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Expande tu Consciencia | El Despertar
Día 3 de 7

 

Nos hemos acostumbrado a ver al de fuera como un ser extraño y ajeno. Valoramos la vida de los demás como si fueran diferentes a lo que somos, y sólo porque nuestras evidencias sensoriales parecen ser exactas: yo soy eso, ése es aquel.

Ah… ajenos, vagando como zombies que sólo buscan a iluminados para alimentarse de ellos. Creyendo que la Luz que ven es de otro, cuando es su propia Luz, emitida por ellos mismos, reflejada en el ser que creen que les salvará.

Nuestro cuerpo nos engaña. Es limitado, tal y como nos hizo ver Descartes cuando nos dibujó una realidad más allá de los engañosos sentidos.

La evidencia física, más allá de los sentidos, es que la Energía parte de un Centro, replicándose fractalizada en la llamada Red de Joyas de Indra. Esa red es un universo holográfico formado por energía vibrante que se extiende desde su centro y se replica hasta el infinito, en las diez direcciones budistas o diez dimensiones del Universo.

Energía formada por joyas, perlas, gotas de rocío… Resonancias en las que se contiene el reflejo de todas las otras partes.

Tu Ser es un reflejo de ese centro, como todo lo demás.
El Todo reflejado en todo, todas las joyas suspendidas en el Todo que componen.

Desde un punto de vista humano, utilizando nuestros sentidos, densificamos espacio-temporalmente la energía, y le damos forma. Nuestra observación y tecnología humanas evidencian que esa Fuerza surge en espiral desde el Centro, desde nuestra consciencia, generando formas en expansión que replican, clonan o, para ser más técnicos, actúan como reflejos del Centro; como dos espejos mirándose el uno al otro, creando copias del Ser Superior que se contiene en todos y cada uno de sus reflejos.

Imágenes, reflejos de un espejo contra el otro, que aunque cada vez más y más pequeñas, siempre danzan al mismo son.

Porque eso es lo que somos: reflejos de un mismo Centro que nos hace danzar, tal y como Shiva hace danzar a la rueda de las reencarnaciones. Luz que gira cíclicamente al son de la danza cósmica, reflejada en todas partes, con idénticos engranajes en su mecanismo, en un fractal sin fin…

… existiendo como necesita.

Dios hizo a sus hijos a su imagen y semajanza y, evidentemente, nosotros estamos creados a imagen y semejanza del Centro, que se irradia y se replica indefinidamente en todas las vibraciones de la materia existente, creando un espectacular baile sincronizado.

Por este motivo, no hay un solo ser de fuera diferente al Ser de dentro, algo que ratificó Marco Aurelio en su frase “mira dentro de ti. Ahí está la fuente del Bien.

Es ahí, en nuestro Centro, donde surge el Bien. Donde está la Vibración Una, pero nuestra estructura material, creada por recuerdos, programas, conceptos, condiciona a nuestra energía para comportarse de una forma u otra, ubicándola espacio-temporalmente de una u otra forma.

Ése es nuestro problema con el Serel motor es perfecto…. La carrocería, lo que en términos humanos conocemos como cuerpo, quizás no nos lo parezca tanto.


El
Todo y el Ser, la misma cosa

El cuerpo parece imperfecto con todos esos dolores, esas arrugas, esos olvidos, esos errores. Es como lo que vemos ahí fuera, ¿no? Todo ese dolor de la Humanidad, esas imperfecciones en nuestras vidas, esos olvidos que a veces son para siempre, esos errores que nos convierten en el que rechazábamos…

Nada es imperfecto. Todo surge por acción de la consciencia, lo que significa, indefectiblemente, que todo lo que vemos somos nosotros pero lo desconocemos. Desconocemos esa Oscuridad que nos rodea, ese 73 por ciento de materia oscura y ese 23 por ciento de energía oscura que compone el Universo y que no vibra en la frecuencia de nuestro pequeño y concreto cuerpo humano.

Vivimos en un complicado mundo, donde se proyecta la ignorancia de nuestro Ser, construyendo un abrumador 96 por ciento de Oscuridad. Es decir, la práctica totalidad. Y, a pesar de ello, nos acomodamos como podemos, evitando el sufrimiento, bajo este inmenso manto de misterio estelar.

Y seguimos sin tener ni idea qué significa con respecto a nosotros.

Apenas somos conscientes de un cuatro por ciento de materia con la que interactuamos. ¡Un 4 por ciento! Pero, ¿por qué? ¿Por qué no vemos ni somos capaces de interactuar con el Universo en su totalidad? ¿Por qué únicamente conectamos con un pellizco de materia vibrante, un 4 por ciento del total del Universo, que flota suspendido en inmensos espacios supuestamente vacíos?

Nuestra realidad fractal nos hace ser conscientes de nuestro Centro, y de la Energía que existe desde el Centro y hasta el infinito. Ahora estamos en mitad del camino. O, más bien, al principio de él. Hemos empezado a abrir los ojos hace apenas unos miles de años, somos conscientes apenas hace un par de décadas. Ahora es cuando estamos descubriendo que nos olvidamos de quiénes éramos, ahora es cuando comprendemos nuestra soledad, de cómo lo perderemos todo por acción del Campo que nos envuelve y nos mece.

El Campo que nos lleva.

Lo que ahora vemos Resuena con nuestro Ser, haciendo vibrar a la Energía en moléculas, átomos, subpartículas… Pero si observamos el Campo hacia abajo y nos sumergimos en él a través de la ciencia, podemos dar explicación al Campo que vemos aquí, arriba, en nuestro día a día.

Si vamos hacia dentro, vemos al Observador.
Si vamos hacia afuera, vemos al Observado.
Lo que Es sucede ahora, porque lo estamos Observando.

Eres el Padre junto a su Hijo, sentado a su derecha, el hemisferio cerebral que Crea el presente. Eres el hemisferio cerebral izquierdo construyendo la realidad que sigues percibiendo por acción de tu pensamiento.

Estas dos percepciones, la que piensa y la que siente, la que recuerda y la que imagina, el Padre y el Hijo, se abrazan. Comprenden, ambas, que son creadoras de la realidad del tejido del Omniverso, de este inmenso telar que nos entrelaza y nos conecta.

Todo lo que vemos es una estructura fractal vibrante, que se descompone en miles de millones, de billones, de trillones de formas, infinitos reflejos del espejo que se mira a sí mismo, la inacabable red de Indra.

De aquí, hasta el infinito, estando cada reflejo donde debe, Observamos cómo se materializa la vibración que el Todo emite al existir. Vemos un espacio vibrante que actúa de acuerdo a la vibración de nuestro Ser, un inextricable entramado de partículas que se organizan, misteriosamente, como los reflejos dentro de un reflejo, de acuerdo a un movimiento del Ser Superior que ignoramos, pero que constituye una realidad que está por encima de nuestras capacidades cognitivas.

De la misma forma en la que nuestras células se organizan sin que nosotros intervengamos, nosotros actuamos entrelazados, como partículas de un Todo, en lo que representa una estructura fractal, reflejos de un mismo reflejo, donde cada réplica refleja al Todo y le da forma.

Mira tu cuerpo: es una gran muñeca matrioska, compuesta por 50 billones de células. De la misma forma, tu mente no es más que una célula de un inmenso Ser que aún desconoces.


Por este motivo, sufres. Por ignorar a lo que perteneces, a lo que te mueve, como célula de un gran organismo. Como reflejo de un espejo. Y por eso desconoces el porqué de tus movimientos, porque eres reflejo de algo… más grande.

Estás limitado, porque tu vibración sensorial hace vibrar a tu cerebro en una frecuencia que devuelve la vibración al Punto Cero, con una disposición energética concreta, colapsando cuánticamente la materia en las formas concretas que eres y que te rodean.

Pero, por supuesto, hay mucho más.

Tu frecuencia de vibración te permite ver hacia abajo, lo que te compone, pero no te permite ver más allá. En tu longitud de onda no puedes ampliar a voluntad nuestro campo áurico, y ver lo que compones. Porque, y de esto no hay duda, compones a seres que desconoces, de la misma forma que tus células componen a un ser, el humano, que ignoran por completo.

La consciencia es un infinito reloj en cuyo interior se mueven todas sus tuercas, grandes y pequeñas. Una maquinaria perfecta donde galaxias y personas, planetas y microbios, ciudades y satélites, todo, se mueve engranado a la perfección por un Centro en espiral.

Es la fuerza que brota del Motor Esencial, el poder del Dios que todo lo rige, el Ser se mira entre dos espejos, proyectando su imagen hasta el infinito.

Lo más importante de este trabajo de expansión de consciencia es reconocer que desconocemos el inmenso cuerpo y sus cuerpos, el inmenso Omniverso y sus astros, el inmenso reloj y sus tuercas. Ignoras que eres una célula que compone a un ser infinitamente consciente, sólo porque tu frecuencia de vibración te mantiene ignorantes del total, porque tu vibración te impide hacer vibrar al Punto Cero en mayores longitudes de onda, convirtiéndote en el Observador que todo lo Observa.

Hasta ahora sólo habías visto pequeñas ondas en el estanque de la Vida… pero jamás comprendiste que eras el estanque haciéndose vibrar a sí mismo.


El ADN como principio de todo

No puedo dejar de hablar del ADN en mis conferenciascharlas y libros. Es el porqué de nuestra existencia, y conociendo su código, o al menos su funcionamiento, llegaremos a conocer el total.

Tienes mucha más información en mi libro Conéctate a la Felicidad, en el que esbocé algunos teoremas que, válidos o no, mejorables o no como lo son todas las hipótesis lanzadas en física teórica, pueden dar ideas a la ciencia tradicional.

Un enfoque diferente pero racional al inquietante origen de esta maravillosa maquinaria molecular.

Una frase que ya me has escuchado decir y que para mí describe a la perfección el Universo, es esa de Hafiz«somos el agujero de la flauta por la cual sopla el aliento de Dios». Somos la extensión de una cadena de ADN vibrante, que surge en una frecuencia concreta, diferente de los demás ADN interconectados entre sí.

Los seres humanos estamos entretejidos en el inmenso telar del Omniverso gracias a un cableado vibrante, somos energía que se ha, digamos, inflado a partir de las hebras de ADN que vibran por acción del centro de la Tierra; somos el cableado telefónico con el que el Universo se comunica, ADN que brota como el tallo desde una semilla, en total conexión con la fuente…

Árboles conscientes, en perpetuo movimiento.

Tal y como relaté en el artículo El esperma de Dios, nuestra consciencia está creada por ese misterioso código, enrollado en espirales, que sin duda es una creación divina más allá de un supuesto y absolutamente inexistente azar de la Naturaleza.

En la escuela nos enseñaron que el ADN únicamente se encargaba de construir proteínas, se ha flirteado con la teoría de que contiene una inmensidad de código basura, desechable, e incluso se ha llegado a decir que es una construcción “aleatoria”“azarosa”, una molécula que apareció por suerte.

Es necesario plantear esta pregunta: ¿crees que plantando una semilla puede crecer un árbol con forma de silla? ¿Crees que lanzando un mazo de cartas al aire pueden caer milagrosamente unas sobre otras creando un gigante castillo de naipes en perfecto equilibrio?

No voy a hablar de supuestas conspiraciones draconianas, quizás en otro momento. Lo que ahora me interesa es dejar claro que el ADN no es algo natural, sino una construcción de una precisión tecnológica superhumana a la que le debemos el principio de nuestra mente pensante.

El cerebro y el cuerpo, todo es Uno

El Día 2, para crear una incógnita más en tu interior, te hablé de cómo el Ser experimenta la energía del Omniverso, la Fuerza Primordial que surge del Centro, y se irradia dependiendo de su estructura, de su código.

Te hablé de esa intuición que me hace pensar en cómo Distorsionamos esa fuerza vital.

El ADN es una estructura molecular construida por la Fuerza de la espiral, de ahí el porqué de su forma. Los nucleótidos que lo componen y que conectan entre sí, algo así como las piezas de un xilófono colocadas en espiral, vibran con el OM Primordial, el aliento de Dios, la vibración de la Tierra. Cuando esa vibración fluye a través del ADN, de sus nucleótidos, surge de las teclas del xilófono una melodía…

Una canción diferente a todas las demás: la tuya.

Tu ADN emite una frecuencia concreta, una vibración que hace vibrar a la materia en diferentes estratos: huesos, músculos, cartílagos, tendones. Todo lo que existe en tu cuerpo es el fruto de la vibración del ADN, reflejado en torno a una energía creada por una fuerza de Torsión. Todo lo que eres, por tanto, es la representación, la forma de Dios, del Ser, eres todo eso cuando el agua y los minerales, los compuestos básicos del planeta Tierra, vibran.

Somos, como decía el imperio inca, Alpa Kamaska: “tierra que camina” o “tierra viviente”. Es decir, somos el resultado vibrante de agua y minerales “soplados” por el aliento de Dios, vibrados por la Fuerza primordial, y que se organizan de acuerdo a las instrucciones del ADN.

Así que, para resumir, nuestro Ser está animado por una vibración. Y, ¿de dónde procede la Vibración? Por nuestras mediciones procede del núcleo de cristal de hierro fundido que existe en el centro de la Tierra. Ese núcleo vibra por la fuerza gravitatoria del Sol, que a su vez procede del centro gravitatorio de la Vía Láctea y que, a su vez, procede del centro gravitatorio que mantiene cohesionadas a las galaxias de Laniakea, el cúmulo de galaxias en el que nos encontramos…

Como ves, el centro original y primero se pierde en el infinito.
Lo conviertes, al perseguirlo, en el Centro que da vida a todo. En Dios.
Encuentras al Dios que se hace vibrar a sí mismo, cuando comienzas a buscarte.

Tal y como haces ahora… al reflexionar.

Tu Ser, el Ser de todos, es un reflejo de la vibración inherente al Omniverso, el reflejo del Ser Consciente que todo lo Es que es nuestro Ser soplándose a sí mismo, haciéndose vibrar a sí mismo con la fuerza del Omniverso, el OM eterno, la Fuerza que todo lo rige, que es aquello que piensas.

La pregunta que hoy quiero hacerte para el día de mañana es: ¿qué le ocurre al ADN para crear distintos pensamientos, realidades, consciencias, una por ser humano, si la Fuerza es solo Una?

 

Podrás resolver esta cuestión mañana, Día 4.

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