La llamada de la dependencia

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Mucha gente sigue sin entender la diferencia entre depender y Amar.

Recuerdo que hace unos años una amiga mía empezó a salir con un chico. A ella no le gustaba demasiado, y aunque me pidió consejo sobre esa relación y yo le dije que debía Amar a esa chico para estar a su lado, no quiso romper con una entretenidísima relación donde había cine los domingos y sexo cada dos por tres.

Aquel chico, también dependiente (como no podía ser de otra manera, ya que reflejamos y conectamos con las personas que son como nosotros), acababa de salir de una relación en la que había estado a punto de casarse, y en la que había prefijado una serie de costumbres, hábitos casi enfermizos, tales como llamar a su pareja todos los días a ciertas horas.

Una de esas horas era las cuatro de la tarde: todos los días a las cuatro de la tarde él llamaba a mi amiga. Y ella me decía: “qué harta estoy de que me llame todos los días a la misma hora, no sé ni de qué hablar con él”.

El tiempo pasó, y la queja del tipo “¿qué quieres que te cuente?, hemos hablado hace dos horas…”, pasó a un “sí, por aquí, estoy, ¿voy luego a la compra o ya no hace falta?”. Mi amiga se había habituado a esa llamada, y la esperaba cada día, a las cuatro de la tarde, un poco antes de volver al trabajo después de comer.

Un buen día (porque los días, a pesar de traer cosas malas, siempre son buenos), dieron las cuatro de la tarde; mi amiga miró su móvil, vio que no recibía ninguna llamada y decidió esperar. Las cuatro y cinco, las cuatro y cuarto, las cuatro y media…

… y así estuvo durante una hora, pensando en qué le podría haber pasado a su novio. ¿Por qué no le había llamado? ¿Qué había ocurrido? ¡Quizás había sufrido algún accidente! Estuvo en jaque hasta la noche, sin saber de él, llamándole incesantemente para saber qué había ocurrido.

Lo que había ocurrido era que aquel chico se había defraudado con ella (tanto como ella con él), pero siguió actuando como novio. Y como no llenó sus vacíos a través de una relación clonada de la anterior, porque todos los vacíos y carencias se solventan con el Amor propio, no el de los demás, siguió en esa relación mientras esperaba a su supuesto Amor verdadero (que no estaba en ningún sitio sino en su interior).

El problema es que él creyó encontrar a ese Amor verdadero en una compañera de su trabajo. Y por eso no llamó a mi amiga, porque aquella tarde… tenía planes con otra chica.

Con la que él creía que iba a ser su “verdadero Amor“.

Mi amiga se volvió, literalmente, loca. Loca de celos y rabia, de impotencia, de dolor, de lágrimas. ¡Jamás quiso estar con aquel chico!, ¿cómo había llegado a esa situación de apego y de dependencia, como para llegar a sufrir por no recibir la llamada de costumbre?

Gran problema… ¿a quién no le ha pasado?

Para Amar, debemos Amarnos a nosotros mismos, no buscar el Amor en los demás. Si lo buscamos en los demás, y establecemos una serie de pautas para sentirnos seguros, para sentirnos confortables, queridos, atendidos y respetados, obtendremos lo mismo que obtuvo mi amiga: una relación de mentira, llena de hábitos innecesarios que, a pesar de no demandarlos, se convierten en una necesidad de primer orden.

Depender es necesitar algo que no es tuyo

Acabó enganchada a algo que nunca tuvo ni quiso.

Y a eso, engancharse a algo que nunca tuvo ni le hizo falta, se le llama dependencia… no Amor.

Si de verdad queremos ser felices, debemos Amarnos a nosotros mismos para Amar a esa otra persona que está a nuestro lado, en lugar de amarrarla a nuestros caprichos y necesidades. Es lógico: un comportamiento como ese, crear un universo de llamadas y constantes ataduras no es ningún “nido de Amor” sino, únicamente, una dependencia tóxica y dañina. Una dependencia que se disfraza de Amor para engatusar a nuestros sentidos, convirtiendo las relaciones personales en dolorosos e imborrables tatuajes sobre la piel de nuestra alma.

Marcas imborrables que veremos cada día frente al espejo de la Vida, al reflejarnos en esa otra persona que tanto depende de nosotros y tanto nos recuerda con sus hábitos y costumbres, lo mucho que nos necesita… y lo mucho que la necesitamos a ella.

Por todo esto, hay que Amar mucho… pero depender lo menos posible.

Fuerza para ti 🙂

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