Karma: ¿vuelve lo que le haces a los demás?

“Nadie escapa de sí mismo.”
Baghavad Gita

 

Cada cosa que hagas en la Vida, te será devuelto, bueno o malo, no importa cuál sea tu opinión sobre ello.

Lo que importa es el hecho, la acción en sí.

Si has vivido lo suficiente, te habrás dado cuenta de que esto sucede siempre, de forma inexorable, y marca no sólo el camino de  tu vida sino el de todas las vidas que tengas. ¿Cómo funciona este acto de devolución universal, de causa y efecto, de Karma?

Cada acto conlleva una vibración. Como si golpearas un gong de metal, haciendo que vibre un tiempo. De la misma forma, cualquier acto que realizas en la vida tiene una vibración, y ese movimiento mantiene a la energía vibrante, desatando una serie de consecuencias, de efectos, anclados al origen de esa fuerza.

Comprendiendo que todas las fuerzas se originan por vibración, y que todo acto tiene un centro de acción, puedes llegar a la infinita comprensión de que la Vida, en su totalidad, es un espectro vibrante que pende de ese Centro que, en primera y última instancia, es tu consciencia.

Para nuestra visión macroscópica y limitada del mundo, es muy difícil comprender el origen y consecuencias de cada una de las vibraciones, de cada centro de acción que origina la mente pensante. Es muy difícil saber por qué ocurre esto o aquello, totalmente conectado con efectos lejanos y remotos (si has visto la película Babel comprenderás cómo de lejanos pueden ser ciertos efectos), pero todas las acciones se deben a la fluctuación de la energía y desatan ciertas consecuencias, efectos necesarios que, más tarde, acabarán equilibrándose hasta llegar a cero.

Como un estanque sobre el que tiras una piedra y genera unas cuantas ondas que se propagan por el agua, los efectos crean un efecto dimensional y, al final, acaban por dejar de hacer vibrar el agua. En nuestras vidas sucede lo mismo, sólo que nuestro mundo es adimensional, con el Vacío en su centro.

Esto significa que todas las ondas que se propagan desde el Punto Cero vuelven siempre al mismo Centro, no se propagan indefinidamente ni se pierden. Todas vuelven al emisor, no por ningún tipo de “enjuiciamiento divino”, sino porque la vibración se genera en un Punto Cero, porque no existen las dimensiones, así que no hay un aquí y un allí, sino una vibración adimensional y atemporal que se resuelve en espacio y tiempo debido a la consciencia humana.

Todas las acciones que realizamos, por tanto, salen de nosotros y vuelven a nosotros gracias a la dinámica toroidal. Y esas acciones son las que están creando, en estos momentos, el ADN de nuestros futuros padres, hijos y tataranietos. Todo el ADN hace de “Internet humano”, conectándonos entre sí como lo explicaba en mi cuaderno de reflexiones filosóficas con el título La red de sucesos interconectados.

A partir de aquí, lo que cada acción tarde en equilibrarse depende de muchos factores. Depende de la intensidad de la acción mental, causada por la emoción ya sea positiva, de crecimiento, o negativa, de culpa. Las ExpresionesRepresiones, se manifiestan tarde o temprano, y es necesario aceptar las consecuencias de sus efectos.

Aceptar las deudas kármicas, aceptar las pérdidas, es lo único que neutraliza la vibración y, por tanto, el Karma.

La deuda.

Si no aceptas la pérdida y devuelves esa consecuencia al espectro, y sigues creando una emoción, ya sea positiva o negativa, de crecimiento o aflictiva, provoca que la deuda permanezca constante en el tiempo hasta que la energía mental la neutralice.

Obviamente, no es lo mismo generar una energía positiva, de mirar más lejos, en lugar de una energía negativa de anquilosarse en el pasado.

El Karma, por tanto, tiene origen y fin en ti, y el trabajo de aceptación, con un profundo trabajo de Meditación, te ayudará a neutralizar los efectos generados por raíces sembradas en el principio de los tiempos.

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