Nunca perderás lo que tú eres

“La esperanza ha contribuido
a perder al género humano”.

Henrik Johan Ibsen

 

La semana pasada, durante el turno de preguntas y respuestas tras una conferencia, una persona me comentaba que ahora se enfrentaba a un episodio muy duro en su vida ya que debía abandonar una relación afectiva con dos personas con las que había vivido durante muchos años. Temía iniciar su nueva vida sin ellas, sin eso que había perdido, sin los momentos vividos con esa gente y que ya jamás volverían

Sin embargo, la solución no estaba en hacer una reconexión con lo perdido, o sustituirlo de alguna forma porque, básicamente, jamás perdemos algo que esté ahí fuera.

En realidad, lo que parece que perdemos está dentro.
Y eso no se puede perder.

Desde que comienza nuestra Vida en la Tierra, a bordo de un cuerpo humano, nos encontramos con el conflicto del yo. Del ego. Del ser separado de todo lo demás.

Nacemos, el Amor de la Madre nos insufla la Vida, y nuestro cerebro comienza a crear asociaciones mentales, patrones, ejercicios de une los puntos que convierten nuestra realidad es una especie de máquina del millón donde la Vida hace rebotar a una bola. Y sí, la bola somos nosotros.

Creemos que las cosas están separadas de nosotros, creemos que los edificios, las personas, las ciudades, los objetos están separados de nuestro autoconcepto, de lo que sentimos que somos pero, en realidad, la física cuántica demuestra que no es así. En realidad todo está conectado por un mismo punto o, mejor dicho, surge por vibración de un mismo punto que es el Vacío, así que todas esas cosas que parecen moverse ahí fuera no son más que vibraciones del Punto Cero.

De la Nada.

Ese mundo vibrante que casi todos llamamos Vida, que algunos llaman Matrix y que otros han bautizado como el holograma cuántico, es un espectro electromagnético que muestra una realidad que vibra de acuerdo a como lo hace nuestro ADN.

Sin embargo, nuestro ADN es humano, estamos densificados en cuerpos físicos, que fluctúan lentamente, así que nuestros sentidos animales están muy limitados: nuestros ojos no son capaces de ver las energías que nos rodean, no somos capaces de ver los rayos infrarrojos de nuestros mandos a distancia, ni tampoco las señales de Wifi de nuestros router. Ni siquiera vemos el oxígeno que respiramos, o el dióxido de carbono que expulsan los vehículos.

Vemos lo que nuestros sentidos nos dicen que debemos ver: un mundo separado de nuestros cuerpos y mentes.

La cosa se complica cuando hablamos de “mi cuerpo” o de “mi mente”, porque si todo está conectado, si la energía de un edificio o de un coche está conectada a la energía de nuestro cuerpo  —porque todos sus átomos conectados entre sí—, significa que nuestro cuerpo o nuestra mente están conectados al mundo que vemos… lo que significa que no poseemos nuestro cuerpo de la misma forma que no poseemos un avión.

La ilusión de la separación es la misma que crea la ilusión del Yo. Creemos que nuestro cuerpo nos pertenece, que es nuestro de alguna forma porque lo podemos controlar gracias a una serie de conexiones nerviosas, pero tanto la mente como el cuerpo no nos pertenecen. Al menos no mucho más que el coche que acaba de pasar por delante de nuestros ojos.

Si realmente nos perteneciera, jamás lo perderíamos. Y es evidente que podemos perder el cuerpo o la mente, o ambos, en cualquier momento. Por tanto, el Yo es una ilusión creada con nuestra mente, es el resultado pensante de la conexión de todas las partes que componen nuestro cuerpo y nuestra mente, codificadas en patrones mentales.

Y esos patrones arrojan un autoconcepto que denominamos el Yo o la personalidad.

El Yo, como pura combinación de patrones que unen cuerpo y mente no existe separado de todo lo demás. Entenderemos mejor esto si vemos un rebaño de ovejas donde se ha colado una vaca. El rebaño no es una vaca aunque contenga una vaca, así que el conjunto de nuestro cuerpo y nuestra mente no es el Yo, aunque lo contenga, o aunque sintamos que nuestro cuerpo y nuestra mente generen a ese Yo pensante.

En definitiva, no somos lo que creemos ser. Somos, únicamente,  la construcción mental de un cuerpo y de una mente que no están separados de todo lo que nos rodea. Pero, y aquí llega lo importante, la forma en la que nuestra mente genera un argumento para unir esas partes, la forma en que nuestros patrones mentales se unen, se asocian y colaboran para formar una imagen del mundo, para hacernos sentir que tenemos cuerpo, brazos, manos y piernas, crea dentro de nosotros un discurso, una voz interior, al que se ha llamado ego.

El ego no es más que la suma de nuestros patrones mentales, de nuestras vivencias, y ese ego, algo de lo que hablaré más adelante, cree poder decidir sobre la Vida que le rodea y del cual cree estar separado pero, en realidad, no decide nada. Simplemente, experimenta y observa la Energía. Creemos estar separados de las personas, de las situaciones y de las cosas que nos rodean, nuestros sentidos nos mantienen separados de todo, si recapacitamos incluso de nuestro cuerpo pero, aunque creamos que vivimos separados de los demás, todas esas energías que están cerca de nosotros son energías que resuenan con nuestro Ser por nuestra frecuencia de vibración. Estamos conectando con todo lo que aceptamos y rechazamos del mundo, así que esas personas, esas situaciones, esas cosas, esas relaciones que hemos tenido no son algo externo.

Forman parte de lo que sentimos, esto es, de lo que somos.

No somos lo que creemos ser

La Vida que hemos vivido forma parte de nosotros, está en nosotros y se ha desarrollado gracias a nuestra existencia, no a una fuerza ajena y distante.

Todo lo que ha llegado hasta ti, en este momento preciso del espacio y del tiempo, cada cosa que tienes en tu vida, en tu memoria, es algo que forma parte de ti a pesar de que los sentidos te digan que está separado o que no tiene nada que ver con tu forma de ser.

Cuando vivimos una relación de pareja vibramos en una frecuencia concreta con la que hacemos vibrar el Punto Cero de la existencia, y esa vibración nos hace resonar con energías vibrando en la misma frecuencia.

Atraemos a esas personas con las que tenemos algo que sanar.

Esto es, conectamos -en realidad no conectamos, sino que resonamos- con personas y hechos que consideramos aislados, sólo porque nuestra mente consideró que eso estaba fuera pero, en realidad, siempre estuvo dentro. Debíamos aceptar cosas que jamás aceptamos, y por eso llegó todo eso a nuestra vida.

Todas nuestras experiencias se han creado en un Punto Cero, que es el Vacío, el Centro del cual todos partimos, la Fuente de la cual bebemos, el comienzo que da origen a todo. Y sí, también en ese Punto Cero que hacemos vibrar con nuestra mente se han creado nuestras relaciones sentimentales 🙂

Así pues, cada vivencia no está físicamente separada de nuestro Ser, aunque nos parezca diferente a nuestro Yo. Todas las ilusiones de separación, de diferencia, de marginalidad, de desconexión no son más que patrones mentales hablando sobre la separación que hemos experimentado y  procesado, pero no son hechos separados sino hechos que han ocurrido dentro de nuestro ser.

Por tanto, cuando se rompe una relación afectiva o sentimental, sufrimos porque creemos que esas personas, esas situaciones y esas cosas ya no van a volver, y es posible que no lo hagan porque trasmuten, se transformen y se conviertan en otras cosas por vivir. Siguen ahí.

Lo que evidentemente no continúa es el patrón mental con el que nos identificábamos.

Si sufrimos una ruptura y decidimos dejar de sufrir, comenzando un Contacto Cero con la fuente del dolor, con la fuente que nos hace recordar lo que ocurrió en el pasado y temer por si no vuelve a ocurrir en el futuro, si nos desvinculamos con aquello con lo que nos identificábamos podremos disociarnos de una realidad que ya no existe en el presente, que ya no conecta con nuestras frecuencias actuales, y que debemos trascender y disolver a través de las lágrimas.

Por ello, si reflexionamos sobre ello nos daremos cuenta de que no nos debemos desprender de personas, situaciones y cosas, sino de recuerdos, de patrones mentales, de asociaciones y asambleas neuronales que nos convertían en uno u otro tipo de persona.

En nuestro día a día nos identificamos con todo: nuestros seres queridos, nuestras posesiones materiales, las situaciones habituales… Creemos ser aquello sentimos cuando estamos junto a esas energías, pero eso que sentimos son creaciones mentales, patrones creados en nuestro cerebro por la resonancia con otras energías.

Por eso, cuando las personas, las situaciones y las cosas desaparecen, sólo quedan recuerdos en nuestra mente que generan futuros imposibles de volver a crear. Programas que nos hacen sentirnos cariñosos, envidiosos, agradables, iracundos, inteligentes, torpes… miles de identificaciones. Imágenes mentales.

No somos, por tanto, un Yo. Somos la suma de nuestras vivencias, un conglomerado que cambia dependiendo de nuestra identificación con el objeto con el que resonamos. Por eso, no perdemos a una persona cuando se rompe una relación, sino que se rompe el autoconcepto que habíamos creado en nosotros mismos.

No perdemos el objeto que nos hace Felices, sino el esquema mental con el que nos comportamos al tener ese objeto.

Eres libre de seguir con tus creencias, pero no serás libre de ellas

El desarraigo supone romper con una identificación mental, con un Yo inexistente creado a través de conceptos mentales. No perdemos, por tanto, nada que no seamos nosotros. No perdemos nada que sintamos, tan sólo perdemos a las energías con las que creábamos ese perfil, ese comportamiento o esa actitud que nos hace felices o infelices.

Dejamos de ser algo cuando la gente se marcha, pero ese algo no es relativo a ellos, sino a nosotros. Y, básicamente, podemos sentirlo cuando nos apetezca, porque es una creación propia, independiente de la fuente. Deberíamos aprender a dejar que las cosas se marchen y estar seguros de que nuevas energías conectarán con las nuestras para seguir elevando nuestra energía. Como decía Gilbert Keith Chesterton, el único modo de estar seguro de coger un tren es perder el anterior.

La ruptura sirve para trascender el plano físico, para conseguir la Felicidad aprendiendo a que las cosas fluctúan, vienen y se van. Las rupturas con lo que nos rodea sirven para encontrar nuestro Yo, nuestra Felicidad. Tan sólo debemos aceptar que vivimos en un mundo impermanente, y encontraremos nuestra estabilidad emocional dejando fluir todo lo demás.

Quizás sea suficiente saber que, cuánticamente, jamás perderemos nada, porque todo eso que sentimos no está ahí fuera sino que, en realidad, lo llevamos dentro.

Un pensamiento en “Nunca perderás lo que tú eres”

  1. Otro buenísimo artículo. Gracias mil.
    Recojo esto: “no perdemos a una persona cuando se rompe una relación, sino que se rompe el autoconcepto que habíamos creado en nosotros mismos. No perdemos el objeto que nos hace felices, sino el esquema mental con el que nos comportamos al tener ese objeto.”
    Es fundamental tenerlo presente para dejar de sufrir y es cierto, no se pierde nada, al contrario, se gana. Me enamoré de una persona con la que saqué cosas de mí olvidadas o escondidas, salió a la luz una versión de mí misma mejor y que me gustaba más. Esa otra persona se fue pero me dejó ese gran aprendizaje. Lo que estaba dentro de mí sigue estándolo y además ahora soy consciente de ello. No hay pérdida.

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