Jesucristo: ¿origen del mal o camino hacia la iluminación?

“La humanidad progresa,
hoy solamente quema mis libros.
Siglos atrás me hubieran quemado a mi.”
Sigmund Freud

 

Al principio todo era un paraíso (Génesis 1: 10b, 25b, 31ª), pero Adán y Eva desobedecieron, hizo aparición el mal (o la visión humana de éste) y todo se fue a pique. Por ello, el dios vengativo y lleno de ira que los cristianos veneran —capaz de mandar a sus hijos al infierno—, harto de cosechar mal, se sacó de la manga un diluvio universal para acabar con el mal pandémico que su propia creación había extendido por toda la Tierra (Génesis 6: 1-7). Menos mal que, como dijo el académico francés Chamfort, “lo único que impide a Dios mandar un segundo diluvio, es que el primero fue inútil”.

Se sucedieron entonces diferentes dinastías de reyes, con las que Yaveh siguió comportándose cruel, exigiendo sacrificios y enviando plagas para acabar con hombres y mujeres (¿tendría razón Nietzsche al preguntarse “si el hombre es un fallo de Dios, o Dios sólo un fallo del hombre”?)

Al ver que el circo se le estaba yendo de las manos y para hacer gala de su poder salvífico, envió a la Tierra un libertador. Un Mesías que inyectara un mensaje de paz y Amor en el corazón del ser humano, tan ahogado por el mal de sus actos.

Jesús, el hijo del carpintero, apareció en un contexto histórico plagado de odio, analfabetismo y enfermedad, lo que hizo que el pueblo le proclamara Rey de los judíos.

Una lástima: las palabras de Amor de un Salvador puestas al servicio de intereses nacionalistas.

No voy a entrar en la más que probable inexistencia de Jesús: tal y como lo personifica la iglesia. Hoy sabemos que no existe ninguna evidencia histórica que apoye lo que relatan los evangelios, y aunque Jesús hubiera existido como tal, y no como un hippy pre-modernista, el mito apunta a ser un invento del esquizofrénico, misógino y loco Pablo de Tarso (tal y como lo reseña el filósofo Michel Onfray).

Tampoco me centraré en la más que probable educación budista de Jesús durante su infancia, previa visita de los “Reyes Magos de Oriente”, tal y como acostumbran los monjes budistas al visitar a las reencarnaciones de sus lamas; ni siquiera abordaré la ya manida comunión de sangre con María Magdalena estigmatizada en el famoso caliz de Cristo. Dejaré todas esas cavilaciones para otros autores y formatos, como sucede con el inquietante y desmitificante Zeitgeist:

Mi deseo, por el contrario, es hacer una reflexión sobre el fin último de la vida de un Ser despierto cuya historia acabó absolutamente travestida por las “sagradas escrituras”. ¿Se te ocurre alguna conclusión de por qué existió Jesús? Te daré una pista: para sembrar la ignorancia y el mal en el mundo.

Quizás lo que sigue no es un agravio contra Dios, sino más bien la Verdad para Amar el mensaje, no a sus mensajeros.

Vivimos rodeados de la suficiente tecnología como para que encuentres explicaciones sobre todo; si buscas información sobre por qué Jesús llegó a la Tierra te encontrarás con manifiestos, algunos casi sectarios, que argumentan diversas razones. Algunos te dirán que Jesús vino a revelar al Padre, otros a rescatar a la humanidad, algunos a servir, estos a hacer la voluntad de Dios, aquellos a destruir las obras del diablo, y los más interesados te dirán que a expiar el pecado o a predicar las buenas nuevas del reino de Dios.

Empecemos con las malas noticias: ¿crees que Jesús vino para traer un mensaje de amor? No te engañes: la época en la que aterrizó Jesús en el mundo había decenas de religiones; sólo en Israel había, según la Biblia, “12 tribus dispersas” (Mateo 15:24). Los reinos asiáticos contra los que Oriente Medio quiso competir espiritualmente para abnegar y controlar al ser humano, ya contaban con religiones como el budismo o el taoísmo cuyas bases filosóficas carecían de rendición icónica, es decir, no adoraban a dioses; contenían un mensaje de amor donde el ser humano era principio y fin de todas las cosas. Y las religiones que veneraban a dioses, como el hinduismo, enarbolaban un mensaje de amor y esperanza que acogía con los brazos abiertos a otras religiones…

Es decir, las religiones que había por aquel entonces ya hablaban del Amor cientos de años antes de que Jesús bajara del cielo. ¿Aún crees que la filosofía oriental, intacta miles de años después de su creación y seguida por 3.000 millones de personas, se ha visto influenciada por las palabras de Jesús? ¿Crees que es más válido el autoritarismo católico, que en nombre de su dios ostenta el título de institución religiosa más sanguinaria por sus cruzadas, guerras y los millones de muertes que tiene a sus espaldas?

Siglos y siglos de horror no dan lugar a dudas: “tenemos bastante religión para odiarnos unos a otros, pero no la bastante para amarnos”, gran cita del político irlandés Jonathan Swift.

Si quieres podemos seguir analizando las supuestas aportaciones de Jesús al mundo: ¿revelar la existencia del Padre? ¿Y no sería más justo que los que creen en Dios demostraran su existencia, en lugar de señalar indignamente a los que no creen en ella?

¿Hacer su voluntad en la Tierra? Pues preguntémonos: ¿cuál es la voluntad de Dios? ¿Sociedades controladas por gobiernos, que son controlados por empresas, que a su vez son controladas por los bancos, que a su vez son controladas por familias de oligarcas? ¿Es esa su voluntad?

Personalmente, es el concepto más cercano al infierno que conozco.

¿Destruir las obras del diablo? El filme histórico Ágora de Alejandro Amenábar refleja a la perfección lo que ocurrió con el fanatismo cristiano: la pobreza espiritual de la época hizo que las personas sin conocimientos ni recursos destruyeran el conocimiento establecido, imponiendo una visión dogmática y unilateral, sin fundamentos, perpetuada por todas las generaciones ulteriores: por poner un ejemplo, no entendemos la religión maya porque en tiempos de conquista se asesinó en nombre de Dios a miles de personas, aniquilando todo el legado de las culturas que ahora llamamos precolombinas. La única obra que se destruyó fue la del conocimiento, en tristes episodios como el de la Biblioteca de Alejandría.

¿Expiar el pecado? Bonita misión, pero ¿quiénes forman la comitiva de expiación? ¿Los curas y sacerdotes que lideran el ranking de pedofilia en el mundo? ¿Los que visten caros ropajes y pesados anillos en sus manos mientras una inmensa población tercermundista muere de hambre? ¿Los que condenan el uso del preservativo? ¿Los que argumentan que la homosexualidad es una enfermedad que debe ser tratada? ¿Los que se ven involucrados en turbios negocios de blanqueo de capital?

El humorista inglés Douglas Williams ironizó sutilmente sobre la diferencia: “la religión esta en el corazón, no en las rodillas”.

La realidad, la triste realidad, es que el legado de Jesús, el único fruto de su paso por la Tierra… es la iglesia. Y la Iglesia vive en comunión con los gobiernos del miedo, constituyéndose como la principal maquinaria reduccionista del ser humano, anulando sus capacidades y limitando sus posibilidades extrafisicas.

Dos mil años después de la venida de Jesús a la Tierra tenemos un mensaje de amor prostituido por el proxenetismo eclesiástico: el mundo está sumido, precisamente por acción de los gobiernos del miedo en comunión con la iglesia, en una vorágine de analfabetismo religioso y autodestrucción, en un constante trabajo que comenzó por apropiarse de la tecnología de antiguas civilizaciones tras saquear las pirámides de Egipto (y que ahora guardan en sus dependencias del Vaticano), y terminando por eliminar la única capacidad de crecimiento espiritual del ser humano mediante la atrofia de la glándula pineal (símbolo representado en muchos de sus iconos pineales).

Jesús, por tanto, ese Maestro de Luz que Amó a la humanidad a comienzos de nuestra era, sólo tuvo una descendencia: la iglesia romana. Una iglesia afanada en constreñir y sesgar perspectivas a través de un profundo, constante y despreciable odio hacia el ser humano que miles de personas han sufrido y siguen sufriendo hoy día.

Así es como te ama tu iglesia: manipulando tu consciencia, haciéndote sentir culpabilidad y miedo. Citas como las del escritor francés Anatole France lo evidencian: “el cristianismo ha hecho mucho por el Amor convirtiéndolo en pecado”.

Paradójicamente, la actual evolución de la sociedad deja entrever un despegue espiritual, precisamente al huir del gran engaño de la iglesia católica. Ante esto cabe preguntarse: ¿sabía Jesús que esto ocurriría? ¿Vino al mundo para iniciar un período de oscuridad que sólo vería la Luz en la esperada Era de Acuario? ¿Creó este mensaje para que el fanatismo diseminara la ignorancia, se cometieran todo tipo de atrocidades, y ello constituyera nuestra repulsa hacia la iglesia? ¿Significa esto que Jesús fue el germen de la iluminación?

La iglesia católica, institución basada en el ego y no en el Amor

Si esto es así, significa que cuanto más cerca nos encontremos de la religión, de las palabras de un Maestro de la Luz como Jesús, Buda o Mahoma, y más nos alejemos de las iglesias que han resultado como fruto de su paso por la Tierra, mayor riqueza espiritual cosecharemos. “El cristianismo podría ser bueno, si alguien intentara practicarlo”, dijo el escritor irlandés George Bernard Shaw.

Tristemente, las personas siguen sin creer en palabras maestras porque le hacen ahondar en su Ser, responsabilizándola de su destino. La gente corriente, la abocada a la manipulación, prefiere no profundizar demasiado, quedarse en actos de frivolidad propios de la iglesia, institución que pasea floridos maniquís de madera por las calles para que la gente les cante, protege a su máximo representante con modernos vehículos blindados y caras escoltas, y apoya a los gobiernos del miedo en su labor reduccionista.

Estaba convencido Oscar Wilde de que “en un principio Dios hizo un mundo distinto para cada hombre, y que es en ese mundo, que está dentro de nosotros mismos, donde deberíamos intentar vivir”.

Ahora, tú, sincérate con la Vida, con tu destino y con tu Felicidad: ¿vas a empezar a trabajar con palabras de Amor que descubran tu interior, o vas a seguir creyendo en iglesias del miedo?

7 pensamientos en “Jesucristo: ¿origen del mal o camino hacia la iluminación?”

  1. Tema aparte (o no) Richard Harris en su libro “Vacas, cerdos, guerras y brujas”, nos habla de la existencia real de este “mesías” quizá no tan pacífico como nos han querido hacer llegar a través de la historia. Buen artículo, adelante con más fuerza que nunca!

  2. Estupendo artículo Carlos.

    Me encanta la sencillez y la naturalidad con la que transmites los conceptos y los artículos, cada uno de ellos, pequeñas ventanas hacia el mundo real.

    Un apunte, el término iconoclasta, procedente de iconoclasía, es el movimiento que rechaza y elimina los iconos de los dioses, verdad?

    El hecho de decir que las religiones budistas y taoístas rechazan una rendición iconoclasta, no es una contradicción?

    Un saludo.

  3. Es lo mas coherente que he leido en mucho tiempo y concuerda con las conclusiones a las que he llegado despues de preguntarme, mujchas veces, el sentido de la religion.
    Me ha servido, gracias.

  4. Llevo unos 10 años pensando en este tema, preguntándome por que si dios nos ama, si somos sus hijos, si él es amor, si en la biblia están escritas todas las posibles maldades para evitarlas, la forma en que debemos vivir para hacerlo como hermanos TODOS. Entonces, ¿por qué la iglesia hace tantas maldades? ¿Por qué dentro de esa institución cuanto más alto es el nivel jerárquico mas atrocidades y muestras de maldad hay, cuando debería ser al contrario? ¿Por qué fue la iglesia la culpable de tantas matanzas en el pasado? Llegue a la conclusión de que tanto Jesús como el Padre como el Espíritu Santo simbolizan el Todo, la Nada y el cambio, no en ese orden. Que la iglesia somos las personas, lo terrenal, lo tangible y que las personas se corrompen fácilmente por el poder o la posibilidad de tenerlo y si para ello tienen que usar la religión, lo harán, tal y como se puede ver en la película El Libro de Eli. Desde que saqué estas conclusiones di de lado a la iglesia, tanto la que representamos las personas de la calle como la institución en sí, y me centre en lo verdaderamente importante, la espiritualidad, eso sí, con la mente abierta a todas las posibilidades. Porque creo que todo lo llevamos escrito en el alma, en la conciencia o como queramos llamarlo y que teniéndola limpia, al comparar experiencias vividas con lo que llevamos escrito, sabemos cuál es el camino correcto incluso si a simple vista o por lo que nos han enseñado a creer, pensamos que no lo es. Como bien dices Carlos, la verdad se impone por sí misma y la intuición no se equivoca. En conclusión, no creo que Jesús sea el origen del mal, sino las propias personas y nuestro afán por tener por debajo a cuanta más gente mejor. Un saludo.

  5. No hemos de pedir responsabilidades a visionarios o teólogos, como Jesús ( en el caso de que haya existido ), el cuál trató de transmitir un mensaje bastante avanzado a su tiempo, si tenemos en cuenta el pensamiento de las sociedades del momento en según que regiones.

    La culpa no es del “profeta”, que tan sólo aporta un modelo de ver la vida, como otros muchos filósofos …,, sino a la manipulación y endiosamiento que ha ido tejiendo la Iglesia a lo largo de siglos.

    Por todo ésto no entiendo como puede seguir habiendo tantas personas (sobre todo personas cultivadas) que creen en la Iglesia.

    Dios, “ser” de bondad infinita;
    ¿Habría mandado a un hombre sabiendo las consecuencias negativas que mas tarde se desatarían de este echo?,
    ¿No sabía Dios que el traer al mesías al mundo tangible se originarían guerras, pederastia, abusos de poder…?,
    ¿No lo sabía?,
    ¿Qué tipo de Dios es entonces?

    Ah!, espera, que Dios pone pruebas al hombre para que aprenda…, hay que sufrir en este mundo para poder disfrutar de la Gloria Eterna.

    La Iglesia desprecia este mundo, desprecia al hombre, desprecia el placer terrenal, en definitiva, da más valor a la vida después de la muerte, algo que no podemos probar si existe o no que a lo que podemos experimentar en el mundo tangible.

  6. Si Cristo existió o no para mi no es muy relevante, su historia se supone que comenzó a escribirse 200 años después de su muerte por personas que ni si quiera le conocieron. Sin comentarios.

    Me pasa un poco como a Marisa, hace tanto tiempo que tengo claro que la Iglesia (poned el apellido que queráis) solo quiere mantener el poder y el dinero que da el poder, y para ello se vale sobre todo de la ignorancia y del miedo de la gente, de la manipulación, que todavía me sorprende encontrar a alunas personas, con un nivel cultural medio, que siguen creyendo en la iglesia y sus dogmas.

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