Foxconn, la cárcel de la consciencia

Steve Jobs fue uno de esos seres prodigiosos que, de vez en cuando, la raza humana tiene la suerte de conocer.

En unas décadas, muchos de los que vivimos el inicio de la informática, el nacimiento del primer ratón, la moda del MP3, el boom de los teléfonos táctiles o las tabletas digitales, podremos decir orgullosos que compartimos era con el creador de esas sublimes piezas tecnológicas, cuyo espíritu y energía se pueden sentir al tocarlas por primera vez.

Un verdadero privilegio disfrutar de las obras maestras de un artista irrepetible, que dejó su huella en nuestras vidas para siempre.

Jobs cambió cuatro industrias: la informática (Macintosh), la música (iTunes y iPod), la animación por ordenador (fundó Pixar y creó Toy Story, primer largometraje de animación infográfica, ganador de un Oscar) y la telefonía móvil (iPhone). Y todavía guarda un póstumo as en la manga, al haber imaginado varias industrias que ha rediseñado desde cero.

Entre ellas la televisión y el transporte.

Un hombre al que jamás le preocupó el dinero, que dejó bien claro que no quería ser “el más millonario del cementerio”, y por lo que no permitió que su propia compañía le pagara más de un dólar al mes; amasó una fortuna en acciones gracias al inmenso imperio que hizo resurgir de sus propias cenizas en 1997… y fomentó un sistema de trabajo que, hoy día, abnega la capacidad de cientos de miles de seres humanos sin motivación por su trabajo.

El sistema que vio la Luz en Apple, el rigor con el que se diseñan productos en California, se hizo extensivo a Foxconn: la cárcel de la consciencia.

Pero, por supuesto, no es posible extender la pasión por diseñar al mero acto de ensamblaje.

Conozcamos un poco qué es Foxconn.

Multinacional con sede en Taiwán, con fábricas en varias ciudades del mundo como Ciudad Juárez, en México, pero cuyo verdadero núcleo reside en la llamada “Ciudad iPod”: Shenzhen. Un caos multicolor, atestado de luces LED y radiación electromagnética cuya periferia, alejada del flujo tecnicolor, ostenta un gran monstruo de hormigón donde trabajan 400.000 trabajadores.

Sí, has leído bien, cuatrocientos mil, los mismos habitantes que hay en Murcia. ¿Te imaginas que todas las personas que viven en Murcia, casi medio millón, fueran todos los días a trabajar a un mismo centro?

En ese enorme centro de esa pequeña ciudad al sur de China, anclada en un asfixiante imperialismo económico, es donde se materializan día y noche gracias a cientos de miles de manos, todos esos aparatos electrónicos que los elitistas diseñadores industriales de la californiana Apple inventa en la otra punta del globo.

¿Te imaginas cómo puede llegar a ser la vida en una fábrica tan inconmensurable, en la que sus dueños crean habitáculos (a los que no se puede llamar casas) para que decenas de miles de trabajadores hagan vida allí? ¿Para que no pierdan tiempo en desplazarse, y vivan permanentemente anclados a su trabajo de doce, dieciséis e incluso veinte horas diarias? ¿Puedes llegar a imaginar lo que es dormir en una litera dividida en ocho compartimentos, con una anchura de medio metro para cada compartimento, y que esa forma de hacinar trabajadores uno sobre otro, cientos, miles, decenas de miles en inmensos cuarteles, sea el modus operandi de la fábrica que crea miles de puestos de empleo…

… y cientos de suicidios cada año?

Porque en Foxconn se suicidan anualmente cientos de personas. A pesar de las redes que pudiera haber instalado Foxconn en sus fachadas… sí, esas personas siguen suicidándose desde que abrió la veda Ma Xianqian, una joven trabajadora que se precipitó al vacío cuando contaba con tan sólo 19 años de edad.

El problema, sin embargo, no son las horas extra. Ni siquiera lo es hacinarse en pequeñas, ruinosas y carcelarias viviendas. El problema es el modelo panóptico de trabajo. Un modelo donde no existe ningún tipo de vinculación entre el obrero y la empresa. Todo aquello que descubrió Henry Ford y que le llevó a aumentar el sueldo de sus empleados y ofrecerles vacaciones, es ciencia ficción en Shenzhen: allí sólo descansan dos días al mes, y sus jornadas no son las nuestras.

No son “horas occidentales”. ¡Ni siquiera son minutos occidentales! Son “minutos Foxconn”, es decir, minutos reales, mensurables, de sesenta precisos e insufribles segundos. Y el modelo panóptico asegura que esto se lleve a cabo.

Veamos: cada trabajador chino forma parte de una cadena de montaje en la que no hay máquinas. Todo se hace a mano. Nadie habla, nadie murmura, nadie mira a su compañero de trabajo. Nadie es persona, se mimetiza en la máquina que la empresa le ha asignado ser. Y, entonces, monta, ensambla, atornilla o limpia pantallas, si es que limpiar con n-hexane, un producto neurotóxico que destruye los nervios y genera enfermedades similares al Parkinson, puede llamarse “limpiar”.

En esas inmensas letanías de montaje, en esas cadenas de decenas de miles de personas que pierden su espíritu, sueños y deseos, hay cámaras vigilando. Veinticuatro horas del día de grabación de cada trabajador: cada pequeña cadena de diez personas está controlada por un operario que supervisa las maratonianas jornadas de doce horas, vigilando cada movimiento de los trabajadores, y amonestando y sancionando a aquellos que retrasan la productividad.

Para ir más allá, cada grupo de diez observadores está permanentemente observado por otra jerarquía superior, un observador que controla a los observadores, que a su vez controlan a los trabajadores.

Trabajadores que son controlados, controladores que son controlados. Un modelo panóptico donde todos saben que son observados, un Gran Hermano orwelliano que convierte a las personas en piezas de un sistema que vigila al resto, y que conduce a situaciones como la de aquel trabajador que pisó el césped que hay en los parques aledaños a la fábrica, su propia hermana denunció el hecho y, seguidamente, un policía le dejó inconsciente con una porra eléctrica.

Por eso en Foxconn se suicidan sus trabajadores: porque son observados, anulados, esclavizados según el modelo panóptico que Michel Foucault tildó de óptimo para que las sociedades modernas lograran la obediencia y disciplina, y que en su origen fue una prisión pensada por el filósofo utilitarista Jeremy Bentham.

Una prisión donde los prisioneros están a la vista y los guardianes escondidos. Donde los capataces que persiguen son perseguidos, donde nadie está a salvo. Y donde el final del día se requiere la respuesta “bien, muy bien. Muy, muy bien” a la pregunta ¿qué tal va todo?… bajo amenaza de despido si la respuesta es diferente.

Un mundo frío, yermo y sin vida, donde cada movimiento está permanentemente controlado por una mente egotista que se nutre de los más grandes egos del mundo.

Pero, obviamente, Apple no es la mala del cuento. Steve Jobs lo dejó bien claro: si no vives mi sueño, vete. No estás obligado a trabajar para mí. Sin embargo, las cadenas de montaje no rezuman la creatividad de la empresa madre y, así, todas las empresas del mundo fomentan las dosis de esclavitud: mira en casa, detrás de tu televisor, dale la vuelta a tu teléfono móvil, o mira debajo de ese juguete electrónico que compraste para tu sobrino en Toy’s r us. Sí, todo eso que pone “made in China” está hecho en Shenzhen, la cárcel de la consciencia.

Una verdadera prisión absolutamente desregulada, donde los derechos humanos brillan por su ausencia, y que ha servido a Steve Jobs y a otros muchos magnates de la tecnología para hacer un negocio planetario.

n realidad podría regularse el trabajo, generarse más empleo, crear rotaciones en las cadenas de montaje, incluir maquinaria que sustituya a las personas, dotar de protección contra el n-hexane, impedir que niños de diez, doce o catorce años que piensan que trabajar en Foxconn es tener una oportunidad en la vida entren en sus dependencias. Podría hacerse todo esto pero, ¿por qué no se hace? ¿Por qué Foxconn sigue anulando obsesivamente cientos de miles de vidas humanas?

El motivo está claro: limitar el poder de la consciencia global. Y de eso es responsable China, ningún otro país, ningún otro magnate, ninguna otra empresa ni sueño.

Hace ya unos años, en mi libro Encuentra tu Expresión, hablé del Proyecto de Consciencia Global (GCP, Global Consciousness Project) que lleva funcionando desde agosto de 1998. Un sistema basado en una red de hardware que genera eventos aleatorios (REG), cuyos sensores se han instalado en lugares concretos del planeta, y cuya información se almacena de forma análoga a un electro-encefalógrafo (EGG) del cerebro humano.

Es decir, ordenadores distribuidos por todo el planeta que generan de forma aleatoria unos y ceros (01011010010110101010…) y que se archivan en un servidor de Princeton, Nueva Jersey. Estas muestras, en principio aleatorias, cesan en su “ruido caótico” a medida que se crean desviaciones “naturales”… si es que podemos llamar natural a una desviación generada a través de un medio no mensurable como es la mente humana.

Así es: desde que el Proyecto CGP lleva funcionando, se han almacenado desviaciones en las secuencias de ceros y unos que, una vez sometidos a los análisis estadísticos pertinentes, arrojan coincidencias, que no lo son, demasiado relevantes: todas esas alteraciones suceden tras hechos de gran relevancia. Cambios que afectan a las emociones del ser humano como ataques terroristas, muertes de celebridades o catástrofes naturales.

El Proyecto CGP lo ratifica: ese tipo de acontecimientos genera cambios en la consciencia global, y ésta afecta al campo electromagnético donde todo existe. Por tanto, los ordenadores REG que registran datos de forma ininterrumpida, se nutren de dichas alteraciones, y puede comprobarse como cada cierto tiempo, tras eventos como el ataque terrorista de las torres gemelas, la muerte de Lady Di, o el tsunami de 2003 en Thailandia, CGP registra secuencias anómalas relacionadas con una mayor actividad de la consciencia de todos los seres humanos que sufrimos dichos eventos.

Si el Universo es un inmenso campo electromagnético en el que todo existe simultáneamente, un campo donde la vibración de la materia define, densifica su existencia, la Gran Consciencia o consciencia global es un ente creado por toda la energía consciente del mundo, es decir, entre todos los seres humanos.

Y esa energía consciente ve mermadas sus capacidades cuando fábricas como las de Foxconn anulan, limitan y empobrecen la señal cuántica que cada una de esas mentes emiten hacia el Centro del Universo. Concretamente medio millón de consciencias anuladas.

Mientras que en occidente se filtra el miedo a través de informativos, televisión y consumo exacerbado, restando todo el potencial a la consciencia global, en Oriente se crean cárceles que convierten al ser humano en, simplemente, un ser vivo.

Valorando objetivamente el formato social, quizás nuestras vidas no sean mucho mejores pese a que nos creamos “libres”.

Sólo nos queda reflexionar: ¿será éste el camino que debe recorrer el ego del ser humano para buscar con ferocidad nuestra propia salvación? Al igual que Jesucristo, cuyo mensaje sólo ha derivado en una iglesia capaz de matar para conseguir fieles, ¿no serán las grandes figuras de la empresa como Steve Jobs los activadores de la repulsa que nos conducirá a la iluminación? ¿No son sus estrategias, precisamente, lo que pone en evidencia el futuro de un capitalismo que pone en pie de guerra al ser humano, y que nos lleva a solidarizarnos con personas que viven a miles de kilómetros de distancia, desprovistas cruelmente de sus derechos humanos?

Quizás esta forma de esclavitud, que no es sino el resultado de un sueño hacia la excelencia, abra los ojos a los trabajadores, y potencien su derecho a una vida digna.

La respuesta, el Cambio, está en la consciencia creada por todos nosotros, algo de lo que hablo en esta respuesta.

Mi opinión más transpersonal es que, al fin y al cabo, todos los movimientos que se suceden deben ser aceptados, considerar estos actos como necesarios, para poder evolucionar de la mejor forma que sepamos hacer.

6 pensamientos en “Foxconn, la cárcel de la consciencia”

  1. Pues si que conocia la fabrica Carlos, es muy famosa en el mundillo de la electronica porque ahi se fabrica todo, consolas y moviles de todas las marcas.

    A veces salen noticias ‘de cara a la galeria’ de las empresas que piden que se mejoren conciones y cosas asi, pero cuando salió el iphone 5 por ejemplo, apple metió aun mas presión a la fabrica y sus trabajadores.

    Algo que no entiendo es, porque no en vez de suicidarse, dejan de trabajar ahi? Creo que es preferible vivir de la indigencia que vivir así.

    Un saludo.

    1. ¿Qué persona con limitaciones, carencias afectivas o problemas sociales es capaz de salir de una relación de maltrato? Al final, las víctimas suelen identificarse con su agresor, y la relación no tiene fin.

      En el caso de Foxconn, miles de jóvenes trabajadores chinos son alentados a “aupar el futuro de China”, a los que se ofrece un “envidiable” puesto de trabajo en sus fábricas. Sin embargo, el modelo panóptico, el anulador de consciencia, les vuelve vulnerables y temerosos. ¿Cuántas personas, por ejemplo mujeres, vienen a España con la promesa en mente de un futuro brillante, y acaban ejerciendo la prostitución sin tener otra vía de escape?

      1. No lo habia visto de ese modo.

        A veces no es facil ponerse en el lugar de otras personas y se las juzga sin mas esfuerzo, llegando a un juicio injusto.

        Excelente blog Carlos, me gusta mucho.

  2. Hola Carlos, interesante, estoy muy relacionado con todo el negocio de electrónica, soy diseñador en Intel y es una lástima poder leer esto, de lo cual estaba totalmente desinformado… No sabia que aún en estos tiempos haya empresas que anulen por completo a las personas, que los tengan como esclavos fisicamente como mentalmete, que todo su mundo se vea reducido a horas de trabajos, que todo esa energía que emanamos en forma de campo magnético sea aplastada sólo por un “futuro envidiable” y de esta manera su energía sea disipada o atrayendo situaciones un tanto desagradables. Mi pregunta es: En realidad es Foxxcon el culpable de todo esto o la falta de espiritualidad de las personas, que piensan que el dinero o tener un puesto envidiables es todo en la vida? La falta de conciencia de ti mismo? La herencia de la sociedad? Desde mi punto de vista es un tanto amplio y complicado responder todo esto.

    Excelente aportación.

    1. La falta de consciencia de uno mismo, puesta más en el “fuera” que en el “dentro”, en el ruido y no en el silencio, es lo que hace que vivamos anclados al servicio del ego y, por tanto, la explotación de recursos nunca será suficiente ni en absoluto cruel. Todo vale.

  3. Sin duda la mejor entrada del blog para mi gusto. Ahora creo entender un poco todo lo que transmites por aquí Carlos. Según esto, el problema no son las personas de esa región, que como cualquiera de nosotros nacen libres, sino el sistema de represión e incultura, en el que cuantos más trabajadores haya mejor porque así no se irá nadie
    ” mil millones de moscas no se pueden equivocar, comamos mierda pues”, y nadie piensa y nadie escapa y nadie se expresa porque se limitan a seguir al resto, porque uno sólo no puede cambiar nada, pero que ocurriría si nadie se prestase a esos ” trabajos”, si se les puede llamar así.. En mi opinión no hay demasiada diferencia con el mundo occidental.

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