No evites el dolor

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“Quien sabe de dolor, todo lo sabe.”
Dante Alighieri

 

Recientemente, en un taller de Meditación Punto Cero®  que ofrecí en Madrid, realizábamos un coach colectivo de preguntas y respuestas cuando una persona me comentó que era capaz de evitar el dolor, que había aprendido a hacerlo, que cuando sentía ganas de llorar le bastaba con Reprimirlo y olvidarse por completo de su problema.

Se había convertido en una persona experta en evitar su dolor… pero eso no es una virtud en absoluto, ya que lo que en realidad está evitando no es dolor… sino a ella misma. Lo que esta persona está evitando es la soledad, así que prefiere que la mente siga creando imágenes de todo tipo para mantenerse entretenida en ellas y, de esta forma, no abocarse a ese espacio oscuro, a ese pozo de dolor del que teme no salir jamás.

¿Qué hace una persona que teme a su Centro, a su Nada, a su Vacío, a su Punto Cero? Crear imágenes mentales a través de los estímulos sensoriales. Es decir, busca vivir todas las experiencias posibles que estimulen sus sentidos y le permita a su cerebro, concretamente al hemisferio cerebral izquierdo, crear imágenes, etiquetas, las etiquetas de las que hablé en El derrame de la lluminación, artículo y vídeo que te recomiendo visitar.

Te abrirán un poco más los ojos.

Como te decía, esas etiquetas mentales, esos objetos formados por el hemisferio cerebral izquierdo, son los que persigue una persona que quiere eso, formas, del tipo que sean, lo que sea con tal de no caer en la negrura de su soledad.

Esto significa que cuanto más miedo tenga una persona a estar consigo misma, más insustancial será la forma a la que se agarre. Le valdrá cualquier trozo de madera para sobrevivir a su naufragio emocional, lo que sea con tal de seguir el mar de las oportunidades; por eso, cuanto menos se quiera una persona peor será el trabajo que acepte, peores serán las relaciones afectivas que tenga y aún peor será el Amor propio de las personas a las que se ate por pura dependencia.

Una persona con miedo a sí misma, que se rechaza a sí misma, aceptará lo que sea. Cualquier forma exterior que tenga un ápice de belleza superior a su interior, le valdrá como colchón emocional.

Esto explica por qué las personas que no se quieren conectan con  personas que responden al valor que sienten por sí mismas. Conectan el hambre con las ganas de comer, y tras esa conexión tan tóxica surgen relaciones afectivas, laborales o sentimentales quebradizas, caracterizadas por el apego a esa persona, situación o cosa que les ofrece un mínimo de Amor que les es imposible sentir.

Amor, Luz que, por débil que sea, sirva de trozo de madera  que les impida hundirse en su oscuridad, en su Vacío.

Esta es la dinámica que hace que todos nos hayamos atascado en relaciones infructuosas, en relaciones que, cuando el tiempo pasa y somos un poco más conscientes, pensamos: “pero cómo pude estar con alguien así”. La respuesta, sin embargo, no es muy agradable, ya que la culpa no sólo es de la persona que nos hizo daño sino de cada uno de nosotros al depender de esa persona u objeto: cuando buscamos el entretenimiento, la compañía, la experiencia o el artificio, impedimos que se cree ese acto de reflexión, ese acto de introspección, de Mirada Interior, ese acto que habla de que el lóbulo prefrontal está creando nuevas conexiones neuronales y nos está conectando al mundo para no sentirnos solos.

Cuando queremos tapar el dolor que sentimos, nos da por mirar fuera… pero, ¿qué hay fuera sino todo eso que conecta con la forma en que vibramos y, por tanto, con nuestro dolor? ¿Cómo vamos a Amarnos si lo que llega a nuestra vida nos produce más dolor?

Aquí es donde se encuentra la clave del Amor: Amarse a uno mismo conlleva Amar a todo lo demás, y eso implica conocerse para ser autosuficiente, sin depender de otras personas.

En definitiva, el acto de conectar con nuestro interior nos conectará a la Vida, y nos hará despertar a la única realidad: que somos la Fuente que proyecta, de la que surge, todo lo demás.

Que cada uno de nosotros es el protagonista de la Vida, el único protagonista. Cada uno de nosotros es el único Creador de la Vida.

Por eso, al ser cada uno el Creador, no deberíamos buscar ahí fuera para encontrar Amor, no deberíamos refugiarnos en experiencias sensoriales que eviten nuestro dolor. Deberíamos afrontar el dolor, asumir el Vacíoaceptar la pérdida. Porque todo en la Vida es aceptar pérdidas.

Y, tras aceptar la pérdida, abandonar una relación tóxica, un trabajo humillante o un entorno hostil encontramos la propia soledad y, entonces, comenzamos a ser felices.

¿Qué pasa, por tanto, si no te enfrentas al dolor, a la pérdida, al Vacío? La buena noticia es que gastarás menos energía, ya que tu cerebro utilizará patrones mentales de dependencia, patrones mentales bien constituidos que se han convertido en hábitos automáticos. Sí, gastarás menos energía, estarás sumergido en tu zona de confort, apenas tendrás sobresaltos y funcionarás casi sin darte cuenta, como cuando conduces y, tras recorrer varios kilómetros, te das cuenta de que ibas pensando en tus cosas sin prestar atención al coche, pero… ¿es ese el camino que quieres seguir a partir de ahora, un camino automático?

¿Quieres vivir de forma aséptica, sin emociones, convertido en piedra? ¿No te das cuenta de que si vives así, en tu zona de confort, huyendo de tus miedos, no habrás sabido encajar el mensaje que la Vida te ha dado a través de esa persona o situación que te hizo daño?

¿No te das cuenta de que el mensaje, como siempre, sólo buscaba que encontraras tu Centro?

Es posible que esos patrones mentales que hacen referencia a hábitos no gasten apenas energía, y aún es más probable que enfrentarte e iluminar ese mundo desconocido que habita en tu interior requiera demasiada Luz… pero aceptar lo que eres, aceptar tus rechazos, aceptar tus oscuridades significa aceptar la polaridad y, por tanto, aceptar el objeto de rechazo. Significa aceptar todo eso que no te gusta de la Vida… y ya sabes lo que ocurre cuando dejas de  rechazar eso que no te gusta: que lo que rechazas ya no puede ser fuente de dolor porque siempre, a pesar del daño, estarás tú, y lo que tanto dolía deja de existir, o lo hace de una forma totalmente diferente.

Por ello, si de verdad quieres ser feliz no evites el dolor. En realidad es la última puerta que tienes que abrir para encontrarte con lo que eres, ese espacio de Amor y paz que tanto has buscado siempre fuera.

Mucha Resonancia 🙏

2 pensamientos en “No evites el dolor”

  1. Eso es totalmente cierto. Y no sólo tapamos el dolor para no sufrirlo, a veces hasta nos avergonzamos de sentirlo porque creemos que la causa no lo merece. Por ejemplo, una se enamora de la persona equivocada (“se veía venir” que nunca iba a corresponderte o valorarte), para no sentirte una total estúpida ni siquiera reconoces los profundos sentimientos que has tenido hacia esa persona. Tu mente te engaña: total, sólo era un rollo, no fue para tanto, mejor que haya acabado.
    Tu corazón está roto pero lo has tapado con capas para que nadie se dé cuenta y para no sentirte tan imbécil. Hasta que empiezas a sentirte realmente mal (ni sabes por qué) y entonces decides quitar todas esas capas y tu voz interior te dice que tienes el corazón roto y tienes que llorar, que te enamoraste de verdad, que no importa lo que piense él ni el resto del mundo, tú lo querías y sufres su pérdida. Y, bueno, tal vez eres una estúpida pero estás siendo leal a ti misma al darte cuenta de todo esto.
    Realmente cuando te conectas con esa voz interior, reconoces el dolor y su causa, lloras, lo vives… termina desapareciendo y te sientes mucho mejor. Y te quieres más, a pesar de ser una estúpida.
    Después habría que analizar por qué nos enamoramos de quien no nos ama. Pero ése es otro tema.

    Muchas gracias por el artículo y la web.

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