Padre MÍO que ESTOY en los cielos

“Estoy convencido de que en un principio
Dios hizo un mundo distinto para cada hombre,
y que es en ese mundo,
que está dentro de nosotros mismos,
donde deberíamos intentar vivir.”
Oscar Wilde

 

No sigo ninguna religión. Creo, únicamente, en el poder del Ser, el que reside en nuestro interior; sin embargo, no podemos pasar por alto ciertos avatares espirituales que dejaron huella en este mundo, que pusieron Luz en nuestro camino.

En este sentido, Jesús de Nazaret nos dejó un manual de instrucciones lleno de magia con el que maravillarnos por nuestra capacidad creadora…

… y que otros se encargaron de eliminar.

El famoso Padre Nuestro de Jesús de Nazaret, esa oración con la que Jesús nos invitaba a conectar con Dios, fue transformado para eliminar su magia, para restarle su condición divina, para extirparle su sentido creador y transcendental.

Y fue fácil conseguirlo: tan sólo hizo falta el cambiar el Yo por el Nosotros.

La Iglesia católica, en ese afán gubernamental de imponer una sociedad dominada por el hombre, una sociedad analítica y racional capaz de mantener en pie el capitalismo que sufrimos, cambió la palabra de Jesús en su primera forma del singular, el Yo, por la primera persona del plural: nosotros.

Así, todas las referencias del Padre Nuestro al Yo, al Centro, al Alma, a la Consciencia, a la Unidad, al Todo, todas esas referencias que hay en las oraciones y que hablan de nuestra individualidad fueron, sencillamente, eliminadas.

Transformadas.

Convirtieron el sentimiento de Unidad en un sentimiento de colectividad, propio de un rebaño temeroso de los designios a los que es sometido.

En pocas palabras, pusieron nuestro poder creador en manos ajenas, en terceros, en divinidades imposibles.

Así es el Padre Nuestro según el Evangelio de Mateo, 6:9-13:

Padre NUESTRO, que ESTÁS en los cielos,
santificado sea TU nombre;
venga a NOSOTROS TU reino;
hágase TU voluntad, así en la tierra como en el cielo;
el pan NUESTRO de cada día, DÁNOSLE hoy;
perdónanos NUESTRAS ofensas,
así como perdonamos a los que nos ofenden;
no NOS dejes caer en la tentación,
y LÍBRANOS del mal,
Amén

¿Qué tal si recuperamos el poder mágico y transcendental de esta oración, devolviéndole su sentido de Unidad? ¿Qué tal si volvemos a poner en nuestras manos el verdadero Centro creador, activando el Ser divino que existe en nuestro interior?

Cambiemos entonces el nosotros por el yo.
El fuera por el dentro.
Cambiemos el Padre por el Centro:

 

“Padre MÍO, que ESTOY en los cielos”

Esta primera frase hace alusión a la Nada y al Todo. El Padre, el Dios, vive en el Centro de cada Ser viviente, de cada ser humano, en el Vacío del que todos partimos, en el polvo del cual venimos y al cual volvemos.

Decir Padre Mío, mi Campo Cuántico, mi Centro, hace alusión a ese origen que es la Nada. Por su parte, “estoy en los cielos” habla de la omnipresencia del Ser en el cielo, de que Todo lo que existe, Es. Es decir, que la Nada de la cual partimos nos convierte en el Todo del que formamos parte.

Padre MÍO que ESTOY en los cielos es una afirmación que reconoce nuestra humanidad y nuestra espiritualidad, nuestras raíces y nuestras ramas, nuestro origen y nuestro final.

Nuestro alfa y nuestro omega.

Asimismo, estar en los cielos significa reconocer que existimos en un plano de potencialidad cuántica, es decir, un campo de energía donde todas las cosas en acto están en potencia. Vivimos en un plano donde todo puede existir, donde todo puede ocurrir.

Nuestro Centro, nuestra Nada es el origen de lo externo, del Todo que nos rodea. Lo que cultivemos en nuestro Centro será el germen de nuestro futuro. Lo que cultivemos en nuestro pensamiento es la Vida que obtendremos, las posibilidades que conseguiremos materializar en nuestra existencia terrenal.

 

“Santificado sea MI nombre”

Una de las vibraciones más importantes para un ser humano es la de su nombre. La vibración del aire que emite el sonido de una voz humana modulada para conformar un nombre, es una vibración que nos mueve por dentro.

Vibramos con esa longitud de onda cuando alguien pronuncia nuestro nombre; nuestros sentidos despiertan, nuestro neocortex se ilumina y nuestra atención consciente se enfoca en quien pronuncia el nombre.

Atendemos a nuestro nombre porque nuestro nombre nos hace vibrar.

Por eso, cuando santificamos nuestro nombre, estamos dotando de importancia y relevancia al Ser que somos. Dotamos de divinidad al envoltorio que contiene nuestra consciencia y nos da Vida. Al santificar y convertir en deidad esa vibración, la vibración de Marta, Joaquín, Luis o Esmeralda pasa a ser divina. Mágica.

Cuando santificamos la vibración de nuestro nombre conectamos con el Centro del cual partimos.

Dignificamos nuestro cuerpo, el templo donde reside nuestra alma.


“Tengo en MI el Reino”

En el libro La última prisiΩn hice alusión a cómo La reina de Absolutamente Todo, que es la Fuerza del Amor, es la única Energía que debe imperar en nuestras vidas, regir nuestra existencia y dirigirnos hacia nuestra Expresión.

Reconocer que el Reino del Amor, que es el que llevamos en nuestro interior, no viene de ningún sitio sino que brota de nuestro Ser conlleva a Expresar, a poner de manifiesto, lo que somos.

Hacer que el Reino de los cielos, de la omnipotencia (poderlo todo), la omnipresencia (estar en todo) y la omniscencia (conocerlo todo), afirmar que esas cualidades forman parte de nuestro Ser, está al alcance con esta afirmación: tengo en mí el Reino es hacer nuestro eso que ya conocemos, que existe, que nos envuelve y nos da vida, pero de lo cual nos hemos separado por considerarlo ajeno a nuestra voluntad.


“Hágase mi voluntad, así en la tierra como en el cielo”

Y lo cierto es que esa voluntad, esa creencia vive en todos y no en un Dios lejano, olvidado, desconocido. Esa voluntad habla de que es necesario manifestar nuestras intenciones, cumplir nuestros propósitos, materializar nuestras necesidades, deseos, anhelos. Dibujar nuestro camino.

Crear la voluntad de ser lo que deseamos.


“El pan mío de cada día, hoy me lo doy”

No es casualidad que hayamos terminado frivolizando con la frase “el pan nuestro de cada día”. Escuchamos muy habitualmente frases del tipo: “el trabajo, los problemas con tu padre y con tu hermano… es el pan nuestro de cada día”. Y, efectivamente, ése es el pan nuestro de cada día, el que comemos a diario: las situaciones que hemos creado para nuestras vidas, el hábito con el que luchamos a diario, el disco que no deja de sonar una y otra vez en nuestra memoria celular es el pan de cada día.

El pan nuestro es, sencillamente, la energía que movemos a diario a través de nuestra energía mental.

Esta afirmación no pide a nadie, sólo a nosotros mismos, el ser responsables de lo que sucede. No culpamos a otras personas, sino que reconocemos nuestra responsabilidad sin caer en el infierno de la culpa.

Reconocemos nuestra responsabilidad en la Vida, y dejamos de culparnos por seguir sin perdonar el error que cometimos, nuestra ignorancia y falta de adaptación al Fluir a través de la Vida. Reconocemos nuestro poder creador, sin dependencias emocionales.

Sabemos que lo somos Todo, sin que nadie nos complete.

Darnos hoy el pan de cada día es reconocer que somos los creadores del presente que vivimos, de cómo nos concentramos para crear la realidad que existe en nuestro día a día y vibrar en aquello en lo que nos concentramos… sea bueno o malo para nosotros.


“Perdono MIS ofensas”

Esta frase pone de manifiesto cómo al aceptar que nuestras ofensas hacia los demás estamos, en realidad, ofendiendo a lo que nosotros somos. La crítica define al crítico, no al criticado.

Perdonar nuestras ofensas significa que reconocemos que todo ese ataque hacia otras personas no es más que el ataque hacia uno mismo por inconsciencia, por pensar que siendo de una u otra forma, tal y como nos educaron, no merecíamos Amor.

Nuestras Represiones consiguieron que no nos Amáramos, nuestro enemigo interior siguió haciendo resonar esas frases que nos inocularon en la infancia, esas frases donde aparecíamos como personas sin valor, sin futuro, menospreciadas.

Perdonar las ofensas que ejerzo contra mí, es reconocer mi inconsciencia, la falta de conocimiento de mí mismo y, así, poder dejar de ofender a otras personas que consideraba ajenas a mí, diferentes a mí, cuando “todos somos iguales a los ojos de Dios pero no lo consideramos por dicha inconsciencia.


“Así como perdono a los que ofenden”

La misma inconsciencia que pesa sobre nosotros cuando juzgamos lo que somos y lo proyectamos contra otros. Es ésa la inconsciencia a la cual debemos trascender. Debemos reconocer que esas personas llenas de ira no son más que personas con miedo, frágiles, inconscientes, que no tienen otra forma de defenderse, de no sentirse ajenos a la realidad.

Que sólo saben sentirse a salvo atacando a los que consideraban diferentes a ellos.

Esas personas que te hicieron daño, no son más que personas inconscientes y, aunque no lo creas, con mucho más miedo que tú. Y el trabajo es el perdón a nosotros primero y a ellos después.


“No voy a caer en la tentación”

Es una llamada al presente, a la atención consciente. Una llamada que elude el hábito, que renueva el concepto del Ser y que construye una mirada hacia la Vida. No caer en la tentación es no caer en ese patrón adquirido y tan trabajado, ese disco rayado, esa relación tóxica, ese dolor enquistado. No caer en la tentación es concentrar a nuestra mente en el presente, y olvidar la tentación que nos saca de nuestro Centro y nos hace sufrir.


“Y me libro del mal”

Esta última frase es el regalo del Padre Nuestro. Si lo analizamos conscientemente, veremos que pone en nuestro Centro la capacidad para eliminar el dolor, para dejar en manos del Omniverso, en la Energía en expansión en la que existimos, el resultado de nuestras vidas.

Como dice el famoso dicho árabe Maktub: estaba escrito”.

Aprender a fluir y dejar que el Omniverso se encargue de traer lo que necesitamos, confiar en una Energía cuyo movimiento está siempre dirigido hacia la evolución, entender y comprender que todas y cada una de las causas que generamos y sufrimos se deben a causas mayores y más trascendentales, poner en manos de la Vida nuestro destino es, en definitiva, librarse del mal.

Librarse de la negatividad.

Fluir y reconocer el poder del Omniverso, el poder del camino que transitamos, sin miedos, es librarnos eficientemente del mal que sufrimos. Dejar que nuestro Centro se Exprese y se libere, y “que sea lo que Dios quiera” es la clave de la creación, la aceptación de nuestra existencia, el  a nuestra misión en la Vida.

Finalmente, con un Amén se cierra este conjunto de afirmaciones positivas, de afirmaciones que miran hacia nuestro interior, que potencian nuestro Ser divino, al Dios que hay en nuestro interior… y no hacia ese Dios desconocido y al cual tanto hemos temido.

Como dice el saludo hindú, Namasté, ¡el Dios está en nuestro interior!

Creo que debemos sentir el poder de la religión, practicarla como queramos e incluso tener fe en nuestras propias oraciones. Pero esta nueva forma de ver la Vida, de creer en nuestro propio Centro, tiene muy poco que ver con el trabajo de una iglesia que parametriza y convierte en cosas de empresa las cosas del espíritu.

Pronuncia, siempre hacia tu interior, hacia tu Centro, todas tus oraciones. Sé el protagonista de cada afirmación, sé el origen y final de todo cuanto sucede en tu pensamiento creativo.

Descubrirás que el verdadero Dios, el que Jesús nos quiso transmitir, no existe en ningún otro sitio sino dentro de ti.

2 pensamientos en “Padre MÍO que ESTOY en los cielos”

Tu comentario, aquí. Consultas, sólo en Encuentros.