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Expande tu Consciencia | El Despertar
Día 2 de 7

 

Eso a lo que llamamos Universo

La Vida no está sucediendo. Te está respondiendo.
La Vida no sucede. Y realmente, tampoco hacemos que suceda.
En realidad, lo que sucede es que somos conscientes del suceso.

Siempre hemos considerado que las cosas son ajenas a nosotros. Que están ahí fuera, y se comportan de forma caótica.

De ahí nuestro afán por medir, parametrizar y hacer seguro este mundo. De ahí que nos sintamos separados de aquello que observamos.

Creemos que lo de fuera es una cosa… y nosotros otra.

No hay algo fuera diferente a lo de dentro, y aunque te sea más fácil pensar en que tú conectas con el exterior (de ahí esta imagen que te adjunto, haciéndote ver que lo de fuera está conectado de alguna forma contigo), lo cierto es que este teorema te permitirá alcanzar un nuevo nivel de pensamiento en el que te darás cuenta de que nada está conectando, sino que todo está Resonando.

Todo es una vibración del Punto Cero, el estanque de agua ondeando con tu energía, vibrando tal y como tu mente lo hace.

Resonar es crear, sentir es hacer, vivir es ser.
La Vida no está sucediendo, sino que te esta respondiendo.
Lo que ves en la Vida responde a cómo piensas o, yendo más allá, eso que piensas es un reflejo de lo que la Vida te dice.

Es una Verdad incómoda, y vas a descubrirla en este trabajo.

Vas a tener que
confiar en el Universo

¿Qué es el espacio vibrante que nos envuelve? Me he hecho esta pregunta una infinidad de veces pero, al divagar en la Oscuridad, me acostumbré a transcender toda experiencia sensorial e intensificar esa búsqueda.

Ver más allá de las experiencias habituales me permitió ver el discurso de mi mente buscando la Causa.

Ya desde muy pequeño me sentí atraído por el Universo, eso tan lejano e inexplicable para nosotros, los seres humanos; vivimos bajo un manto de misterio, plagado de millones de estrellas, y aún vivimos estupidizados por el consumo concretizado en un pequeño puntito azul suspendido en el Cosmos, sin pararnos a meditar sobre el envolvente porqué.

Precisamente esa es la reflexión que nos conduce a nuestro Ser, el Ser consciente. Una escala más allá del Ser material. Más confiable por su eternidad.

Más adelante sabrás por qué el Universo es la gran duda que deberías sostener en tu mente, pero ahora quiero comenzar con una pregunta que siempre hago a los demás. Es la pregunta que hago a las personas para conocerlas, la pregunta que define a la persona que me refleja: ¿qué es para ti el Universo? ¿Qué son esos miles de millones de estrellas que nos rodean? ¿Qué sentido tienen?

Según tú, ¿qué o quién puso todo eso ahí?

Siempre fui muy autodidacta, y quise encontrar las razones de ese mundo que se dibujaba, supuestamente, ahí fuera. Me entretuve con juegos ligeramente diferentes a los del resto de mis amigos, pasaba tardes enteras jugando con imanes y electricidad, dibujaba planos para viajar por el interior de la Tierra o ideaba escenarios futuros plagados de coches voladores.

La verdad, no tuve una infancia de fútbol y álbumes de cromos, como la mayoría.

Mi anhelo era expandir mi propia mente, descubrir misterios de civilizaciones antiguas, traspasar las barreras de nuestra propia humanidad… Y eso me condujo a nuevos enigmas, mensajes cifrados en películas y libros, a investigar sobre el poder de la mente, la levitación, los ovnis, la Muerte… El problema es que vivía en un mundo sin apenas información, con dos canales de televisión y ningún juego electrónico.

Lo raro, allá por los años 80, era que un niño pensara como yo lo hacía. Así que decidí disimular y ser como el resto.

Aprendí a hacerme el tonto; todo aquello que me rondaba siempre por la cabeza me hizo pensar que no era muy normal, así que lo oculté tanto como pude. Jamás hablé de ello con mis padres, ni mucho menos en el colegio católico al que asistí religiosamente desde los 4 hasta los 13 años… Aquel secretismo, aquella pasión que debía esconder en aquella cárcel, como el presidiario que oculta su plan de fuga fue, precisamente, lo que me ayudó a conocer el flujo de la Vida, los vaivenes de mi propia experiencia sensorial.

Así es como me hice a mí mismo, dando validez a todo lo que escondía en mi interior aunque pareciera imposible que esas fantasías conectaran de alguna forma con el exterior.

Te lo repito: di validez a la fantasía interior. Hasta darme cuenta de que no era ningún tipo de fantasía sino, más bien, recuerdo.

Mi proceso de autoconocimiento más evidente, o al menos la realización hacia lo que yo consideraba que era lo correcto y vibraba fuerte en mi corazón, concluyó hacia finales de 2011, cuando escribí Encuentra tu Expresión, y donde se ratificaba mi camino, el más místico y espiritual.

Sin embargo, me seguía siendo difícil comunicar ciertos conceptos, precisamente porque no los tenía bien interiorizados; no conocía bien mi interior, y los conceptos me parecían difusos, confusos. Hasta que, gracias al camino que había tomado, una nueva ruptura sentimental, aún más dolorosa, me hizo conectar con esos conceptos.

Con la parte que tanto había rechazado.

Tanto tiempo juzgando a las personas que hacían lo que yo había hecho, me pusieron frente a la evidencia de que yo era igual que ellos, que mi reflejo. Era yo quien acabó dejando una relación, después de criticar a quienes habían tomado esa decisión. Aquello tan mundano, tan banal, tan del día a ía de tantas personas me abrió mi mente, me iluminó. Me permitió elevar mi frecuencia, completarme, convertirme en la persona que había rechazado y que me impedía ser lo que era con todas mis características plenas.

Mi frecuencia de vibración era baja, porque mi frecuencia correspondía a una parte del espectro, oculto en su mayoría por miedo hacia la otra parte de la Vida. La imposibilidad de conseguir esa otra parte de energía para elevarme, el ser incapaz de ver que rechazaba mi camino y, por tanto, me limitaba, me mantuvo en el desconocimiento de mi potencial; seguí condenando la ilusión, cuando la ilusión, percibida por mi mente, correspondía a un flujo de la vibración de la Vida.

La ilusión era la consciencia creadora, consciente o inconsciente. La ilusión es la consciencia que Observa, proyectando su vibración. La ilusión sólo existe cuando tu consciencia piensa conscientemente, y brota la energía a su alrededor, como la Luz alrededor de una cerilla que se enciende cuando la Intención la mueve contra una superficie rugosa.

Cuanto mayor tu energía, mayor la Luz para iluminar la habitación. Ése es el objetivo de este trabajo. Encender por completo tu Luz.

Eso fue lo que ocurrió en mi vida a partir de aquel momento: se encendió la Luz.

En mi caso, escribí La última prisión, un libro en el que trabajé a través de las Señales que recibía a través de mi intuición consciente, algunas materializándose a lo largo de este ciclo de apertura que tenemos por delante.

Ese libro lleno de correcciones y revisiones obsesivas, escrito en todas partes y a todas horas, fue el germen de Conéctate a la Felicidad, el libro donde expliqué, siempre como pude y apoyándome tanto como necesitaba en la física, el porqué de la dualidad en Todo y en todos.

La prisión, vivir en ella, hizo que me planteara crear una forma de pensar sobre la vida que resumí en mi Filosofía Punto Cero, el eje central de todo lo que estaba por llegar. Ahora, al mirar hacia atrás, compruebo que mi trabajo, como todo, está en evolución, y siempre es mejorable. Sin embargo, esa base, esos cimientos filosóficos de la Expresión y la Represión siguen siendo válidos.

Aquella visión del Centro como fuente de Todo estaba plenamente conectada a la visión del Omniverso como Causa de Todo. Y esa visión de un Punto Cero, del Vacío, de la Nada como origen de cuanto nos rodea, empezó a crear mi Ser consciente, adentrándome en un nuevo interrogante que revolucionó por completo mi vida: ¿cómo podía ser posible que un Vacío fuera responsable de un mundo infinito que se extiende hasta los confines del tiempo?

Desde el Centro. Y hacia Él

El Centro de Todo está vacío, nada es sólido. Nada tiene identidad, como rezan las enseñanzas védicas. Todo carece de esencia, porque la esencia es puramente mental. Una puerta es una puerta, porque la construcción de su forma es un concepto creado en la mente gracias a una disposición concreta de la energía que existe en el recuerdo, el inconsciente colectivo, la energía que existe en las mentes interconectadas, vibrantes…

El concepto de puerta es, sin duda, una sintonía especial del Universo, que convierte a la energía en un impedimento físico para un ser humano. Un bloqueo mental para limitar el acceso físico.

La puerta en esencia, es un bloqueador cuántico creado por acción de la mente, por su memoria, pese a que nosotros veamos un cuerpo sólido que cierra un habitáculo. Es esa, quizás, la verdadera esencia de puerta: un bloqueador cuántico que nos impide acceder a otra vibración. Ya sólo eso puede hacernos ver que las puertas que tenemos alrededor son nuestros propios bloqueos, energías de nuestra mente densificada.

Nuestros miedos, con pomos y bisagras.

¿Cuánto de expandidas están las puertas desde tu Centro? ¿Cuáles son tus límites? Porque, te lo vuelvo a repetir: no hay puertas ajenas que nos cierran a la Vida: las puertas son una materialización física de nuestro sentimiento de libertad.

La puerta, como tal, no existe. Sólo es un concepto, como el de árbol, perro o pájaro. O el de persona. Todo son conceptos, pero al seguir buscando la esencia primaria del Universo, al ir por la Vida etiquetando todo lo que vemos y atribuyéndole una identidad (esto es una persona, eso es un perro, eso es un pájaro), cuando vemos puertas, pájaros y personas diferentes a los que hemos memorizado, a los que están grabados en nuestra memoria, se pone en marcha el juego de la separación.

Cuando por creencias sobre lo que eres te limitas, das validez al argumento de “eso que hay ahí fuera es diferente a mí”. Todo, sin embargo, es tuyo. Es de cada uno. Sigues buscando dentro de las cosas, porque no soportas la idea de que lo de fuera no sea más que una mera ilusión, un vacío que se disipa a cada instante…

… pero así es. Todo es fugaz, instantáneo. Fluctuante.

Las llamadas kalapas del budismo, esas entidades que fluctúan, que aparecen y desaparecen de la realidad miles de millones de veces por segundo, comienzan a parecerse demasiado a las fugaces subpartículas encontradas por los científicos del CERN tras crear colisiones entre átomos… Y esto nos lleva, inexorablemente, a la gran Verdad: todo está Vacío, nada es real.

La materia surge vertiginosamente desde un Centro en vibración, en espiral, en tu consciencia. Esa turbina cósmica, ese agujero negro que absorbe es el centro que condiciona tu existencia, tu Felicidad y tu destino.

La pregunta ya no es, por tanto ¿qué es eso que veo ahí fuera?, sino ¿qué es esto de dentro que está condicionando a todo lo de fuera?

O en nuestro idioma: ¿de dónde surge la vibración?

Nada Brahma:
el Universo es vibración

Es algo evidente, nada tiene identidad: las células no tienen identidad. Las moléculas que la forman tampoco tienen identidad. Los átomos que componen las moléculas no tienen identidad, ni tampoco los protones, los neutrones, ni todas las subpartículas que van apareciendo a medida que profundizamos en la materia.

Todo está vacío y en permanente vibración, procedente siempre de un punto que jamás alcanzaremos, que es la consciencia que hace que surja esa búsqueda, y a la que podemos llamar como queramos. Dios, Yahvé, el Dios cristiano, Alá, la Energía Primera, el Campo Cuántico, el Primordial OM, la Red de Joyas de Indra, la Música de las Esferas, el Ser Uno, la Consciencia Crística…

Cientos de nombres, un sólo significado: el Ser.

Esa Energía que surge del inalcanzable Punto Cero, esa energía que brota en espiral haciendo vibrar las subpartículas que forman átomos, que vibran formando moléculas creadoras de células, estructurándose en órganos de personas que llenan planetas, que giran alrededor de estrellas orbitando en espiral alrededor de las galaxias… esa Energía es Dios y es Uno.

Todo lo que existe, el Punto Cero que existe en Todo y en ningún sitio, el mayor misterio de nuestro Universo, genera un concepto que entendemos sin comprender… porque la comprensión es esto que esta sucediendo ahora en ti.

Ahora, leer esta línea de texto, ser consciente de tu consciencia, eso, es Dios. No hay nada que entender, basta con que lo comprendas.

Despertamos a la realidad de que el Creador es inalcanzable, pero vamos hacia él cuando queremos conocerlo. Y conocerlo implica vivir el presente, polarizar la Oscuridad, ese vacío que vibra creando las formas del mundo, del Universo, del Omniverso.

Despertamos al OM, el sonido que hace que la materia brote de la Nada, siempre en espiral, creando las formas que vemos a nuestro alrededor.

Pero, nuevamente, ¿de dónde surge esa vibración?

Si el Creador es inalcanzable pero vamos hacia él cuando lo imaginamos, la respuesta es sencilla: la Vibración procede de tu experiencia vital. De sentir lo que ahora sientes.

La mente es una fiel reproducción del Universo, así que la vibración de la Vida, de lo que te rodea, surge de tu conciencia, la que te hace ser consciente. La vibración surge del pensamiento, de tu actividad mental o, para ser más exactos, tu pensamiento es la acción del pulso vibratorio de la Vida.

El Universo está compuesto de energía mental. Cuando tu energía mental existe, el mundo aparece. Cuando tu pensamiento deja de existir, el mundo desaparece contigo.

Tú eres la Causa que causa lo incausado.

Tú eres el origen de la energía, del Todo que se mueve a tu alrededor.

Creemos que todo a nuestro alrededor son causalidades, caos, azar, creemos no intervenir en los procesos que brotan del Vacío, que los objetos, los accidentes, las personas, las palabras, los encontronazos, que toda esta experiencia que nos embriaga, día tras día, esos olores, sabores y explosiones de colores existen ajenos a nuestra voluntad…

… pero eso es rotundamente falso.

Todo suceso está determinado por una causa, una razón o causa suficiente. Esta es la formulación determinista que se expresa por medio del Principio de Razón Suficiente, y que establece un paradigma simple: toda causa representa, en el proceso universal del cambio, el momento anterior en el tiempo. Es decir, todo lo que ocurre proviene de algo que ha ocurrido con anterioridad. El efecto, por tanto, es la secuencia inmediata posterior que acusa toda las propiedades contenidas en la causa (causa aequat effectum, la causa es equivalente al efecto).

Es decir, el efecto es idéntico a la causa y aquí llega lo más misterioso: la causa contiene las propiedades del efecto.

La gallina contiene las propiedades del huevo, y el huevo de la gallina. Tanto monta, monta tanto. No hay principio ni fin.

Causa y efecto son lo mismo, Yin y Yang son lo mismo, noche y día no son más que percepciones, etiquetas sensoriales humanas de la Energía… pero es la misma energía, en diferentes vibraciones.

La misma esencia, la Energía Siendo, la Vida tal como Es.

Esto quiere decir que nada es diferente de otra cosa, ninguna persona es diferente de otra, ni está desconectada de la existencia. Nada de lo que vemos es ajeno al entramado universal, nada falta y nada sobra. Todo es contenido y contenedor al mismo tiempo, por lo que toda acción está perfectamente hilada en el telar del Omniverso, y por esa razón nosotros, seres de carne y hueso que hemos observado, asustados, durante milenios, una realidad supuestamente caótica y azarosa, tampoco estamos desconectados de la Vida.

Somos parte de ella. Somos los creadores de esa realidad.

O, más bien, experimentamos conscientemente la creación de la realidad.

Y aquí empieza el juego.

¿Cómo creamos la realidad?

Toda la Energía del Omniverso, de las galaxias, de las personas, de las ciudades, la energía que mueve a las hormigas del hormiguero y al caudal del agua que Fluye por un río, tiene raíz en ti, en tu mente.

Por eso, a nivel físico el resto de la Vida no es más que el efecto que causas en ella.

Eres, sin saberlo, el protagonista de la gran película de la Existencia.

Tú eres el ojo a través del cual se observa la conciencia.
Tú eres el ojo a través del cual observas a la conciencia.
El ojo con el que tú y la consciencia os miráis a la cara, es uno y el mismo.

Y, ahora mismo, está mirando estas palabras, encontrándose a sí misma.

Tu consciencia está recibiendo el mensaje que hoy deseaba para hacerte crecer, el mensaje que tú necesitabas para hacer crecer a tu consciencia.

En el interior de ese ojo, el Punto que divide los dos mundos, el interior y el exterior, existe el Punto Cero. Es el Centro del ojo que mira, que es el mismo del Centro que mira a través del ojo. Ese Centro que es tu consciencia, es la Energía Primordial en la que vibra tu Ser.

Cuando observas a Lo Que Observa compruebas su Fluir a través de los programas de tu mente, y comprendes por qué la energía es pura. Eso a lo que llamamos el Observador observado, es decir, contemplar a la Vida observando, creando y Fluyendo, te hace ver los patrones mentales que te han bloqueado, tal y como aprenderás el Día 3.

En el momento en el que observas el Fluir de la creación, donde todo se soluciona, donde todo se estabiliza y cobra armonía, donde las cosas están como deben, brota tu inconsciencia. Cuando ves la pureza de la espiral de tu consciencia aparecen, Disonantes, las etiquetas que tu ego ha dispuesto a tu alrededor; esta es la más absoluta realidad: todo lo que ves está siendo influido por ti.

Estás viendo tu Versión de la Vida.

El Vacío vibra con tu Ser, como si tocaras con tus manos un estanque de agua. Todo en la Vida son ondas vibratorias que surgen como efecto de la acción de tu pensamiento. Cuando piensas, desde tu consciencia individual, haces vibrar el espectro electromagnético de la Vida, la Energía que te rodea, con una forma de onda que se irradia por todo el Universo y que, mediante tu pensamiento consciente, colapsas y densificas en formas materiales concretas.

Antropocentrismo, el Uno la Causa de Todo. El Ser como centro. Pero hay que dar un salto más allá, y no darlo desde ese “mi mente crea la realidad”, sino más bien desde “mi individualidad me hace creer que yo creo la realidad”.

Me explico: cuando tu consciencia existe, observa al Universo vibrar en ondas con infinitas posibilidades. Un todo vibrante que puede ser cualquier cosa en potencia. Esto significa que lo que ves no es materia, sino posibilidades de la materia. Ese OM, tu Campo Cuántico, tu Dios interior, la energía que vibra en la frecuencia correspondiente a tus pensamientos, condiciona la creación y establece las formas que ves en la Vida, pero la individualidad física, separada del resto, te ha cegado en esta primera ola de espiritualidad en la Tierra.

Hemos pensado que éramos creadores desde la mente y el cuerpo, no desde la consciencia materializada a nuestro alrededor. Lo cierto es que lo que vemos no es más que energía que, al vibrar, adopta formas materiales.

Formas sin esencia. Huecas.
Vacías.

Llevamos en nuestro interior, en nuestra alma, en nuestra consciencia, la fuerza del Universo. Experimentamos un agujero negro que, al crear la fuerza de Torsión codificada en el ADN, genera la Energía, el axis mundi de la galaxia.

Nuestro código toca nuestra sintonía, el mundo que vemos, que se alimenta y es alimentado de un cerebro humano, un auténtico almacén de recuerdos que genera una realidad basándose en eso, en simples recuerdos. Memorias.

El cerebro es una Expresión humana del OM primordial, de la energía del Universo, la fuerza del Ser, para crear su realidad, de la misma forma que un ordenador hace Fluir la electricidad y genera un realidad dependiendo de cómo estén ordenados los datos de su sistema.

Esto significa que ordenas y agrupas la energía del Universo de acuerdo a tu frecuencia mental, dependiendo de la frecuencia en la que vibran tus neuronas, creadas por conceptos, estos es, pensamientos, lo que podría empezar a explicar que el mundo se forma y se conforma tal y como eres tú.

Lo que ves toma la forma que establece tu ADN

De momento, y para profundizar en la creación de tu realidad a través de la mente, te dejo una pregunta: ¿cómo puedes sentir el Campo Cuántico primordial, si lo que estás experimentando es una vida creada con recuerdos?

Podrás resolver esta pregunta mañana, en el Día 3

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