La marihuana: el comienzo del camino consciente

“¡Ay los vicios humanos!
Son ellos los que contienen la prueba
de nuestro Amor por el infinito.”
Charles Baudelaire

Me he pasado toda la vida Reprimiendo las drogas. Desde que tengo uso de razón.

Recuerdo que Alcobendas, la ciudad donde crecí, era un hervidero de drogodependientes allá por los años ochenta. Casi cualquier parque de la ciudad tenía una jeringuilla ensangrentada, un par de yonquis bebiendo unas litronas, un heroinómano dejando su rastro de papel de plata…

Mi madre, por su herencia familiar, nos educó a mi hermana y a mí en el miedo, así que salir de casa se convirtió en un acto hostil. No hice vida de barrio por miedo al mundo exterior, lo que me hizo ver a mucha juventud perdida en todos aquellos asiduos a la jeringuilla y al papel de plata.

Rechacé a toda esa gente durante mi infancia, desembocando en una tragicómica escena cuando, a los 12 años, fui atracado por un drogadicto. Me apuntó con una de sus ensangrentadas jeringuillas y me dijo: “o me das todo lo que llevas o te pego el SIDA” (narrado con su correspondiente dramatismo en Conéctate a la Felicidad)

Como siempre digo, atraemos, Resonamos con lo que rechazamos.

Tardé mucho tiempo en superarlo. Pasé gran parte de mi juventud sin tener mucho contacto con el mundo. Fui introvertido, reflexivo y distante. Desde luego ayudó a que mi personalidad forjara mi propio camino en la Vida del que estoy muy orgulloso, pero aquellos miedos que surcaban mi mente influyeron en mis primeras relaciones y trabajos, que acabaron marcados por aquello que yo rechazaba: gente que consumía drogas, novias que fumaban, colegas que quedaban los fines de semana para probar una nueva pastilla…

Jamás me enganché a nada, ni al tabaco, y eso que fui de los primeros en fumar a escondidas, más por la rebeldía que por el hecho de fumar. Siempre me pareció absurdo y dañino el mundo de las drogas… y por eso me seguí topando con él. La última vez, en 2005, en una fiesta con los actores con los que estudiaba teatro. Gente del mundo de la tele. Tengo un recuerdo agrio de aquella fiesta: chicas entrando y saliendo del baño para esnifar cocaína, alcohol en la cocina, porros… El novio de una de las chicas, el dealer, compartió su porro con tres o cuatro amigos mientras nos comentaba: “tío, yo podré dejar todas las drogas… pero la marihuana me será imposible”. Y a mí me hervía la sangre escuchar aquello, me retrotraía a mi dolor, a mi infancia gris y adulterada por la embriaguez yonqui.

Y sí, me dolía mucho… pero yo ya le había dado dos caladas al porro que me habían pasado. Me había quedado mirando al infinito, con esas palabras de dolor Resonantes en mí.

No recuerdo bien cuándo fue la primera vez que probé la marihuana, creo que en el año 2000, un poco antes de entrar en el trabajo después de comer; desde entonces, había consumido en alguna fiesta aquella hierba ilegal a la que, sinceramente, no le encontraba mucho sentido. Ni siquiera entendía por qué era ilegal, pero cuando me pasaban un porro fumaba a modo de rito: poco y mal. Me pasaban el porro, le daba dos caladas; no le encontraba ningún placer.

Fumando porque otros lo hacían. Qué sociedad esta.

Ya muy de madrugada me despedía de aquella gente, a la que no he vuelto a ver, y dos días después comenzaría mi viaje por China con una mochila a la espalda.

Y sin billete de vuelta.

Aquella calurosa noche de junio, no obstante, cambió mi vida al ser consciente de algo especial: seguía con la mirada perdida, pensando más de lo normal. No sabía bien qué hacer. Estaba desorientado, aturdido. Pero extrañamente relajado. Mi cuerpo estaba cansado, pero mi mente no dejaba de pensar en el viaje, en si habría acertado con la compañera de viaje, en si hacía bien asistiendo a cursos de teatro que no iban a resolverme la vida, en si todo aquello no era más que tirar mi tiempo y mi dinero a la basura… Pensaba en qué opinión que tendrían mis padres de mí, pensaba en el trabajo que había perdido, por qué  había acabado estudiando psicodrama junto a toda esa gente…

… pensaba en mi futuro. No quería sufrir más.

Y mientras daba por perdida mi vida y me hallaba inquieto e irascible, evitaba como podía a una chica que revoloteaba a mi alrededor intentando acostarse conmigo. Una noche más en la Puerta del Sol, junto a la boca del metro, embriagado y lleno de dudas. Una más de todas esas absurdas noches que todos vivimos, en la que me preguntaba constantemente: ¿qué hago aquí? Peor aún, ¿qué iba a pasar cuando embarcara en un vuelo hacia un destino que me daba miedo? ¿Por qué había comprado ese billete? ¿Qué estaba haciendo?

¿Me estaba volviendo loco?


La visión de tu cerebro
en estado alfa

Por aquel entonces no entendía nada de lo que estaba ocurriendo en mi cabeza, pero con perspectiva y tiempo acabé entendiéndolo: las tres caladas de marihuana me habían puesto en contacto con mis miedos. Habían puesto a mi mente a vibrar en frecuencias más bajas, me habían sumido en un estado alfa. Una introspección que invitaba a mi cerebro a caer en una Visión Holística, un equilibrio de ambos hemisferios, una lectura de mis patrones subconscientes.

Sentí miedo. No había peligro alguno, pero sentía temor. La percepción sensorial (hemisferio derecho) se equilibraba con  el procesamiento de lo que ya conocía (hemisferio izquierdo). El desequilibrio hizo aparición, porque mi cuerpo tenso estaba devolviendo esa respuesta. Y, entonces, esas Holografías Neurales Resonaron en mi interior: miedo al peligro, a la muerte.

Cuando el cerebro es forzado a entrar en alfa pero el cuerpo se mantiene en tensión, se revisan esos registros traumáticos.

Y no mola nada sentirse así.

La marihuana acelera la dinámica neuronal

Semanas después, tras un intenso ejercicio de duelo recorriendo pequeños, rústicos y kársticos pueblos de China encontré la cura a mis problemas. La marihuana me había puesto en contacto con mis miedos, hizo vibrar en alfa a mi cerebro y encontré los problemas registrados en mis memorias corporales.

Miré a mis malditos y necesarios miedos a la cara, uno a uno.

En China, liberado, lloré tanto como pude. Lloré encerrado en denigrantes letrinas llenas de mierda, lloré en amargo silencio rodeado de gente durmiendo en atestados albergues. Lloré en autobuses con el suelo lleno de escupitajos, entre barriadas miserables, en restaurantes donde el menú sólo estaba escrito en chino; un día llegué a un hotel con la cara llena de carbonilla por haber viajado sentado durante 17 horas, junto a una ventana por donde entraba toda la porquería de un tren diesel. Y lloré.

Noche asfixiante de julio, salpicada por pasajeros que dormían entre escupitajos y restos de comida picante.

 

No importa la droga.
Importa por qué te drogas

En aquel viaje me sentí tan pequeño ante un mundo tan grande, tan ordenado frente a un mundo tan desordenado, que entendí y comprendí de una vez por todas a las personas de las que me había alejado. Entendí a las personas que me habían hecho daño, las mismas a las que yo había hecho daño con mi desprecio.

En aquella amplia gama de dolor entraron los yonquis y todos esos que, disfrazados de ciudadanos normales, se acababan drogando. ¿Acaso no era el alcohol una droga? ¿Por qué no me parecía un signo de mala salud mental el emborracharse esporádicamente, los fines de semana o las fiestas, pero sí me lo parecía meterse una raya?

¿Era realmente el contenido más importante que el continente? ¿Era más importante la droga que la necesidad de drogarse?

Me compadecí y acepté de corazón la enfermedad del drogadicto, su adicción, su debilidad; a mediados de 2006 conocí a mi nueva pareja. Una mujer ex cocainómana. Aparentemente fuerte y sin fisuras. Alegre y vital. Aprendí con ella a ver a cómo era realmente una persona con una dependencia: débil y vacía, que no tiene otro recurso para sentir Felicidad en su vida que alegrarse la vida con estupefacientes.

Ella me ayudó a reconocer la bondad de las personas que acaban evitando nuevas experiencias por miedo al cambio, empobreciendo sus vidas hasta convertirse en personas sin más aspiración que ver la televisión y cumplir religiosamente con el trabajo de siempre.

La falta de autoestima por mí mismo había tocado fondo, y me había atado a la primera persona que apareció y que me necesitaba. ¿Quién necesita a su lado a una persona que había tocado fondo? Pues alguien a quien rescatar, a quien ayudar en su escalada del pozo, la misma persona que me iba a sacar a mí del mío.

Y esa fue mi pareja durante seis años.

Aquella co-dependencia vacía y estéril me forzó buscar mi propio camino, y eso me reveló la disociación de un montón de conceptos. Todo lo que yo pensaba de las personas estaba basado en mi miedo, así que comprendí que las personas que se drogaban eran víctimas de una sociedad opresora y Represiva. Una sociedad que mantiene un intrincado mercado negro que alimenta su desesperanza y falta de rumbo.

Aquella mujer me enseñó a ver un corazón detrás de una adicción. Una adicción que había limitado a una persona con el potencial que todos tenemos de serie. 


La marihuana,
primer paso hacia la consciencia

Seguía sin entender, no obstante, por qué la gente encontraba diversión en las drogas.  Por qué aquello era tan divertido. Lo podía entender con el alcohol, pero ¿con el cannabis?

A partir de aquel momento comencé a ver las drogas como activadoras de lo que uno lleva dentro. Y comencé a flirtear con la marihuana; cuando me pasaban un porro en una fiesta, le daba dos caladas. O, quizás, tres… Entonces, experimentaba lo de siempre: me sentía juzgado por los demás. No me divertía, me agobiaba ver a la gente y pensar constantemente que hablaban mal de mí. A veces pensaba que podía morir. Sentía ansiedad. Era demasiado fuerte, pero muy tentador. Me asustaba el dolor, pero quería saber por qué ocurría aquello.

Decidí, como siempre hago, enfrentarme a mis limitaciones, así que en otro duro ejercicio de superación personal comencé a leer y a informarme sobre el tema. Antonio Escohotado estuvo a la cabeza de aquellos estudios y gracias a él descubrí algo importante, vital para mi trabajo. Descubrí que hay dos tipos de drogas: las psicodepresoras y las psicoactivas.

Y, a partir de ahí, comenzó mi camino hacia la consciencia.

Descubrir que un tipo de droga puede ser una herramienta constructiva para nuestra psique, y que otra bloquea, anula  e incluso destruye nuestro potencial, me abrió la mente. Me hizo entender por qué la gente no consume LSD cuando sale a tomar unas copas, me hizo ver por qué los psilocibes u hongos alucinógenos son la droga menos extendida y consumida del mundo y comprendí, por el contrario, por qué el alcohol deja 2,5 millones de muertos al año (siendo un 43 por ciento de las personas que mueren en accidentes de tráfico consumidores habituales de alcohol).

Estaba absolutamente conmocionado: la marihuana, según el censo de la OMS (Organización Mundial de la Salud), no había matado hasta el día de hoy a nadie.

Seguí estudiando las drogas. Me convertí, poco a poco, en un teórico del tema. La química de aquellas sustancias me parecía fascinante, pero mis conclusiones eran cada vez más desalentadoras: las anfetaminas, la cocaína, el cristal o el MDMA,  son las favoritas de la gente porque su carácter psicodepresor provoca que el sistema nervioso se deprima y olvide. El alcohol, un antidepresivo como el Prozac, posee una función psicodepresora que, para entendernos, ahoga las penas.

Lo peor de todo es que un químico con una función psicodepresora es una droga legal. Algo incomprensible.

El alcohol provoca daños físicos y psicológicos y fuertes dependencias, algunas de por vida. Es el caso del tabaquismo: sólo en España mueren cada año más de 50.000 personas debido al consumo de tabaco. Más muertes que por todos los accidentes de tráfico y el consumo de todas las drogas ilegales juntasSin embargo, las personas que toman psicoactivos naturales como los psilocibes, el LSD, la mescalina, el peyote o la ayahuasca no presentan daños en su cuerpo, sus informes clínicos no revelan toxicidad en sangre ni sienten dependencias físicas. La afección, si existe, es siempre psicológica. Los cambios son los mismos que resultan de hacer un viaje (de ahí el nombre de tripi, del inglés trip).

El autoconocimiento tras la ingesta de algún psicoactivo como los psilocibes es tal, que se puede equiparar a reflejarse en miles de sitios diferentes.

Cuando observas el mundo, te observas a ti mismo

Lo psicológico debe, por supuesto, controlarse,  lo cual requiere de autoconocimiento. En cuanto al estado físico, la toxina desaparece; el THC, como muchas otras sustancias, se acumula como residuo en el pelo y el tejido adiposo.  La marihuana, obviamente, es dañina en caso de ser fumada; inhalar su combustión puede generar los problemas clásicos del tabaquismo. No obstante, y centrándonos en el THC, principio activo de la marihuana, no es necesario fumarlo para notar sus efectos. Se puede inhalar en vapor, comer en ricos bizcochos, o tomado en gotas de aceite disueltas en una taza de té.

A pesar de la imagen de fumeta que tienen sus consumidores, fumar cannabis es una de sus muchas formas de consumo, no la única. Si obviamos esa pequeña particularidad que hace que muchas personas confundan marihuana con tabaco (quizás porque muchos mezclan ambas sustancias y acaban enganchados a la nicotina), el argumento vuelve a saltar a la vista: no existe ningún caso de muerte por consumo de marihuana, ni siquiera en cantidades desorbitadas.

Lo repito, por si parece un argumento débil, aislado o sinsentido: no existe ningún caso de muerte por consumo de cannabis.

La llave que abre la puerta
hacia la consciencia

Este extraño principio activo, el TetraHidroCannabinol, no sólo no causa daños en nuestro cerebro, sino que nuestro cuerpo está preparado para funcionar con dicho neurotransmisor.

Es decir, forma parte de nuestra biología.

Las conexiones neuronales intercambian moléculas que actúan como neurotransmisores, y una de esas moléculas, la anandamida, es un producto natural de nuestro cerebro que tiene el mismo comportamiento que el THC. ¿O es el THC el que tiene el mismo comportamiento que la anandamida?

Me explico: el cerebro está preparado para que las dendritas neuronales absorban el THC, por lo que no es una toxina sino una especie de catalizador, un inductor del proceso creativo. La anandamida proporciona un flujo de información equilibrado entre ambos hemisferios, que pone de acuerdo a ambos mundos, a nuestra polaridad.

A nuestros miedos frente al presente, a lo que percibimos con lo que debemos aprender. 

En resumen, la anandamida genera una tendencia natural del cerebro: comprender y crear. La pregunta es: ¿por qué la recibe nuestro cerebro y le induce a crear? ¿Por qué encaja a la perfección en nuestras dendritas neuronales? ¿Por qué esa molécula vibra en la misma frecuencia que nuestro aparato neuronal? ¿No será esa molécula, el THC, obtenida de una planta que vive del agua y del sol, la causa del camino consciente que ha experimentado el ser humano?

Aquí las preguntas: ¿ha formado el THC parte del ser humano desde tiempos inmemoriales, cuando nuestros primates ancestros se veían afectados por el consumo de marihuana al ingerir la planta o al quemarlo en las cuevas? ¿Reunía el chamán reunía a su tribu, quemando cannabis, para inducirles  al trance y al pensamiento creativo?

¿Qué estuvo antes? ¿El ser humano o la marihuana?

¿Es el desarrollo cognitivo del ser humano un resultado directo del consumo de neurotransmisores como el TetraHidroCannabinol?

Algo empezaba a tener claro. La sociedad, con su inoculación del miedo, había conseguido su propósito: que millones de personas no tuviéramos ni puta idea sobre el mundo de las drogas...

… siendo yo el primero de la lista.

Allá por los años 60

A los gobiernos se les comenzó a escapar de las manos la ola hippie, el happy flower y todos esos movimientos ideológicos y artísticos liderados por grupos como los Beatles que acabaron generando un despertar, cuya manifestación es de sobra conocida gracias a revueltas como la de mayo del 68.

El viaje a India de los Beatles y su contacto con las drogas alucinógenas trajo un nuevo panorama a Occidente. Hubo muchos movimientos de adulteración de las drogas con el fin de generar confusión y conflicto; se generaron mercados negros, se televisaban personas supuestamente drogadas con LSD sufriendo ataques de locura y pánico y, entonces, se cerró el grifo de las drogas.

Inhabilitaron, de hecho, a miles de profesionales de la salud mental que estaban desarrollando estudios avanzados con estas sustancias.

Un amplio efectivo antivicio arrancó en aquellos años, y la historia llega hasta hoy, 50 años después.

En menos de 10 años, hacia los 70 la Humanidad temía la drogas, de forma sistemática. Los gobiernos se ocuparon de marginar tanto al yonqui, que se permitió (y se permite) la existencia de barriadas de la droga, mercados envueltos entre chabolas y suciedad.

Un gobierno así, que fomenta el mercado negro gracias a sus enlaces con los narcotraficantes en estratos sociales inalcanzables, pero que mete en la cárcel a las personas que venden lo que dan sus plantas, jamás dará luz verde a la marihuana. Quizás digan: “marihuana legal para uso medicinal”, pero eso no es libertad de ningún tipo ya que  ninguna sustancia debería ser ilegal.

Lo que debe hacerse es informar al ciudadano para que arregle sus problemas, no permitir que pierda la vida por sustancias como también podría ser la comida o el alcohol.

Llevamos mezclando churras con merinas cincuenta años; hemos metido en el mismo saco al que fuma porros y al que bebe alcohol pero, eso sí, se salvan otros drogodependienes más formales o más divertidos, como un borracho en fiestas o un obeso adicto a los batidos de Oreo.

¡Contempla la paradoja y despierta! Es habitual ver cómo las noticias de los lunes hablan de consumidores de cannabis detenidos, pero ni una sola palabra de todos los ingresados por coma etílico después de un botellón en la noche del sábado.

Y se pueden contar por cientos sólo en la ciudad donde ahora vivo, Madrid.

Este batiburrillo, el mezclar a unos y a otros se debe a que aquellas personas que intentaron evadirse de sus problemas acabaron fumando tabaco con marihuana, después quedaron enganchados al efecto narcótico de la nicotina, mezclaron sus cigarros con el alcohol, pasaron a esnifar cocaína, se tomaron un tripi, inhalaron crack, comieron cristal, se inyectaron heroína y vaya usted a saber qué más prácticas humanas relacionadas con el miedo, esperando encontrar una respuesta.

El problema, por tanto, no es la droga sino, por qué te drogas. Quizás este artículo te deje un poco más claro que no es la droga el problema, sino la Represión que te lleva a ella.

¿Y ? ¿Lo aceptas?

Dependientes hay por todos lados; por ejemplo, hay gente que se evade de sus problemas haciendo tanto ejercicio que puede llegar a sufrir cosas como las que yo he visto al entrenar en gimnasios durante años. He visto linotipias, síncopes y enfermedades relacionadas con carencias alimentarias o hiperoxidación muscular.

Y hasta donde yo sé, aún no se han ilegalizado los batidos de proteínas, los gimnasios ni los bancos de abdominales.

¿A dónde quiero llegar? A que alguien con problemas se valdrá de comida, bebida, drogas o sexo, y no por ello debe ilegalizarse todo aquello con lo que intente aliviar su enfermedad.

El alcohol te vuelve un poco más tonto

Ahora viene el dilema: si eres como yo era con 12182428 años y has llegado hasta aquí, es probable que te opongas a lo que estás leyendo. Pero si todo esto te duele, o sabes de alguien a quien le duela, entenderás que se trata de un fuerte condicionamiento social, una herencia sociocultural que nos dice: “eso es malo, hijo”.

Se trata del desconocimiento, de haberse regido por el comportamiento de otros, de rechazar lo que otros, la sociedad, el entorno, la manada rechaza.

Decir no por sistema, no te hace más sano física y mentalmente que yo. Actuar porque un amigo te contó no sé qué, o porque te fías de la ley vigente y la difusión en prensa, y señalas con el dedo índice condenando a los que se drogan, tal y como yo condené durante años el mundo de las drogas, no te hace más humano ni más comprensivo. Tenlo claro.

Para alguien aferrado al sistema, alguien que dice no por sistema,  fumar porros es propio de un parásito social. Un descerebrado y un malnacido que infecta con su comportamiento el bienestar de nuestras futuras generaciones. Eso como poco, ¿verdad?

Mi pregunta es: ¿te parezco eso? Soy una persona que ayuda a otras a través de libros, conferencias, cursos y talleres; no fumo, no bebo, entreno una maratón cada año… ¿De verdad crees que, debido al argumento de una sociedad que manipula, comer un bizcocho de marihuana es perjudicial? 🙂

Creo que la policía debería preocuparse de detener a los delincuentes, no a las personas que somos felices y ayudamos a que las demás lo sean…


¿Por qué la sociedad
no acepta la marihuana?

El porqué de toda esta Represión contra una sustancia que no causa enfermedades ni muertes, se fundamenta en un poderoso argumento: los psicoactivos hacen trabajar al cerebro. Un psicodepresor como el alcohol, por el contrario, lo mata.  Literalmente, mata al cerebro.

Repito: mata al cerebro.

En una sociedad construida como una inmensa red lobotomizada, pendiente y dependiente del mass-media que estupidiza a millones de seres con programas de talent-shows y tiendas en casa (no-vaya-a-ser-que-salga-a-la-calle-y-me-pase-algo), en una sociedad que actúa como un redil que agrupa y atonta al rebaño, el alcohol es favorable, porque nos lleva a ser más tontos y más estúpidos.

Más tontos, y más estúpidos, y esto es biológica y clínicamente literal: el alcohol mata a nuestras neuronas. La marihuana, sin embargo, regenera neuronas, así que en una sociedad que quiere tontos no creo que sea muy apropiado gente con autoconocimiento, gente que piense y sea autodependiente.

Eso es lo que está sucediendo ahí fuera, en la calle, ¡echa un vistazo! La gente no piensa, y no lo hace porque ha sido Reprimida por su conducta. Esa Represión, origen de nuestro Yin y Yang, hace que suframos y nos queramos evadir. ¿Qué pasa cuando alguien desea evadirse? Que no lo va a hacer con drogas psicoactivas (marihuana, LSD, setas) que le pongan en contacto con su interior, sino con drogas psicodepresoras (alcohol) que desinhiban su comportamiento. Por eso es tan fácil encontrar a dos borrachos lanzándose botellas de cristal, una noche cualquiera, en una calle cualquiera de un país cualquiera.

Adam Barak, ex-drogodependiente

Adam Barak demostró cómo las drogas (cocaína, heroína, crack), habían estado a punto de destruir su vida. Noticias como esta provocan que sustancias naturales pero ilegales como el cannabis, que no causan daños fisiológicos como las anteriores, también sean censuradas.

Así funciona la sociedad: te digo que no vales nada, limito tus posibilidades y tu realización personal, y cuando estés hartísimo de tu vida y no encuentres escapatoria, cuando seas un joven falto de esperanzas y quieras evadirte con una metanfetamina junto a tus amigos te la proporcionaré, primero, y te multaré, si es posible, después. Y si te cae cárcel, mejor.

Ah, y aprovechando que los psicoactivos como la marihuana también alteran la consciencia y aunque no tengan mucho que ver, igual que te detengo por pastillas o por alcohol, meto todo en la coctelera antivicio y te vas un tiempo a la cárcel si estás fumando tranquilamente tu propia marihuana en el parque.

No creo que veas a mucha gente creando altercados únicamente por haber fumado marihuana. Es más, no verás a nadie. Las personas que fuman hablan de la Vida, el Universo, el destino, se besan y hacen el Amor… pero no se lanzan botellas de cristal.

Quizás por eso, por ser la marihuana un empatógeno capaz de crear una consciencia de Amor el gobierno ilegaliza su uso: evolucionar en esa línea no es positivo porque Amar significa pensar sin depender. Si somos felices con nosotros mismos, ¿para qué vamos a depender de otros? Si no dependemos de otros, y no necesitamos su aprobación ni formar parte del rebaño ni, por tanto consumir para ser iguales que los demás… ¿para qué necesitamos votar a un gobierno que nos dirija, cuando los gobiernos que aparentan ser democracia son, en realidad, corporatocracias diseñadas para hacernos consumir?

Esa es la cuestión de toda esta historia: los gobiernos no quieren que pienses, no quieren que crezcas interiormente. Si no tienes nada dentro, buscarás fuera y consumirás. Pero si tienes un gran mundo interior dejarás de buscar consuelo y esperanza fuera, dejarás de depender de otras fuentes de energía, dejarás de consumir lo que ellos producen con su feroz capitalismo.

Y ahí ellos pierden.


La marihuana, las personas y el mundo

Tras muchos estudios, años de experiencia, tropiezos y, sobre todo, aceptación, mi visión sobre las drogas ha cambiado. Soy partidario de los psicoactivos naturales, y colaboro con decenas de personas licenciadas en medicina que mantienen esta misma opinión. Gracias a su trabajo y a mi experiencia sostengo una visión positiva sobre la marihuana, pero por mero sentido común: no entiendo muy bien por qué algo que crece en la Tierra, que no causa daño y que une a las personas debe ser quemado, eliminado, penado, perseguido, Reprimido y censurado.

Me parece un juego penoso para alimentar el juego del bueno y el malo, el poli y el criminal. La Represión y la Expresión. El miedo.

Sobra decir que, como toda sustancia externa al cuerpo, como cualquier bebida o comida, el THC puede convertirse en veneno o antídoto, dependiendo siempre de la dosis: prueba a comer diez fabadas diarias durante un mes. Seguramente acabes en el hospital por muy sana que sean las legumbres. Por eso, creo que la marihuana, administrada de una forma sana e inocua como puede ser un comestible, es una experiencia relajante y verdaderamente deliciosa que toda persona debería experimentar eventualmente.

Sin excesos pero sin carencias.

El THC, por resumir, infiere en la dinámica neuronal y conlleva a la experimentación de los miedos, pone en equilibrio lo que hay con lo que pensamos que hay. Nos fuerza a ser nosotros mismos, sin caretas. El THC cataliza los procesos de introspección al generar un estado alfa en el que se promueve la comunicación interneuronal y, de esta forma, se irradia la energía hacia aquellos patrones inconclusos que una educación Represiva ha ejercido sobre el cerebro hasta crear innumerables tipos de Disonancias.

Interferencias, obstáculos proyectados por la mente, que complican la existencia al ego.

Por esto, numerosas terapias comienzan a apoyarse en el cannabis para abordar depresiones y otros procesos patológicos.

Mi teorema sobre el THC está fundamentado en mi propia filosofía: el estado alfa en el que el cerebro entra con la marihuana fomenta los procesos cognitivos, equilibrando ambos hemisferios y consumiendo  más cantidades de glucosa, lo que inhibe la alimentación de los músculos. Esta es la razón por la que durante su consumo es necesario estar relajado y no hacer ningún esfuerzo físico.

Este estado de placidez, alfa, parecido a lo que sentimos durante un masaje, fomenta un estado de creatividad y análisis, y se produce una mayor interconexión neuronal. Si, tal y como explicaba en el artículo sobre la intuición, nuestra visión del mundo se basa en nuestra estructura cerebral y lo que vemos ahí fuera está creado con nuestros pensamientos, y resulta que nuestros pensamientos están creados con patrones mentales, a medida que interconectemos patrones mentales gracias al THC  interconectaremos los pensamientos sobre nuestro mundo… y eso nos interconectará a él.

Este es el principio de la empatía, de la compasión.
Nos conectamos al mundo porque conectamos nuestro cerebro.

En pocas palabras, la interconexión de nuevas vías y alternativas entre patrones mentales por la acción del TetraHidroCannabinol consigue que nos sintamos más conectados al mundo, más empáticos, más sonrientes y relajados, más cariñosos con las personas que nos rodean, efecto contrario al que produce el alcohol, un psicodepresor que disuelve células nerviosas, mata neuronas (en una borrachera puedes perder varios millones de ellas) y desconecta patrones mentales.

Una desconexión que provoca que se desconecte nuestra experiencia sensorial y nos sintamos aislados, solos.

Los conocemos y admiramos.
Y hablan de marihuana (y la consumen)

A pesar de constatarse numerosos beneficios clínicos y ser administrada para enfermos terminales por sus beneficios terapéuticos, tal y como apunta el Doctor Fernando Caudevilla en su web, la marihuana sigue siendo en Occidente un motivo de condena, de repulsa y de cárcel; ¡en algunos países se ha llegado a establecer la pena de cadena perpetua!

Por fortuna, algunos dirigentes políticos como Barack Obama empiezan a ofrecer indicios de dar fin a esta dura Represión, y los esfuerzos de médicos, científicos y otros personajes ilustres podrán ver la Luz.

Marihuana, ¿por qué no?

Recientemente, científicos de la Universidad Complutense de Madrid han acabado con células cancerígenas al exponerlas al THC, y son numerosos los estudios que afirman que los cannabinoides son la única droga ilícita cuya administración crónica puede promover la creación de células nerviosas en el hipocampo cerebral de individuos adultos. O, lo que es lo mismo, regenerar el campo neuronal a través de la neurogénesis.

Quizás se trate de la herramienta definitiva, o de un complemento vital para acabar con el síndrome de Alzheimer.

Carl Sagan, astrofísico a favor de la marihuana

Podría nombrar a cientos de personalidades ilustres que han apoyado y apoyan el cannabis. Citaré a uno de mis favoritos, Carl Sagan, famoso astrofísico que ejerció la valiente decisión de posicionarse a favor de la marihuana. En una de sus más polémicas y también trascendentales opiniones sobre esta sustancia natural argumentaba: “mi trabajo creativo se ha visto inmensamente favorecido por el uso del cannabis (…) El hecho de que el cannabis sea ilegal es realmente increíble. Es absurdo que se prohíba una sustancia natural que nos ayuda a tener una profunda serenidad, sensibilidad y fraternidad, cosas tan necesarias en este loco y peligroso mundo”.

Otros filósofos y pensadores modernos como Jason Silva han hablado de cómo las drogas psicoactivas naturales pueden influir positivamente en nuestras redes neuronales y mejorar la empatía con el mundo que nos rodea:

La lista sigue creciendo, los grow-shops proliferando y la legalización, como la inaugurada recientemente en Uruguay, continúa su curso.

En Internet encontraremos declaraciones de famosos artistas y cantantes, así como otras celebridades de éxito que consumen cannabis regularmente; ellos son el ejemplo más válido y poderoso para concienciar a toda la humanidad de cómo abordar el controvertido mundo del cannabis, de qué forma podemos adoptar su uso y convertirlo en una herramienta de aprendizaje, autoconocimiento y construcción… olvidando esas aristas destructivas que nos han hecho creer desde pequeños.

Que el ordenador desde el que te escribo haya sido imaginado por un amante de la marihuana como fue Steve Jobs en uno de sus más que probables encuentros con su departamento creativo, a mí, personalmente, con eso me basta. Pero, por supuesto, no consumas nada que no desees consumir.

Siempre, antes, por favor, infórmate.

Después de todo esto no quiero que me cuentes tu experiencia al respecto. Tampoco quiero escuchar lo que te contaron que le ocurrió al vecino al fumar marihuana, ni las historias rocambolescas que algunos inventan sin haber probado esta sustancia. No voy a responder a críticas sin fundamento, así que tampoco me molestaré en publicarlas.

Si alguien no comprende algo tan sencillo y vital como el poder de la Naturaleza para el desarrollo humano, tal y como lo entendieron todas esas celebridades que cito más arriba, o que entendemos millones de personas en el mundo, si alguien está en contra de mis palabras no tiene más que salir de este espacio e irse a otro donde pueda perder tiempo de su vida discutiendo con los demásNo creo ser muy original con todo esto, debe haber miles de blogs con los mismos argumentos.

Por eso, si vas de hater, busca. Lo mismo consigues que alguien que consuma cannabis pero no esté muy convencido de hacerlo, se sienta ofendido por tus palabras y quiera reafirmar su rollo discutiendo contigo. Yo sólo pretendo ofrecer perspectivas, no imponer ni discutir sobre nada.

Mi propuesta, en definitiva, es apoyar la legalización lo primero, y la regularización lo segundo. El cannabis bien abordado y, como todo, en su justa medida, es una planta de la que podemos obtener mucha salud y evolución. Cosas más peligrosas como los gases tóxicos de nuestros vehículos, las grasas hidrogenadas de nuestras dietas y el alcohol de nuestros bares matan a más personas. Y a todo eso, confiando en nuestros gobiernos, decimos sí. A la marihuana, que es una planta que nace de la Tierra, no.

Hagamos a un lado nuestros rechazos y Represiones y abracemos a un viejo mundo que ayuda diariamente a enfermos terminales, a miles de creativos, y al desarrollo personal y espiritual de millones de personas.

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20 pensamientos en “La marihuana: el comienzo del camino consciente”

    1. Me parece fatal que expongas con tanta seguridad (siempre hay excepciones) que el cannabis NO CAUSA DAÑOS FISIOLÓGICOS, además subrayado. Que me lo digan a mí que llevo padeciendo desde hace 2 años el cambio radical que ha experimentado mi hijo, desde que la empezó a consumir con 17 años. Ha dejado de estudiar, está depresivo, no se lava, me roba, me falta el respeto, etc.
      Él era un chico encantador, educado, buena persona y maravillosa antes de probarla.
      Y no me digas que seguramente, mi hijo consumirá otras sustancias porque NO, sólo fuma porros. Le hago analíticas continuas de 10 drogas distintas y sólo da positivo el THC por lo que estás completamente equivocado. LOS PORROS HACEN MUCHISIMO DAÑO, por algo sale ese anuncio en la tele tan significativo no crees?

      1. Pilar, si te parece fatal que me exprese libremente, tan solo tienes que dejar de leer. En cualquier caso, verás que sólo informo, jamás incito al consumo.

        Verás, yo consumo cannabis, no siempre pero puedo hacerlo varios días al mes. De hecho alguna temporada ha sido así. A pesar de ello, en ningún momento he dejado de ser educado, respetuoso y coherente, no he faltado a mi trabajo, a mi pareja ni a mi familia. Ni, por supuesto he robado ni he hecho daño a nadie 🙂

        ¡Cuidado con pensar que la droga fomenta el comportamiento negativo de un individuo! Si tu hijo presenta ese comportamiento se trata de algo que ya estaba en él, y va más allá del cannabis o de cualquier otra sustancia.

        Recuerda que el problema no es la sustancia, sino el conflicto emocional que conduce a consumir esa sustancia. No todos los que beben alcohol, por ejemplo, se meten en peleas callejeras.

        A algunos les da por descojonarse con sus amigos 🙂

        Para tus dudas y aunque los ignores, tienes los enlaces clínicos en el artículo; algunos son de médicos de gran reputación en su sector.

        Te animo a que los visites y discutas con ellos, yo sólo he tomado su información y hago un llamamiento para el fin de esta Represión injusta.

        Respecto a la televisión, el accidente no lo crean porro o la copa, sino quien coge el coche habiendo fumado un porro o bebido una copaLa irresponsabilidad no está en las drogas, sino en las personas que las consumen.

        Por último, deberías saber que no todo lo que aparece en la televisión de un estado opresor es cierto. Si tú si lo crees, te recomiendo que leas a Noam Chomsky para evitar que los medios te manipulen. Puedes empezar con esta lectura.

        Mis mejores deseos para tu hijo, y espero que tú sigas informándote. Te ayudará más que ese rechazo sistemático que muestras.

        Gracias 🙂

      2. Eso es por la falta de informacion en la casa.
        Si ustede deja que su hijo pruebe marihuana, licor, tabaco o cualquier otra sustancia antes de educarlo e informarlo es su culpa y mas si tiene 17 años.
        Yo probe la marihuana teniendo 28 años, por pensamientos retrogradas como el suyo que me hacían pensar que la droga era mortal, eso me ayudo a centrarme en mi vida, deje el licor, el alcohol, me gradue de abogado, hoy ya no veo tv y prefiero leer, me preocupan cosas las cosas importantes de la vida y me dejaron de importar cosas vanales como el.futbol, la moda.
        La television desinforma, miente, nos quiere ignorantes, por eso es preferible leer e informarse uno mismo.
        E insisto si su hijo anda de vago, no se baña yble falta al respeto es por que usted fallo como madre.
        Deje de ver tv, deje de leer la prensa, busque en internet, investigue, por ejemplo aqui en Ecuador hay el programa de un doctor especificamente el Dr. Albuja, que es un foco desinformativo de lo que es la marihuana.
        Como le dije a mi madre cuando recien empece a consumir, “Pregunteme, converse conmigo, esto no es lo que le contaron, revise cuanto fumo, vea si dejo de hacer mis cosas por fumar”
        Y en verdad le tendria mas cuidado al resto de drogas, hay drogas mortales a las cuales les meten en el mismo saco que la marihuana como son la cocaina, base de cocaina, heroina, crack, sales de baño, etc, etc las cuales la tv o los gobiernos no informan, por que son las que dan dinero y dejan zombie a la gente.

        Buen dia

      3. Sus amistades, su educación, la TV, la musica, la falta de amor y comprensión no tienen la culpa verdad?, sólo son los porros… Vaya mujer se ve que ni lo has tratado. Mis padres eran así y lo siguen siendo. Siempre fui la oveja negra de la familia, el menos…ya sabes a qué me refiero. Después llegaron los “porros” y lo admito era feliz igual que siempre (sin la atención de mis padres, pues ya me había acostumbrado) sólo que algo arruinó este “paraíso “, mis padres se dieron cuenta. Caí emocionalmente hasta donde no pude haber imaginado. Era un infierno, y mis padres sólo querían que dejara la marihuana, lo único que me hacía sentirme libre otra vez. Yo no era ningún inmaduro, idiota ni drogadicto..
        Sin embargo era juzgado por eso, que hice lo mande a la mierda todo. Que podía hacer, sólo era un “niño”. Rebeldia, violencia, malos pasos, aislamiento, miedo, inseguridad. Todo era para llamar la atención de alguien. Era una maldita esponja. No tenía filtro en mi cabeza . lo que entraba en mi cabeza (prejuicios,falta de fe, y todo eso) me calaba profundamente. Hasta hoy sigo buscando respuestas, sigo buscando la paz ,y claro sin el apoyo sincero de mis padres
        No eh probado otra cosa y no me interesa. Y talvez este mejor sin los prejuicios de mis papas. Un consejo: deja en paz el tema de la marihuana y concentraré en lo importante en querer a tu hijo. Puede que maña ya ni este.

  1. Hola Carlos. Me gustaria saber mas profundamente tu opinion acerca de los efectos de la marihuana en nuestra mente.

    Yo la he consumido en dos ocasiones. La primera via oral y seguramente en exceso. Entre en estado de panico, despersonificacion, paralisis, miedo, me sentia atrapado en mis pensamientos y creia que nunca iba a ser la misma persona. Puedo decir que fue el peor momento de mi vida.

    Recientemente pasado un año he vuelto a consumirla fumada, unas pocas caladas. He notado que me sigue pasando algo parecido. Empiezo a dudar de mi existencia, de porque las cosas con como son y me entra miedo… Me quedo callado y no soy capaz de expresar lo que pienso, me siento ajeno a todo. Por suerte esta vez supe controlar mi estado.

    Mi pregunta es si tu crees que es algo positivo sentir este tipo de cosas, si ayuda a conocerme mejor, o por el contrario es algo que deberia evitar. ¿Porque me pasa esto?

    Con el alcohol me sucede lo contrario, puedo llegar a veces a preguntarme cosas y profundizar en mi mente, pero digamos que al ser un represor supongo veo todo como mas claro, sin miedos, contrario a la marihuana, donde se me presenta un paisaje bastante desagradable y cruel de la vida, supongo que algo mas realista al mismo tiempo, no lo se.

    Un saludo y gracias por tu trabajo.

    1. Hola, Anonimo, ¿qué tal? Este espacio es para comentarios sobre el artículo. Las consultas personales puedes trabajarlas en una sesión personal conmigo, ¿de acuerdo?

      ¡Gracias!

    2. Lo que pasa es que nos da miedo pensar que todo aquello que creemos y en lo que hemos basado toda nuestra vida y nuestra manera de actuar es solo una parte de la realidad, y que hay mucho más que desconocemos. Tememos lo desconocido, tememos sentir cosas que nunca habíamos sentido porque no sabemos qué nos podría pasar.
      Creo que deberías plantearte tu filosofía de vida, plantearte que posiblemente no exista solo una verdad y menos que de tantos millones de personas tu seas el que más se acerque a ella. Plantearte que nada es lo que parece y que no podemos tener todo bajo control, pero confiar un poco en la naturaleza, que es sabia, y dejarte llevar por ella, fluir en ella.
      Tienes que dejar de lado los miedos y, cuando pruebes la marihuana otra vez, piensa en que es algo bueno, en que vas a disfrutar mucho, te vas a relajar y no vas a temer por los efectos, sino que los vas a mirar desde un punto de vista curioso, “a ver qué siento”, sabiendo que estos no te pueden hacer daño y pasarán en un par de horas. Todo depende de cómo te enfrentes a ello.
      Obviamente todo esto son hipótesis y consejos que he sacado en base a la experiencia (no pretendo ofender con mis palabras), pues yo he sentido cosas parecidas y ahora sin embargo soy una consumidora habitual. Supongo que al principio, por muchas ganas que tuviera de probar la marihuana, sentía que cuando la consumía dejaba de tener las cosas bajo control, veía la realidad de una forma diferente y eso me asustaba, y sentía un efecto parecido al que dices, de paranoia y miedo. Pero mis ganas pudieron con mis miedos y bueno, todo depende del ambiente en que la tomes, de cómo te encuentres contigo mismo y de tu afán de experimentación, tus ganas contra tu miedo. Solamente intenta relajarte y fuma poco, lo justo, déjate llevar, intenta dejar de lado tu conciencia y no pensar, y pronto te irás acostumbrando a este estado alterado de la realidad que poco a poco descubrirás que es maravilloso y que, cuando consigas relajarte, te proporcionará grandes debates filosóficos y muchas buenas ideas que nunca hubieras pensado sin él.

      1. Muy buena predisposición a aprender y experimentar desde la calma, la coherencia y el sentido común.

        Pues mil gracias por tu sensibilidad, Yaiza 🙂

  2. La verdad Carlos, es que en esto no puedo estar más en desacuerdo porque en mi trabajo y en mi vida personal he visto tanta gente desequilibrada y con la vida en caos por la marihuana, ya no hablamos de otras sustancias.
    No creo que abunden las personas inteligentes, maduras y responsables como para saber discernir con claridad esa línea que separa en su caso el uso con fines de desarrollo personal, del uso nocivo para su salud mental, para su vida y la de quienes le rodean.
    Si tú estás entre los primeros enhorabuena y entonces hablas de ese buen uso por ti, pero no me parece abogar por el uso de la marihuana en un artículo que sigue justificando esas vidas desestructuradas y cada vez con peor pronóstico.
    Por cierto, y si vamos al uso de otros psicotrópicos naturales con buenos fines, conozco de primera mano el uso de peyote y ayahuasca, y te aseguro que al cabo del tiempo no veo en esos círculos mucha gente con la cabeza centrada y los pies en la tierra, así que sólo me cabe sugerir mucha humildad y precaución en este uso tan terapeútico, espiritual y de crecimiento personal, en el que yo no creo y puedo recordar que desde el principio, antes de experimentar con ello, mi intuición ya me avisaba que ése no era un buen medio. Aún así experimenté un tiempo y finalmente lo que vi a mi alrededor me confirmó mis sanas sospechas.

    Un saludo de corazón Carlos, es una gozada leerte aunque no lo hago mucho porque no suelo dispersarme de lo esencial en mi vida, ni siquiera en lecturas, pero en alguna ocasión la lectura de un artículo tuyo se convierte en parte de lo esencial y agradezco esta conexión sagrada con lo que escribes. Aho hermano!

    1. Hola Ángeles,

      El caso de familias desestructuradas no se debe al tema del cannabis sino al uso indiscriminado de todo tipo de drogas. En el artículo hago mención a ese uso irresponsable fruto de la inestabilidad emocional, y por qué no podemos meter todas las sustancias en el mismo saco.

      Por otro lado, decía Krisnamurti que “no es síntoma de buena salud estar adaptado a una sociedad profundamente enferma”. ¿Qué es, entonces, estar centrado y tener los pies en la tierra?

      Todos los caminos son válidos, y el de una sustancia natural que no ha matado a nadie, aún más.

  3. No consumo, pero respeto al q lo hace. Tampoco estoy de acuerdo con lo de la borrachera. Muchos me gusta por una foto de haberse puesto en pedo una noche?? no tendras mi “me gusta” seguramente… no me parece gracioso. Todo en EXCESO es malo. Fumate un porro, un pucho, tomate un vinito, comete un huevo frito, jugate una fichita en el casino, comprate un par de aritos…….un, un, un… pero un!… la gente siempre quiere mas, y ese es el problema…

  4. es un lujo poder leer algo con lo que estas deacuerdo, es una batalla perdida intentar convencer a la gente, tu mismo lo descubriste por casualidad igual que yo, sino seguiriamos viendo como antes la marihuana como una droga mala.

    1. Así es, enric, nadie escarmienta en cabeza ajena. Creo que todos debemos saber de lo que hablamos y tener una edad para hacerlo.

      En cualquier caso, si alguien tuviera una mínima duda sobre esto, quiero ser un reflejo más de los miles de espacios en Internet que hablan de lo mismo.

      Gracias por tu comentario.

      1. Yo tengo un problema con la marihuana a condicionado mis días y mi vida. Pienso q sin excesos no afectaría tanto pero no saber controlarlo y q ello te controle a ti me está arruinando mi vida

  5. Sinceramente me sorpendio, hace bastante la consumo. Pero a hora aprendí como consumirla. No soy de esas personas que fuman todos los días pero si me gusta relajarme cada tanto y conectarme con migo mismo. Algo de lo que quede sorprendido fue cuando nombraste lo de la empatia ultima mente me pasa seguido, siento mucha mas empatia que antes y eso es bueno porque te habré la cabeza. La verdad ojala mas gente se conscientise de que el consumo de marihuana bien administrado nose si te hace bien pero tampoco mal y aveces es bueno y necesario porque ami por lo menos particularmente me lleva a conectarme con migo mismo y mis miedos. Saludos

  6. Muy bueno Carlos! Se nota que hablas desde la experiencia, y contra eso no hay nada, y tampoco hace falta discutir una verdad propia, sino simplemente compartirla! Y la verdad es que concuerdo con todo lo que escribes, una vez que te encuentras contigo mismo, no necesitas nada mas, nada que medie entre tu y tu.. Y eso es a lo que lleva esta increible planta, una llave que abre esas puertas custodiadas por ilusorios fantasmas, que asustan al comienzo pero que una vez traspasados no vuelven nunca mas. Abrazos!

  7. hola! me parece interesantisimo lo que escribes, entiendo a la perfeccion lo que dices de mirar dentro de ti para encontrar las respuestas!
    Debo confesar que me pasaba lo mismo que a ti! en cuanto a las inseguridades, los miedos y todo ese tipo de distorsiones que crea nuestra mente y el ego para no desarrollar nuestro verdadero potencial….
    Cada que yo fumaba marihuana se incrementaba mi desconfianza aun cuando estaba con amigos o personas de confianza, sin embargo hasta hace poco comence a observar porque sucedia eso y funciona muy bien respirar y fluir con las sensaciones que te genera el canabbis. A raiz de esa introspeccion me siento mas en paz y en armonia con la vida, entiendo y acepto que hay algo mucho mas fuerte que el plano fisico y me encanta sentir la presencia de seres de luz.

    muchas gracias por este articulo! era justo lo que estaba buscando.

  8. Una vez más quiero agradecerte el contenido de esta lectura, soy una mujer de casi 50 años, con muchos tropiezos en mi vida y muchos rechazos, represiones con tremendos miedos y por ende atrayente de todos ellos, deseosa de sanar pero bloqueada de no saber como hacerlo, ni por donde empezar, sin embargo convercida totalmente de que la mariguana es una hierva generosa y que puede aportar a muchas almas entre ellas la mía un estado de consciencia y paz. Que siga tu luz hacia mi Carlos y que sigas ayudando a muchas personas como yo a aceptarse y ser felices sin depender más que de nuestra fuente. Para mi ese es mi mayor deseo se feliz conmigo. Te envío un abrazo.

  9. gracias!!!! Mi novio me acaba de decir drogadicta.. solo porque me gusta fumar, meditar y sentirme conectada con todo, por amar la tierra con toda mi alma… me dijo que si no la dejaba yaaa … no quería estar conmigo… bueno sentí impotencia porque no entiende lo que siento… me encerré en el baño… y encontré este artículo..y bueno pues gracias… lo describiste perfecto…

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