros 60.000 pensamientos posibles, 55.000 son negativos… demasiados para crear energía y ser prósperos. Por eso, necesitamos una herramienta que nos permita ser Felices, crear Energía a partir de la Nada (*).

Para ello, os propongo una herramienta simple y poderosa; volvamos al tema de la educación. ¿Por qué nos sentimos tristes? ¿Por qué tenemos miedos? ¿Por qué sentimos esta pesadumbre, por qué nos dejamos intoxicar con las malas noticias?

La educación recibida nos obligó a ser así. Recordemos nuestras infancias: a todo niño que pinta sus cuadernos de estudio, que baila con la música alta o canta de forma estridente es regañado por sus padres con ese “a ver si empiezas a comportarte como la gente mayor”. El niño, entonces, Reprime todos esos actos que nosotros llamamos “infantiles”… pero que no lo son: no se trata de actos pueriles sino humanos. Y los tendríamos toda la Vida si no fuera por la Represión del ego.

Así que, poco a poco, esta Represión de nuestras infancias, esa falta de creencia en lo que somos, por cómo somos, nos vuelve “mayores”. Nos convertimos en personas calladas, tímidas, inmóviles, sin expresión. Y como nos avergüenzan esas actitudes las Reprimimos. Las escondemos. Pero eso no es lo peor. Lo peor es que si otra persona hace eso que nos parece avergonzante y ridículo, si los demás hacen algo de lo que nos avergonzamos, acabaremos por Reprimir a los demás.

¿Qué significa esto? Que todo eso que no nos gusta de los demás es una Represión de nuestra verdadera naturaleza. Todo lo que los demás son y nos produce rechazo, todo eso que criticamos es, en realidad, un rechazo de lo que nosotros somos.

Pongamos algún ejemplo: ¿quiénes son los mayores represores de la homosexualidad? Precisamente las personas homosexuales reprimidas. Tenemos miles de ejemplos en la iglesia católica. ¿Quienes condenan al típico conductor que atropella y se da a la fuga? Precisamente los que jamás aceptarían que son capaces de hacer algo así. Seamos sinceros: ¿de los 40 millones de españoles que condenaron aquel accidente de Farruquito todos, absolutamente todos, detendrían su coche, atenderían al atropellado, y después se entregarían a la policía diciéndoles que no tenían carnet y que el coche lo habían tomado prestado sin permiso? ¿Todos los que se tomaron la licencia de condenar hubieran hecho eso?

Lo dudo mucho.

La primera lección, por tanto, es entender que las personas son maestras que están en el mundo para enseñarnos algo… pero no sobre ellas sino sobre nosotros. Tan sólo debemos observarlas, observar sus actos. Observar lo que nos duele de su comportamiento, porque evidenciará el nuestro. Pero, ¿por qué conocemos a ciertas personas que nos provocan cierto dolor? Porque vibramos como ellas (*), ya sea porque acallamos una actitud o porque la Expresamos. Y esa actitud de expresar o acallar, mostrar u ocultar, ese Yin y Yang se atraerá y conectará entre sí.

Tras esto, tras esa conexión de dos individuos de expresan y rechazan, comenzará la lección de Vida: veremos en los demás lo que no nos gusta de nosotros. Sufriremos lo que debemos tolerar, comprender y empatizar. Sufriremos eso que debemos hacer nuestro. Ése es el objetivo de nuestra pluralidad, sentir empatía y compasión por los demás, porque los demás sólo son un reflejo de nosotros: todos partimos del Vacío, somos la misma consciencia.

Somos lo mismo, fractales de un Centro, y nos reflejamos los unos en los otros tal y como relataba el mito hinduista de las joyas de Indra.

Cuando aceptemos absolutamente todos los errores de los demás, significará que hemos aceptado lo que somos. Nos habremos perdonado a nosotros mismos por nuestros errores, y nos admiraremos por nuestra humanidad. En ese momento comenzaremos a Amarnos. Y sólo cuando nos Amemos dejaremos de tener miedo, porque entenderemos que los actos que rechazamos y tememos de los demás son un reflejo de lo que nosotros somos.

Entenderemos que todo eso malo que nos hacen es parte nuestra que hemos Reprimido, y que debemos evitar devolver con los mismos actos.

Debemos entender que esa persona que hace daño es una persona a la que desde pequeña se le reprimió por absolutamente todo lo que hacía, lo que le llevó a rechazarse a sí misma así que, con el tiempo, llegó a rechazar y cargar contra los que se comportaban de la misma forma.

¿Crees que es una actitud de personas “malas” o “negativas”? En realidad es la actitud de todos los que critican a la sociedad, a los políticos, a sus amigos, a su jefe…

Este es el momento de cambiar los patrones mentales (*). Es el momento de darse cuenta de que los demás no buscan hacernos daño sino que buscan Amarse a sí mismos… pero alguien les hizo demasiado daño y no son capaces.

Es el momento de sentir compasión por las personas y por las cosas del mundo, porque incluso el mundo que nos rodea, las cosas, son un reflejo de nuestro interior. Debemos sentir compasión por las cosas que nos suceden y no admitimos, porque esas cosas también somos nosotros.

Cuando aceptemos todo esto, seremos compasivos. Y la compasión es la vibración más elevada del ser humano. Es la vibración del Amor a Todo y a todos. Y el Amor, tal y como hemos podido ver, es lo que nos permite evolucionar: cuando estamos felices nuestro ADN genera más Energía a partir de los Vacíos de los subcampos cuánticos del ADN.

Siente, por tanto, compasión por el mundo y las personas que te rodean, a pesar de los diferentes perfiles que encuentres (*). Tras sentir compasión, ¿qué deseas hacer? ¿Crear un negocio? Ten compasión y constrúyelo siendo feliz. ¿Tener una relación? Ten compasión por tu pareja, entiende sus errores sin menospreciarlos, y sé feliz junto a ella. ¿Tener un hijo? Ten compasión por la naturaleza de tu hijo y edúcale para que sea tan feliz como tú.

La Compasión nos lleva al Amor, el Amor a la Felicidad y la Felicidad a crear más energía. Ésa es la verdadera llave de este precioso mundo.

Espero que este ejercicio de compasión sea el que te acompañe para siempre, y esta Conexión a la Felicidad sea la que produzca un fascinante giro en tu vida.

(*) Si quieres ahondar en los conceptos de Conéctate a la Felicidad, tienes a tu disposición el libro pulsando en este enlace.

6 pensamientos en “Conéctate a la Felicidad”

  1. Extraordinario. Me gustó mucho. La ciencia en lenguaje común que podemos entenderla todos para ser felices. Felicitaciones Carlos. Gracias.

  2. Carlos, es excelente tu blog, lo estuve leyendo casi todo, todo muy claro que ya la existencia es un infinito juego de polos que se atraen a si.

    Hay una pregunta que te quiero hacer, sobre la ilusión acerca del espacio fisico.

    Por ej. Soy el observador, veo un mueble.. en la ilusión, genera el espacio dimensional.. pero la realidad es plana? que no hay alla ni atrás, me explico. que la realidad es un plano de infinitos atomos. Esa cuestión es la que estoy buscando resolver.

    Gracias, aguardo tu respuesta.

    1. Hola Vento, ¿qué hay?

      Efectivamente, la realidad es plana, adimensional. Tienes explicado en el vídeo cómo el ADN construye la energía, atrayendo partículas y colocándolas de forma tridimensional, en espiral, siguiendo el diseño de su hebra.

      Es decir, las antenas electromagnéticas del ADN posicionan partículas de luz a su alrededor, pero eso no significa que la realidad sea física, sino que está construida por puntos que no tienen dimensiones, por lo que las figuras resultantes de dicha composición están vacías, no son sólidas, no son realmente tridimensionales.

  3. Gracias Carlos!

    Me resuelves esa duda, pues es es todo tan mágico y tan perfecto, que parece todo es real, en realidad todo lo que se ve, es una infinita creación de todas las mentes que pasaron por esta tierra, además de la existencia.

    Ahora entiendo mejor la relación de los chakras con la realidad que ya al ser plana, los centros conectan y configuran la realidad enegetica según como lo tengamos.

    Muy acertado todo lo que escribes, te seguiré leyendo.

    Un abrazo

  4. No sera que la realidad en lugar de ser adimensional sea mas bien multidimensional? y que por eso nos de la sensacion de no tener dimensiones porque en realidad contiene todas y todo? como el Aleph de Borges… en fin, antes de que esto se vuelva una discusion filosofica, muchas felicidades Carlos Burgos por tus publicaciones!

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