Llorar para Expresar sin Reprimir

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“Las lágrimas que no se lloran,
¿esperan en pequeños lagos?
¿O serán ríos invisibles
que corren hacia la tristeza?”
Pablo Neruda

Cuando sufres emocionalmente, sueles endurecerte.

Yo también tuve mi época en la que, tras una dolorosa ruptura, me cerré al Amor. Hice de mi cuerpo una coraza. Me convertí en piedra… y eso condicionó absoluta y radicalmente toda mi existencia durante casi diez años.

Puedes leer mi historia de Amor en Conéctate a la Felicidad.

Desde 2006 hablo del Contacto Cero, de no tener contacto con la fuente del dolor, y es algo que me sigue pareciendo válido… pero no para alejarse y hacer como que el pasado no existe.
En ¿Sabes por qué te han dejado? (te recomiendo el libro porque es la mejor forma de empezar a dar pasos correctos sin palos de ciego) hablo del Contacto Cero, de cómo dividir el día en llorar y en disfrutar.

Sufrir y disfrutar, a partes iguales.

Es decir, llorar en un duelo no se trata de una actividad complementaria. No estoy hablando de algo que hagan sólo las mujeres, o las personas débiles, ni estoy hablando de algo improcedente en el ser humano, ya que es una de sus más importantes funciones.

Es, de hecho, la función más importante del ser humano, ya que le permite evolucionar.

La única forma de eliminar patrones mentales que vibran en frecuencias que no corresponden al presente, patrones que hablan de construcciones mentales que ahora no existen, es llorando.

¿Qué ocurre cuando no lloras? Que el dolor se Reprime. Que vas por la Vida con esa energía vibrando en frecuencias de pensamientos pasados, de patrones mentales inconexos que no hablan del presente, y la Disonancia, la incapacidad para centrarte en el ahora hace que tu imagen se distorsione.

Si no te enfrentas al presente, por miedo a lo que ahora sucede, irás por la vida con la lágrima fácil debido a que tus pensamientos giran constantemente en torno al pasado, demostrando que aún sientes dolor por lo que no has aprendido a aceptar y a liberar.

Haciendo que ese pasado se convierta en la cárcel de su alma.
Impidiéndole evolucionar.

Eso es otra Represión a la que te sometieron cuando éramos pequeños (“deja de llorar que ya tienes una edad”). Por eso, quizás, no lloras, y prefieras “ser fuerte” para salir adelante, algo que no es otra cosa que Reprimir lo que sientes, sepultándolo en el subconsciente y hacer como que aquí no ha pasado nada.

Como poner un parche de goma a una tubería rota a la que se le escapa un goteo. El goteo seguirá existiendo siempre, hasta que uno no arregle las cañerías.

Por eso, la Represión escondida en el subconsciente, los patrones no armonizados, van a seguir manifestando una vibración inconsciente que te hace Resonar con el objeto de tu Represión. Es decir, si en lugar de llorar Reprimes el recuerdo del pasado para hacerte el fuerte, no dudes ni por un instante que tu pasado volverá provocándote un bajón, y te conectará con otra relación en el futuro donde se volverán a repetir las mismas circunstancias, idénticas, una tras otra, haciéndonos pasar por lo mismo.

Como decía Camilo Sesto “ya no puedo más, siempre se repite la misma historia”. O aún con más consistencia, como decía Carl Jung, lo que resistes, persiste.

Si te resistes, estarás Reprimiendo, y esa Represión te conducirá, inevitablemente, a desconocer lo que hay en tu interior, dentro de ti, porque estarás rechazando ser quien realmente eres pero te niegas a ser. La negación de ti sólo te lleva a conectar con aquello que crees que no eres.

Pero eres.

Debes entender y comprender que eso que ocurrió sirvió para aprender a ver lo que  sentíamos que podíamos perder y tanto rechazábamos. La Vida, con sus bofetadas, sólo intentaba despertar a una persona que estaba muriéndose.

La Vida te quiso despertar, hacerte conscientes de que aquello con lo que estuviste y Amaste es tuyo para siempre, porque lo que en realidad sientes en tu interior es la consciencia de que todo es eterno, de que todo es para siempre, que todo cambia y nada muere por mucho que nos lo parezca.

Por mucho que te engañe este disfraz de ser humano.

Seguiremos sintiéndonos así, por toda la eternidad. Independientemente de las personas que existen a nuestro lado, porque es la Vida la que nos dirige para ser felices.

No hay que volver a aprender lo que ya existe en nuestra vida y por lo cual sufrimos. Como decía el proverbio chino, “no podemos evitar que el ave de la tristeza sobrevuele por encima de nuestras cabezas, pero podemos evitar que anide en nuestros cabellos”. Es decir, que si el sentimiento no te hace llorar, tampoco te fuerces a hacerlo tú. Llora sólo si sientes la necesidad de hacerlo.

Si únicamente sientes dolor, sigue adelante. Confía, proyecta y explota de Felicidad si te es posible. El verdadero dolor, que no es sino verdadera debilidad, no te permite hacer nada de eso.

Ser fuerte como parece que eres, te permite soportar pequeñas cargas. Ser invulnerable, como realmente eres, no te permite soportar las peores. Por eso, si eres capaz de levantarte de algo que te duele y hacer tu día a día, ya lo has superado.

Ahora te toca polarizar.

Si la pena te arrastra, llora con ella. Pero si ya has desarrollado ese músculo de la tristeza que soporta las cargas emocionales, bajas vibraciones que son como bolas de plomo que intentan tocar fondo en ti, si ya eres lo suficientemente fuerte como para impedir que esos meteoritos de dolor te vuelvan a llenar de heridas, ya no tienes que volver a bajar y construir tu fortaleza.

Ya lo has logrado.

Si el dolor no consigue doblegarte irremediablemente, no te hundas innecesariamente ni llores más por el dolor, porque a la Oscuridad sólo se baja para entender que siempre habrá Luz arriba.

Construye las vías y pasará tu tren

El dolor es inevitable. El sufrimiento es opcional. Por eso, sólo queda seguir hacia delante, sonreír con lo que llega y crear con lo que llevamos puesto, porque es bastante tonto perderse la Vida tan bella que ahora mismo está pasando frente a ti. Es bastante tonto andar con un gran desánimo por miedo a coger trenes que, tarde o temprano, acabarán llevándote exactamente a donde querías estar pero tanto niegas por anclarte al miedo.

Por eso hay que reírse. Como decía Maurice Maeterlinck, “a veces no nos dan a escoger entre las lágrimas y la risa, sino sólo entre las lágrimas, y entonces hay que saberse decidir por las más hermosas”. Riéndonos con nuestras lágrimas, agradeciendo lo que vivimos. Dirigiéndonos a nuevos encuentros, Amando lo que ahora existe, que es lo que ahora nos toca.

En nuestra risa está aquello que nos duele pero que aceptamos liberar. Por eso… ¿qué tal dejar de Reprimir aquello que crees doloroso, aceptarlo como una parte que de la Vida que ya no te destruye sino que te transforma en pura Expresión, para que de esta forma nos sea más fácil, entonces, reírte de algo que ya te puede hacer daño?

¿Para qué perder el tiempo en llorar si puedes reír?

¡Vive!

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