¿Por qué lo pasas mal los domingos?

Algo que muchas personas hemos sufrido alguna vez (o quizás unas cuantas) es el bajón típico de los domingos.

Esa sensación de soledad, de verlo todo negro, de tener que enfrentarse a una semana más oscura que la anterior, pese a que la anterior noche, por lo general habiendo descansado, habiendo tenido el día libre, habiendo salido de fiesta, todo eran risas, buen rollo, amigos que salían de debajo de las piedras y promesas para siempre.

Es un momento en el que la polaridad, tal y como se habla en ¿Sabes por qué te han dejado? está haciendo su trabajo. Es la otra cara de una situación que debes superar, que se manifiesta en su totalidad como fruto de la exposición de las debilidades. Es decir, cuando sufres un duelo y te dedicas a parchear todo eso negativo que sientes y te empeñas en sacar clavos con otros clavos y llenarte los oídos de ruido, sufres al día o a los días siguientes una recaída aún más fuerte que la que te había hecho salir de fiesta o buscar una pareja en cualquier rincón.

Es el efecto de la Resonancia que, por supuesto y hasta que comprendes sus movimientos, te hace Disonar.

Es la misma sensación que tienes al acostarte con una persona sin sentir absolutamente nada, en relaciones donde buscabas algo de afecto, cariño travestido en sexo, recordar viejas glorias, momentos de encuentro con tu anterior pareja…

… y, por supuesto, después del rato efímero y sin mucha transcendencia, te sobreviene ese vacío típico que te invita a salir huyendo a velocidad luz de la escena, en lugar de quedarte allí haciendo arrumacos a una persona que, pasado el embrujo, no va contigo en absoluto.

Los domingos, por tanto, ese día tan fatídico, gris y solitario, donde todo se apaga, el ritmo decrece, la sociedad se para y el dolor aumenta, no es más que una prueba de tu carácter, una exposición de tus sentimientos, una Resonancia que pone las cartas sobre la mesa; la Vida te reta para comprobar cuán fuerte eres y cómo vas a soportar sus golpes.

Un bajón, ese resbalón en tu salida del pozo que te lleva dos o tres escalones más abajo, no es más que una manifestación de tus creencias, aún debilitadas, que necesitan seguir siendo apuntaladas, reforzadas, potenciadas por tu discurso interno. ¿Cómo conseguirlo? Escalando, sin parar.

Salvarás inmediatamente el escollo del domingo, el bajón tras el encuentro sexual premeditado, sin Amor, el desencuentro con una amistad que se manifiesta como no afín a tu camino. Y toda esa superación, todo ese trabajo de estar por encima de tu dolor, será cada vez más fácil porque ya sabes de qué forma están colocados los peldaños de tu pozo, de tu Ser interior, y habrás aprendido a subirlos.

Trascender, en una palabra.

El obstáculo es la palanca

Los domingos son la dura prueba, pero nada más que un bache en el camino que debes aprender a sortear, a saltar sin detenerte, a seguir con el paso firme para desarrollar tu mejor versión. Los obstáculos como un bajón se convierten en tu palanca, la palanca con la que te impulsas, la palanca con la que te conviertes en un Ser creador.

Porque de eso va esta historia, de trabajar en la energía creativa que rompe con los Vacíos, de experimentar el dolor para romper el cascarón que te abre a una nueva vida.

Un domingo, por tanto, no es más que un día de la semana en el que experimentas el fuerte contraste con la alegría (que no felicidad) del día anterior y eso, sin lugar a dudas, permite un encuentro contigo, con tu interior.

Eso te hará saber hasta qué punto puedes llegar a ser Feliz sin que nadie te saque las castañas del fuego.

Una prueba, sí. Un día de reflexión. Una palanca para convertirte en creador. Algo que al día siguiente habrá dejado de ser doloroso, y te ayudará a subir un escalón más en tu autoconocimiento.

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