La red de sucesos interconectados

Taranjit Singh es un niño que desde los dos años afirmó recordar su vida anterior: sostenía que su verdadero nombre era Satnat Singh, que había vivido en otra aldea cercana, Chakkchela, en Jalandhar, y que murió atropellado al salir del colegio por un motociclista llamado Yoga Singh.

Ante la insistencia del niño, la familia se trasladó hasta el lugar de los hechos. Allí, Taranjit reconoció a su anterior madre y le preguntó por sus libros, ensangrentados tras el accidente.

Efectivamente, la madre había guardado aquellos libros y treinta rupias en memoria de su hijo. Tras esto, el niño reconoció fotografías, amigos, estancias y familiares allegados, demostrando de forma inexplicable su conexión con aquella vida pasada.

¿Podemos recordar otras vidas? ¿Existe la reencarnación? ¿Por qué la ciencia niega tan rotundamente este fenómeno tan popular?

Este es uno de los innumerables casos de reencarnación que se han sucedido desde tiempos inmemoriales, y que incluso la Biblia recoge entre sus páginas: en Génesis 28 se habla de la Escala de Jacob, del continuo ir y venir de los espíritus entre el valle espiritual y la tierra: “he aquí una escalera que estaba apoyada en la tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella”. En Job 14:7-9, existe una referencia a la reencarnación: “si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? Todos los días de mi edad esperaré hasta que venga mi liberación”. En Salmo 85:6,7 el uso de la noción del cuerpo humano como vestimenta del espíritu se encuentra claramente en la siguiente metáfora: “y todos ellos como una vestidura se envejecerán; como un vestido los mudarás y serán mudados”, de la misma forma que en Ezequiel 11:19, “echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo”. En Ezequiel 36: 26,27 se reseña cómo el espíritu hace que el cuerpo tome vida: “así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: he aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros y viviréis. Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis”. O en Juan 9:1,2, donde queda en entredicho la certeza de una única vida haciendo una clara referencia al Karma: “al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres para que haya nacido ciego?”

Sin embargo, la reencarnación plantea demasiados interrogantes. ¿Existe un alma para cada cuerpo? Entonces, si hace 2.000 años la población era de unos 200 millones de personas, treinta y seis veces inferior a la actual, ¿cómo es posible que hoy día existan tantas almas, reencarnadas en más de 8.000 millones de personas? ¿Quiere decir que las almas “esperaron” su turno para reencarnarse? ¿Cómo es posible que una persona hipnotizada pueda regresar o progresar hacia otras vidas?

¿Se evoluciona a través de diferentes reencarnaciones, o se alternan diferentes episodios empíricos, experiencias buenas y malas, para conocer nuestra verdadera naturaleza?

Todo en la Vida funciona como una gran red donde todos los sucesos se hallan interconectados. Quizás nuestro cuerpo biológico, sea incapaz de percibir las conexiones subatómicas pero lo cierto es que podemos constatar científicamente que todo, absolutamente Todo el Universo está conectado a nivel cuántico.

Toda esa materia que existe ante nosotros está formada por partículas que vibran, incesantemente, en un infinito campo curvo que se equilibra y retroalimenta a sí mismo. Un campo llamado noosfera por Teilhard de Chardin, consciencia colectiva por Durkheim, planos akásicos por Stanislav Grof, campos morfogenéticos por Rupert Sheldrake o inconsciente colectivo por Carl Jung.

Ese inmenso campo cuántico que se despliega ante nosotros, y cuyo entramado vibra y se mantiene vivo gracias a la acción de las dos Fuerzas contrapuestas que generan la gravedad y el electromagnetismo, conecta a las partículas que vibran de forma similar independientemente de su separación dimensional.

Esto es, puesto que el Universo es curvo y se retroalimenta desde un Centro donde nada existe, la energía no se estructura de forma dimensional sino probabilística. Es decir, sólo la consciencia vibrando a una determinada frecuencia es capaz de colapsar probabilidades concretas de la energía, ubicándolas en un espacio tridimensional, físico.

Somos nosotros, con nuestra consciencia, los que determinamos la forma del mundo por lo que las dimensiones, la distancia, son simples ilusiones inexistentes a nivel cuántico. Las grandes distancias que percibimos son meras ilusiones subjetivas; todo está en absoluta conexión gracias a ese Centro que todo lo une.

Cada relación que tenemos, cada evento que vivimos, cada situación o acontecimiento al que nos enfrentamos, cada palabra o imagen que escuchamos o leemos tiene su origen en la vibración de nuestra consciencia, la cual colapsa las probabilidades de nuestro propio cuerpo y de la energía que creemos está ahí fuera.

Si todo está conectado y el tiempo es una variable que depende, únicamente, de la vibración con que se percibe la energía, podemos determinar que todos los seres humanos, pasados y futuros, pertenecemos al mismo campo energético del que hablaba David Wilcock en su The Source Field:

Un campo sin dimensiones ni tiempo donde todo existe de forma simultánea lo que conduce, indefectiblemente, al hecho innegable de que los seres humanos que formamos parte de la misma energía somos reencarnaciones físicas de seres pasados y proyecciones de futuros cuerpos.

Y, tal y como establecen los miles de casos desarrollados por científicos como Ian Stevenson o psiquiatras como Brian Weiss, quizás la genética sea determinante para la reencarnación de las consciencias.

Existe una rama de la genética llamada epigenética (epi, por encima, más allá) que estudia las diferentes variaciones que puede crear un gen: más de 30.000, cuando el carácter constructivo del ADN apenas necesita un 10 por ciento de esa capacidad. Es decir, los genes poseen una programación que fluctúa, que puede ser influenciada y reescrita, y puesto que todo en la Vida cambia a través de la energía mental llegamos a la conclusión de que el pensamiento es la herramienta  capaz de cambiar el ADN, el cual a su vez determina el destino de cada ser humano.

Un grupo de investigadores rusos formado por científicos de diversas especialidades como genetistas y lingüistas, llegó a la conclusión de que el ADN puede ser modificado mediante sonidos y frecuencias y, por tanto, por las palabras que emite el ser consciente.

El equipo de lingüistas determinó que la estructura del código genético sigue las mismas reglas de todas las lenguas, dictaminando la relación ionogenomática estudiada por el Institute Control of Sciences Russian Academy of Sciences de Moscow: a partir de la comparación entre la semántica, la sintaxis y las bases gramaticales, y la configuración del código genético y la síntesis de proteínas se llegó a la conclusión de que nuestros idiomas comparten las mismas reglas estructurales a la hora de unir caracteres para formar mensajes inteligibles.

Es como si el fonema, la unidad indivisible del lenguaje, se comportara como uno de los cuatro nucleótidos del ADN (adenina, timina, citosina y guanina), entrelazándose con otros fonemas (nucleótidos) para generar sonidos (moléculas) y estas, a su vez, palabras con una entidad propia (células), que compondrían frases con un significado y una acción concretos (órganos).

Sin embargo, debemos ir más allá: si el ADN existía antes de que los seres humanos emitieran las primeras palabras, es lógico deducir que cada lengua se desarrolló a partir del modelo básico existente en la estructura del código genético, lo que significa que el orden de los nucleótidos se rige en torno a un plan inmaterial que ha sido imitado en la estructura de todos los idiomas que el ser humano ha desarrollado. En resumen: las lenguas no aparecieron por casualidad sino por causalidad ya que son un reflejo fractal de nuestro ADN inherente, lo que explica por qué a pesar de las diferencias y desconocimiento de culturas remotas nos comunicamos de formas similares.

En el estudio llevado a cabo por estos científicos, se analizaron textos de diversas fuentes y lenguas, comparándolos con “textos genéticos” con los que se compartían características matemático-lingüísticas y entrópico-estadísticas similares, identificándose cada carácter con los nucleótidos en una demostración de que los alcalinos de nuestro ADN siguen la gramática regular.

Es decir, nuestro lenguaje, la forma en que creamos las palabras, está determinado por nuestro ADN, lo que nos conduce a una conclusión más apasionante: nuestro ADN entiende ciertas frecuencias por lo que podemos intercambiar información con él.

Así, Grazyna Fosar y Franz Bludorf, materializando los estudios de Pjotr Garjajev en los que exploró la conducta vibracional del ADN, capturaron patrones de información de un ADN y lo implantaron a través de rayos X en otro ADN, reprogramando las células de éste y obtuvieron logros tan espectaculares como la transformación de embriones de rana en embriones de salamandra.

La búsqueda de la respuesta a este fenómeno no se hizo esperar: la oscilación vibratoria de nuestro ADN causa patrones de perturbación en el Vacío, produciendo agujeros de gusano magnetizados, equivalentes microscópicos de las perturbaciones Einstein-Rosen formadas en las inmediaciones de los agujeros negros o, tal y como detallé en estas páginas, en la estructura del Vacío, lo que explica que el ADN podría extraer información de dicho Vacío e incorporarla a nuestra consciencia.

A partir de aquí tenemos una relación causa-efecto absolutamente demoledora: el patrón organizacional del ADN genera una oscilación vibracional que se proyecta hacia el Vacío, generando cambios tanto en el ser humano portador de dicho ADN como en el resto de los seres humanos conectados a ese Vacío, al Centro que todo lo une.

Es el mismo funcionamiento de Internet: alguien sube información a la Red y todos los conectados a la Red se ven afectados por dicha información.

O sea, información compartida por la consciencia colectiva.

Esto explicaría por qué el químico ruso Dimitri Mendeleyev aseguró haber visto en sueños la clave para la organización de la tabla periódica de elementos, por qué Friedrich Kekulé dedujo la estructura hexagonal de la molécula del benceno después de soñar con una serpiente que se mordía la cola, o por qué Igor Stravinsky escuchó en su cabeza mientras dormía La consagración de la primavera. Todo proyecciones, pasadas o futuras, de estructuras genéticas que vibran en una frecuencia que es captada por seres que vibran en la misma frecuencia.

El ADN, por tanto, es un hardware que no sólo se ocupa de construir tejidos sino que funciona como intercambiador de la información disponible en la inmensidad del campo electromagnético adimensional en el que existimos, y de cuyo Centro penden todas las consciencias individuales, colapsadas en cuerpos físicos que, a fin de cuentas, son representaciones físicas del Uno.

Todos somos la misma energía mental, compartida por todas las formas de Vida vibrando en diferentes frecuencias y, por tanto, materializadas de forma atendiendo a la estructura de su código genético.

La Gran Consciencia, o consciencia global, existe en un Centro que se replica en infinitas formas de vida y cada una de estas formas posee un código genético con una vibración única y unívoca. Este ADN está influido por la vibración de la energía mental de dicha forma de Vida, que genera un patrón vibracional en el ADN que se proyecta hacia el Vacío y Resuena en formas de Vida generando una vibración es similar.

Todo ser humano que piensa y actúa desencadena una vibración, a la que el budismo llamó Karma, que afecta al código genético que vibra en patrones de oscilación similares en diferentes longitudes de onda y, por tanto, de tiempo.

En pocas y sencillas palabras: lo que pensamos, decimos y hacemos crea el ADN de nuestra futura reencarnación, incluso crea las conexiones entre el hombre y la mujer que compondrán el ADN que se deriva de la suma de dichas oscilaciones, y que se corresponde con nuestra vibración. Atención, ¡con nuestros actos estaríamos desencadenando una inabarcable lista de acontecimientos futuros que llegaría a crear la historia en la que nuestros futuros padres se conocerán y nos engendrarán!

Dado que nos encontramos ante una nueva explicación del Uno y el Todo, constatando científicamente cómo nuestros pensamientos crean nuestro destino más allá de las vidas físicas que vivimos actualmente, debemos tener en cuenta los estudios de Mandelbrot, creador de la geometría fractal quien estableció que ante un patrón desorganizado, y sin importar cuanto aumentemos el diseño, siempre hallaremos el mismo patrón dentro del patrón genérico: cada fractal se dividirá infinitamente, reflejando siempre el total, por lo que cuando un fractal cambie su patrón la suma total del patrón general cambiará junto con él

… corroborando nuestra irrefutable responsabilidad en la Vida: cualquiera de nosotros afecta con sus pensamientos, por nimios que sean, al mundo que nos rodea.

Nuestra gran responsabilidad ante el Cambio pasa, inexorablemente, por reconocer la interconexión de todos los sucesos que ocurren en nuestra Vida, de la misma forma que nuestros cerebros, representaciones fractales del Todo y, por tanto, del Universo, interconectan sus estructuras neuronales.

Una vez seamos conscientes de esa unión de todos con Todo deberemos crear vibraciones cercanas al Amor que afecten al lenguaje del ADN, para que seres vivos de todas las épocas (o frecuencias) perciban esas vibraciones, y nuestras próximas vidas sean evoluciones de nuestra actual Expresión.

Una Expresión que debería centrarse en erradicar la separación y el odio a través del Amor, para conseguir que la hermandad planetaria que somos siga estrechando sus vínculos.

5 pensamientos en “La red de sucesos interconectados”

  1. Bueno, esto tengo que leérmelo un par de veces. Dada mi experiencia como Bioquímica y en Genética, la epigenética para mí es la clave que permite entender muchas cosas que no son a priori explicables. La información que se encuentra en el ADN se puede traducir de un millón de formas, cuando hace unos años se pensaba más en un gen, una proteína, una función. Y eso se ha visto que no es así, que todo interacciona. Lo de fuera influye y modifica el cómo se traduce la información almacenada en el ADN. Sabemos muy, muy poquito. Pero también tengo la creencia, difícilmente demostrable hoy en día, que las actitudes, pensamientos, etc, influyen en nuestra bioquímica. Dicho de otras maneras, que tenemos la capacidad de enfermarnos por cómo afrontemos las cosas y por supuesto por el tipo de vida que llevemos. Cada vez más oncólogos reconocen que las terapias que mejor han funcionado, no han sido agresivos tratamientos farmacéuticos, sino otros menos agresivos y que consisten en algo tan fácil y difícil hoy en día como “vivir relajado y bien”.

    En cualquier caso, hay algo que me ha llamado la atención porque debido a mi formación, no puedo imaginar cómo se puede lograr lo que comentas en el párrafo que dices que ciertos investigadores pusieron la información del ADN en otro mediante rayos X. Lo de cortar y pegar DNA es una práctica del día a día en el laboratorio y donde se consiguen cosas tan curiosas como que plantas fluorezcan de noche porque se les inserta genes procedentes de animales marinos que así lo hacen….etc, etc. Ahora, lo de los rayos X me descoloca, porque que yo recuerde eso sirve para crear mutaciones al azar, no dirigido. ¿referencias, para saber cómo lo han hecho? (me interesa desde el punto de vista metodológico). En cualquier caso, interesante entrada!

    1. En la frase “un grupo de investigadores rusos”, tienes el enlace a la noticia sobre esta investigación.

      Ahí encontrarás también el libro escrito por dos de sus integrantes, así como un par de e-mails por si quisieras ponerte en contacto con los autores de dicha investigación.

      Lo más importante de este descubrimiento no es tanto la posible modificación del ADN, sea a través del “corta-pega” o a través de sonido a diferentes frecuencias, sino la posibilidad de emitir y recibir, como si el ADN fuera una antena, a través del Centro que cohesiona todas las consciencias.

      Creo firmemente que nuestro ADN es una herramienta que, de saber manejarla, podríamos desarrollar habilidades ahora mal llamadas parapsicológicas, como la telepatía e incluso la teletransportación.

      Gracias por tu apunte.

  2. Hola Carlos, gracias por tus artículos!….. hablando de ADN que pasaría con aquellas personas que no tiene descendencia?, es decir, no llegan a tener hijos? Un fuerte abrazo que Dios te bendiga 🙂

    1. En realidad, no ocurre nada. No tienen hijos, no tienen descendencia, no necesitan la experiencia de la paternidad/maternidad, la Vida necesita otras cosas de su existencia.

      Es importante ver qué cosas, y de qué forma su energía puede servir para sanar las emociones del árbol genealógico que les precede.

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