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Expande tu Consciencia | El Despertar
Día 5 de 7

 

El juego de la separación, la ilusión de solidez, lo que Buda llamó Maya, no es más que una construcción creada por la vibración de la energía, la vibración de nuestro cerebro, retroalimentada por nuestros sentidos humanos.

Vemos lo que somos, haciendo que el Vacío sea.

Debido a este holograma, a esta construcción creada por la vibración de la materia, vemos energía densificada en objetos sólidos que fluctúan por espacios vacíos, y por esta razón nuestro cuerpo es sólido y se mueve entre espacios vacíos, interactuando con objetos sólidos.

Es decir, somos un cuerpo que cree vagar entre otros cuerpos por nuestro nivel de densificación.

Densificamos entre un 3 y un 4 por ciento de energía, manteniendo el resto, alrededor de un 9697 por ciento, como un supuesto espacio vacío. Un espacio en el que, supuestamente, no hay nada…

… pero podría estar el Todo.

El Punto Cero es un inmenso espacio vacío, infinitamente potencial, sin acto. La Nada puede ser potencialmente cualquier cosa, pero no es absolutamente nada en acto, en el Ahora

En definitiva, todo lo que existe y podría existir, depende de la mente que lo hace vibrar.

No hay otros mundos, ya estamos en ellos. Es nuestra mente la que debe sintonizarlos, crearlos, densificarlos.

Creemos, sin embargo, que las cosas están unas junto a otras, que planetas y estrellas pueblan el espacio a escasa distancia unas de otras, pero lo cierto es que todo representa un mínimo de materia separada por ingentes espacios vacíos.

Hay una web muy original que te recomiendo que visites: if the moon were only 1 pixel (si la Luna fuera un píxel). En ella podrás ver la inmensidad de espacio vacío que hay únicamente en nuestro sistema solar, una mínima célula de la galaxia. Verás lo ínfima que es la materia, y los ridículos puntos que representan la materia visible.

Comprobarás lo infinitesimal de los planetas y sus lunas con respecto al Sol que, al fin y al cabo, es una estrella ridículamente diminuta con respecto a otras que pueblan el Universo conocido.

Te muestro algunos ejemplos:

 

La Tierra, con respecto al Sol:

El Sol (es el punto más pequeño)
con respecto a la estrella Antares:

Antares junto a Estrella Pistola:

Estrella Pistola (el punto más pequeño)
con respecto a VV Cephei, la estrella más grande conocida:

 

Como ves, billones toneladas de materia, y aún así resultan imperceptibles entre el abismal espacio, supuestamente vacío e inconexo. A pesar de esas grandezas que esconde la Vida, de un Sol inagotable, de estrellas inalcanzables e incontables mundos por recorrer…

somos infinitamente minúsculos.

Un dato: dentro de 4.000 millones de años, la Vía Láctea y Andrómeda, dos grandes titanes del barrio galáctico donde vivimos, Laniakea, chocarán. Sin embargo, ninguno de sus cuerpos celestes colisionará. Nuestro Sol no chocará con ningún otro sol. Estrellas, planetas, órbitas, todo permanecerá en su sitio, orbitando tal y como está, sin colisionar. ¿Por qué? Por los espacios vacíos que hay entre los astros.

La ciencia ratifica la improbabilidad de que algún astro choque.

Podemos verlo con un ejemplo sencillo: si el Sol fuera una canica, sería como colocar una canica junto a ti, y otra a unos 400 kilómetros. Más o menos como poner una canica en Madrid y otra en Valencia. O una en México y otra en Jalisco. ¿Qué probabilidades hay de que venga una tercera canica y choque con una de esas dos?

Cuando las dos galaxias choquen y todos sus cuerpos celestes, minúsculas canicas flotando en el éter, pasen unas cerca a otras, encontrarán caminos así de anchos para discurrir sin chocar.

Todo seguirá en su sitio, porque todo está ingentemente separado de todo…

… o así lo vemos nosotros.

Todo está vacío, porque nuestra percepción del Universo así lo dicta. Nuestro cerebro interpreta el Todo de esta forma, y por este motivo seguimos sintiéndonos separados, individuales, finitos y mortales. Aislados.

Perdidos, como canicas que flotan alejadas unas de otras.

Esta separación, Maya, hace que necesitemos cosas que sentimos separadas. Hace que deseemos cosas porque, al sentirnos separados de ellas, creemos no ser creadores de ellas y, por tanto, tenemos miedo a perderlas.

Ignoramos que todo lo que existe es nuestro, que toda esa materia vibrante, a pesar de representar una pequeñísima porción del espacio, nos pertenece, porque somos nosotros los que la hacemos vibrar. Eso hace que acumulemos posesiones, deseando no perderlas.

Y ésa es una de mis once máximas, mi clave para ser Feliz: posee, todo lo que quieras, pero no sufras si lo pierdes.

Desear, a fin de cuentas, es necesitar y necesitar revela carencia.

Poseer es sano, útil y nos hace Felices, pero desear nos sume en el juego de la separación, en el “esto lo tengo, aquello no”. Desear nos hace sentir separados, volátiles, efímeros. Nos hace creer que un buen día perderemos eso que tenemos, y eso crea miedo.

Así que el miedo es una ilusión de la mente.

No hay que olvidar que lo que nuestra mente dicta es un patrón muy limitado. Un patrón donde sólo podemos ver el 34 por ciento del Universo. Es decir, vivimos en un Universo donde las probabilidades de perder las cosas ronda el 96 por ciento, y ése es el miedo que construye la realidad del Serel miedo a la pérdida.

Consciente e inconsciente

La realidad, por tanto, está construida por la frecuencia en la que vibran nuestras neuronas.

Puesto que nuestro desarrollo cerebral es limitado, debido a que nos mantenemos vibrando en la frecuencia del miedo a la pérdida, nuestras neuronas no experimentan un elevado flujo vibratorio y, por tanto, no se conectan entre sí.

Experimentamos la separación de las cosas, Expresado en Holografías Neurales, campos de neuronas desconectados entre sí que Resuenan en las innumerables desconexiones que configuran el mundo.

Todo eso de fuera, desconectado, aislado, hiriente, es el reflejo de nuestra masa neuronal inconexa.

Ese caudal de energía que Fluye a través de la mente, funciona como un río abriendo afluentes en la tierra. De la misma forma, la vibración de la mente hace que se abran nuevos caminos, afluentes, conectando más y más neuronas que vibran juntas en armonía cuando la emoción es estable, haciendo que el sentimiento de pérdida trascienda.

Armonizar los dos hemisferios cerebrales, por tanto, equilibrar lo que se percibe y lo que se recuerda, la vivencia del presente y los patrones registrados, poner de acuerdo a esas dos realidades que llevamos en nuestra mente través de la intención, de la reflexión, de la Meditación, de la concentración, hace que fluctuemos armónicamente.


Esa armonía entre hemisferios, entre lo que vives y lo que recuerdas, es la que aumenta tu frecuencia de vibración, y es lo que hace que tu proceso consciente te permita materializar una mayor cantidad de energía desde el Vacío.

Esto explicaría el poder de los antiguos yoguis, avatares e iluminados: una mayor concentración genera una mayor atención consciente y, por tanto, una densificación más rica de toda esa energía oscura existente en lo que llamamos espacios vacíos.

Tenemos, por tanto, un límite para nuestra experiencia vital: el 96 por ciento del cerebro esta desconectado del proceso ordinario de la mente, al que llamamos consciente. Todo ese inmenso subconsciente, un 96 por ciento, hace que nuestra vida sea básicamente inconsciente.

Es decir, vives un letargo en vida que limita tu poder.

¿Qué es el inconsciente, por tanto? Sencillamente, aquello que te guía, que te maneja como si fueras un títere, memorias que hacen de tu experiencia vital un programa, lineal, rutinario y, por supuesto, caótico. Porque con un 96 por ciento de la mente funcionando con patrones mentales automáticos, simples recuerdos, colapsas la energía tal y como crees que es o que debe ser, pero no como realmente podría ser.

No hay realidades finitas, sólo depende del prisma con el que se mire.

Esto es importante: vemos la Vida como pensamos que es, con supuestos peligros donde realmente no existen, y falsas seguridades, inconscientes, que acaban Resonando y trayendo a tu vida, por supuesto, el choque tanto evitas.

Debido a esta visión parametrizada limitamos el potencial de la Vida, el potencial de la Energía, de la misma forma que el Sistema Solar parece limitado en materia con todas esas inabarcables órbitas en espacios vacíos…

… cuando podría haber (cuando podríamos hacer que hubiera) mucho más.

 

Hay algo más
tras el velo de la
 memoria

Cuando caminas por la calle, cuando comes, cuando viajas en avión, cuando tarareas una canción, cuando ves una película, cuando te ríes con tus amigos… prácticamente en todo momento eres inconsciente.

Si conduces habitualmente un coche y, por ejemplo, aparece un balón en mitad de la calle, habrás comprobado que el pie derecho se mueve del acelerador al freno casi instantáneamente.

Es un movimiento, inmediato, en el que tu atención consciente no interviene. No piensas “tengo que frenar”. Sencillamente, frenas.

Si prestas la suficiente atención, verás cómo el movimiento del pie, en realidad, sigue al movimiento de los ojos. Es decir, hay un movimiento inconsciente primario que lleva la información al cerebro, y éste crea un acto reflejo inconsciente, un patrón automático, para proteger al cuerpo.

Lo que puedes obtener de esta reflexión que el movimiento ocular está creando lecturas inconscientes del cerebro en todo momento. El movimiento de los ojos representa la búsqueda de información del cerebro. Por eso los ojos trabajan la mayoría del tiempo por sí solos; apenas nos damos cuenta de usarlos conscientemente en algún momento.

Se mueven hacia donde necesitamos, sin pensar en hacerlo.

Nuestra percepción sensorial, en este caso la visual, está creada con movimientos oculares que responden al discurrir inconsciente, es decir, los ojos se mueven por la fluctuación electroquímica que el cerebro procesa “a escondidas”, y de la que no somos conscientes en absoluto.

Esto significa que todo lo que estamos proyectando en el mundo desde nuestra mente, lo que observamos que vibra en la Vida que es todo lo que nos rodea, responde a ese 96 por ciento de movimiento inconsciente de nuestro Ser. Y ese flujo inconsciente procede de la vibración que fluye a través del interior de todas y cada una de nuestras células, a través del ADN.

Por este motivo, esa energía que llamamos intuición, eso que resulta inconsciente y desconocemos, que está escondido en nuestra psique, ese flujo vibratorio que nos conecta al resto del Universo a través de nuestro ADN, es el interruptor para conectarnos a la consciencia global.

Y comienza, como siempre, en uno mismo.

Hago hincapié en ello: todo lo que vemos es un registro del cerebro, el cual trabaja de una forma prácticamente autónoma, aún más cuando nuestra vida es prácticamente igual.

Pruébalo: si todos los días conduces por los mismos sitios, ves a la misma gente y haces las mismas cosas, el cerebro se acostumbrará a utilizar los mismos patrones, fortaleciendo y dotando de rigidez a sus holografías, sus estructuras neurales y, dado que consideramos, por simples recuerdos, que el camino siempre es igualnos desactivaremos. Literalmente.

¿O no te ha pasado que vas conduciendo por una carretera que ya conoces, te pones a pensar en tus cosas, y haces maniobras como poner el intermitente o adelantar casi sin prestar atención?

Vives inconsciente la mayor parte del tiempo, y crees que los caminos seguirán siendo iguales, sólo porque en tu memoria lo son. Esa inconsciencia es la que Resuena con los cambios que obtienes de la Vida, a veces sorpresas…

… y otras, por supuesto, accidentes, sean del carácter que sean.

La incógnita cambiará tu vida

Todas las formas sólidas que observas a tu alrededor, son una construcción que tu mente animal entiende y puede manejar gracias a tus recuerdos.

Como ya sabes, toda la materia de la Vida está animada por una fuerza en espiral, que genera creaciones fractales irreconocibles para tus sentidos humanosAsí que, para comprender la Energía, le damos una forma, impidiendo que tome otras.

El cerebro crea patrones, recuerdos, caminos, programas a ejecutar, y sólo para una cosa: para no gastar energía intentando comprender el movimiento fractal de la energía, para que todo siga tal y como debe estar, tal y como el cerebro ha aprendido desde su infancia, con lo que ha fluido desde siempre.

Hemos aprendido a hacer sencilla la Vida, porque nuestro cerebro, para no saturarse con demasiadas instrucciones, necesita energías simples, formas simples. Colapsamos cuánticamente la energía en una forma simple, de acuerdo a nuestro cerebro simple, basándonos en necesidades simples.

En pocas palabras, hacemos que el mundo sea humano cuando podría ser divino.

Hacemos que el mundo sea simple, cuando es potencialmente infinito.

Estás viviendo una realidad determinada por una estructura heredada, como si te hubieran instalado en tu infancia un sistema operativo y no tuvieras poder para actualizarlo. Una realidad estilo Matrix en la que no puedes hacer nada que no esté fuera de sus parámetros.

Pierre-Simon, marqués de Laplace, decía ya en el siglo XVIII:

«Hemos de considerar el estado actual del Universo como el efecto de su estado anterior, y como la causa que ha de seguirle. Se trata de una inteligencia que conoce todas las fuerzas que animan la Naturaleza, así como la situación respectiva de los seres que la componen. Pero si, además, fuera lo suficientemente amplia como para someter a análisis tales datos, podría abarcar en una sola fórmula los movimientos de los cuerpos más grandes del Universo y los del átomo más ligero. Nada, a esta inteligencia, le resultaría incierto. Y tanto el futuro como el pasado, estarían presentes ante sus ojos.»

Pierre-Simon estaba intuyendo una realidad estilo Matrix que todo lo sabe y todo lo rige, una realidad basada en patrones ante la cual permanecemos inconscientes.

Una realidad predeterminada.

La pregunta que tengo para ti hoy, es: ¿estamos irrevocablemente destinados a vivir una realidad programada? ¿O existe libre albedrío y podemos decidir lo que queramos para nuestras vidas?

Mañana, Día 6, podrás descubrir esta si realmente existe el destino, o si nuestra vida tiene un único camino para nosotros.

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