Tu media naranja está dentro de ti

Todos hemos escuchado alguna vez aquello de “estoy buscando a mi media naranja” o “mi pareja es mi media naranja”, y de tanto escucharlo y verlo en películas, programas y prensa del corazón, hemos acabado por creer que somos medias naranjas en busca de nuestras otras mitades.

Como si los seres humanos estuviéramos incompletos.

Lo cierto es que todo ser humano define su género hacia el quinto mes de gestación, lo que significa que hasta entonces el feto puede ser hombre o mujer. Una vez ha definido su género, una parte realmente importante condicionará su sexualidad para siempre: su cerebro.

El cerebro humano, dividido en hemisferio derecho y hemisferio izquierdo, divide la actitud del ser humano entre hemisferio emocional (derecho) y hemisferio racional (izquierdo) o, lo que es lo mismo, el hemisferio femenino (emocional, derecho) y hemisferio masculino (racional, izquierdo).

La parte derecha rige las emociones, y la parte izquierda rige la razón. El enfrentamiento entre el espíritu y la ciencia que tanto dolor ha ocasionado en la historia del ser humano.

Esto sucede porque nuestra sociedad aboga por una educación racional, tangible, basada en los resultados, basada en el mundo de ahí fuera y no en el de dentro. Las personas somos educadas para obedecer, no para conocernos, así que aprendemos a acatar órdenes de todo tipo desde nuestra infancia, y ese acatamiento de órdenes tiene proyección hacia el futuro, hasta llegar a elitistas puestos de trabajo en las cumbres empresariales donde sólo los hombres manejan la marea productiva que puebla los mercados y condiciona nuestras vidas de principio a fin.

La educación potencia el pensamiento tangible del hombre y el aspecto emocional de la mujer, así que las mujeres se encuentran fuera de lugar en un mundo tan racional como el consumista en el que vivimos, y los hombres se sienten fuera de lugar en el mundo emocional que podría unir las vidas de las personas y hacernos evolucionar.

Al final, hombre y mujer acaban separados y enfrentados, y lo que debería ser la parte que nos complementa, lo que debería ser un abrazo a la dualidad, se convierte en una guerra que lleva miles de años sucediendo, embarcándonos en una estúpida historia de cientos de generaciones que viven sin ningún sentido ni objetivo aparente. Generaciones que viven para construir el ilusorio mundo de fuera que, pese a que nos duela reconocerlo no nos hace felices sino que perpetúa nuestro miedo. Nos aferra a construcciones externas que, en algún momento, desaparecerán, y ahí llegan nuestros temores.

Creemos que existe una complementariedad del yin, lo femenino, la oscuridad, la absorción, con esa otra parte yang, lo masculino, lo luminoso, la penetración, y pensamos que la mujer debe ser puramente femenina y emocional, y el hombre puramente masculino y racional, con lo que establecemos todas esas teorías de la hembra como sierva del hombre, y el hombre como macho-alpha capaz de fecundar a muchas de esas hembras, algo que a muchos les ha dado por utilizar para hacer que el hombre siga imperando por encima de la mujer, utilizándola como si fuera un objeto, cuando por Naturaleza es, si podemos argumentarlo de alguna forma similar, lo contrario.

El mundo del Yin, del subconsciente, del mundo interior representado por la mujer es un mundo rechazado de forma taxativa por nuestra educación emocional. Se nos insta a huir del mal, del dolor, del odio, de la guerra, y todos esos rechazos nos llevan a seguir creando mal, creando dolor, creando odio y creando guerra, porque cualquier rechazo de cualquier aspecto de la Vida conlleva la atracción de ese dolor.

Una de las máximas de mi filosofía es sencilla: atraemos lo que rechazamos, atraemos lo que Reprimimos. La energía mental subconsciente que generamos cuando tenemos miedo de algo, conecta con la frecuencia de vibración de esa energía que tanto tememos y, por tanto, conseguimos que se manifieste en nuestras vidas.

Sin embargo, esta vida está hecha por y para personas, y en un mundo de personas es necesario saber convivir con ellas, aceptar sus caminos, fluir con todo eso que sucede. Un Todo que es la mezcla de los intentos de escribir caminos hacia la felicidad, por cada una de las ocho mil millones de frecuencias humanas que pueblan este planeta llamado Tierra.

Eso significa que la mejor forma de dejar de rechazar esa parte que nos duele es aceptar nuestras oscuridades, las raíces de nuestro árbol, aceptar la femineidad de la mujer y la masculinidad del hombre, sin rechazar una ni otra.

Las mujeres deben aceptar la masculinidad, y ser más masculinas.
Los hombres deben aceptar la femineidad, y ser más femeninos.

No se trata, insisto, de rechazar una parte porque la otra sea mucho más poderosa y vital, sino de equilibrar ambas fuerzas, yin y yang, femenina y masculina. Ambas son las que crean la Vida, ambas son la mezcla que da poder a nuestra existencia, ambas son necesarias para crear nuestro mundo ya que sin hombres no habría personas, y sin mujeres no habría personas. La aceptación de esa otra media naranja que está en nosotros, creada en nuestro interior, es el camino que debemos recorrer, cada uno de nosotros, para conseguir ser naranjas enteras como siempre fuimos.

Ser una media naranja en busca de su otra mitad habla de carencias, de una no aceptación de la dualidad, de un rechazo hacia esa parte que todos somos. Porque todos somos masculinos y femeninos, y el equilibrio del yin y el yang en nuestro Ser, el equilibrio de esas dos mitades habla de la aceptación de todo lo que sucede, de la fluctuación de la Energía de la que estamos hechos, de la aceptación de los movimientos de la existencia, fluyendo con el Todo tal y como existe.

Si de verdad quieres ser Feliz, si quieres vivir el Amor en la más pura extensión de la palabra, si quieres que los hechos de la vida no te causen dolor… aprende a aceptar esa parte de la Vida que rechazas. Aprende a tolerar todo eso de lo que huyes, que no es más que la parte que complementa a esa otra que predomina en ti; si aceptas todo lo que llega, estarás diciendo  a la parte que tanto rechazaste, y dejarás de estar dominado por esa parte que consideras ineludible e imperativa.

Te convertirás en la naranja completa, capaz de atraer a otras naranjas también completas, a personas completas y, por tanto, mucho más felices.

Acepta lo que sucede, y serás Feliz.

Tu comentario, aquí. Consultas, sólo en Encuentros.