Estás donde debes estar

“Un ganso blanco no necesita bañarse
para ser blanco.
Tampoco tú necesitas hacer nada,
sino ser tú mismo”
.
Lao Tse

 

Majestuoso. Irritantemente majestuoso.

La mirada cansada, calambres en los músculos por falta de azúcar y una agridulce sensación de sosiego; después de diez días había llegado a aquella majestuosa, inmensa e incólume masa de mármol llamada Taj Mahal, en aquel asfixiante atardecer de marzo de 2004 en Agra.

Estaba frente a ese fastuoso pastel de boda arquitectónico con el que tantas veces había soñado… y, paradójicamente, pese a tener frente a mí esa imagen de postal, lo cierto es que me interesaba bastante poco.

La pregunta era la misma que me hacía en mis retos personales, y que matizaría poco después al viajar al Ganges.

Allí, mis reflexiones convergieron en una sola pregunta que resolví años después y que ahora comparto contigo: ¿qué hacía a miles de kilómetros de mi hogar, en una ciudad infestada de pobreza y dolor?

Había recorrido con más pena que gloria unos 2.000 kilómetros desde mi salida de Delhi. El termómetro rozaba los 50º, y mi escasa pericia viajera y el bombardeo culinario de especias me habían ayudado a perder kilos, unos siete creo recordar.

Mis facciones se habían tornado cadavéricas, apenas podía comer nada sin tener que hacer una visita exprés al baño, y el brumoso recuerdo que tengo de aquellas semanas es el de un pobre chaval, atorado por el caudal de Vida de India, cargando con una botella de Sueroral con sabor a naranja.

India me había forzado a ayunar. Estaba absolutamente hueco en términos digestivos, y quizás esa fue otra de las causalidades que reforzaría mi predisposición a la Meditación, a la introspección, a no disfrutar de la comida y sí de un viaje interior proyectado en aquellos secos, ásperos y yermos parajes tan salpicados de sonrisas.

India lo fue todo para mí en apenas una brevísima fracción de mi existencia, pero marcó profundamente mi camino para el resto de mi vida.

¿Cómo unos cuantos amaneceres pudieron conseguir que el olor de mi tierra, ya de vuelta, me recordarse al delicado perfume floral de Jaipur?

India me había robado los amaneceres de mi vida…

Desde el primer día de mi visita a aquel país, germen de todas las culturas, a bordo de aburridos autobuses llenos de turistas de los que aprendí a desapegarme en viajes posteriores para entender, al final, que yo era como todos ellos, contemplaba la inmensa belleza de la Vida, mestizaje de lejanía y pobreza, de belleza e inmundicia.

Mal olor, animales muertos en mitad de la calzada, niños jugando entre la basura, hombres malgastando sus vidas entre ruinas de plástico y cartón…

… aquello no era lo que había escuchado de India.
¿Qué hacía allí?

¿Qué estaba haciendo en ese lugar? ¿Para qué había invertido casi 3.000 euros de ahorros en un viaje como ese?

Los niños indios se pegan a los turistas para sacar cualquier cosa

Esta pregunta siguió repitiéndose en lo sucesivo: mis pequeños pero intensos recorridos por el mundo, concretamente por Asia, destilaban siempre esa inquietante e incómoda pregunta: ¿por qué estoy aquí?

A medida que crecemos, la conexión aparece a la vuelta de la esquina, el trabajo llega a nuestra mesa, y esa persona irrumpe en nuestra vida. Y cada uno de esos hechos ennoblecen y fundamentan cada uno de los propósitos que nos llevaron a tomar ese avión, a despedirnos de ese trabajo, a encontrar un socio para nuestro proyecto, o a tener un hijo con la persona que Amamos.

La pregunta es: ¿por qué viajamos, por qué trabajamos, por qué conectamos con esas personas y por qué chocamos con todas esas situaciones que, en un primer momento, nos producen infelicidad?

La razón está en nuestra energía mental.

Nuestra energía mental está generando una frecuencia de vibración que contiene tanto lo que nos gusta como lo que no nos gusta. Nuestra frecuencia mental representa aquello que queremos ver y aquello que no queremos ver, aquello que tenemos sepultado en nuestro subconsciente.

Todos esos miedos al vacío, a la soledad, a la muerte, al descrédito, a la ignominia, a las alturas, a las arañas, a la pérdida de nuestra integridad, todo eso a lo que tememos hace fluctuar nuestra energía mental sin que lo sepamos.

Bajas frecuencias que no percibimos, pero que están ahí.
Subconscientes.

Nuestra energía mental sigue irradiando su vibración hacia el Punto Cero de la existencia, hacia el Vacío, hacia el Centro que no existe en ningún espacio ni tiempo… construyendo la Vida.

Nuestra energía mental hace ondular el Vacío gracias a la vibración de nuestros patrones mentales, que vibran a su vez gracias a la Resonancia de los nucleótidos de cada una de las moléculas de ADN contenidas en nuestras células, que contiene nuestra información metagenealógica, creada por nuestros ancestros, y que rige el camino de todos.

El Punto Cero, el Vacío, la Nada, el infinito agujero negro que conforma el Todo al que llamamos Vida, vibra gracias al ADN que portan nuestras células. El Punto Cero vibra gracias a esas moléculas de ADN, estructurando la Vida según la frecuencia de la energía mental, creando un mundo con los pensamientos de todos los seres que habitan este planeta.

La Vida, entonces, sucede de forma automática, experimentando las fluctuaciones que nos irradian desde el Punto Cero.

Creemos estar eligiendo las cosas que hacemos, pero no es así.
No podemos elegir.

La pregunta que cabe hacerse es: si el ADN es una información procedente del Vacío, ¿quién o qué está emitiendo esa vibración? Y puesto que, tal y como he desarrollado en Conéctate a la Felicidad, el ADN es el Internet biológico, la red que a la que estamos conectados los seres humanos, esa infinita red que hace resonar el Vacío, la información de nuestra vida no existe en ningún otro lugar…

sino en el Punto Cero.

Es decir, estamos conectados a la Vida que cocreamos entre todos. Somos hojas de un mismo árbol


La ciencia y la experiencia nos demuestran que nada de lo que hacemos es una decisión nuestra. No elegimos. Cada una de las acciones que llevamos a cabo, cada pequeña decisión que tomamos es, en realidad, una decisión del Todo, de la Vida, de la fluctuación de la existencia.
 

Nada es una casualidad sino una causalidad, una causa generada por un efecto, que fue generado por una causa que, a su vez, fue generado por un efecto, en un interminable dominó de potencias y actos, de hechos y consecuencias que entretejen nuestras vidas y convergen, todos ellos, en un Punto Cero que Resuena y se manifiesta en millones, billones, trillones y cuatrillones de seres a lo largo y ancho de este Universo consciente de sí mismo.

Todo lo que viví, entonces, sucede para que lo aceptase, para que contemplase lo que la Vida quería de mí, lo que quería que aceptara de mi Ser, en todo su esplendor.

Aquellos viajes llenaron mi álbum de recuerdos, mi cerebro de olores y sabores, mi piel de cicatrices y mi cara de arrugas, pero lo más importante es que me brindaron el concepto más importante y transcendental de cuantos he manejado en mi vida, y que a día de hoy me sigue ayudando a seguir adelante: estoy donde debo estar.

Repite este mantra cuando dudes: estoy donde debo estar.

La Vida no se equivoca o, como decía Galileo Galilei, “el sol a cuyo alrededor giran tantos planetas no se olvida de madurar un racimo de uvas”.

¡Mira si no tu propio cuerpo! Está compuesto por 50 billones de células, por millones de glóbulos rojos que viajan a través de tus venas. Si uno de esos glóbulos tuviera un mínimo de consciencia pensaría algo así como: “yo decido hacer mi trabajo, y es tremendamente importante: transporto oxígeno a las células”. Pero… ¿realmente lo transporta él, o es el Todo al que pertenece, el cuerpo al que da vida el que realmente conduce y dirige su existencia?

Si tú cambias, la Vida cambia
 
Somos fractales de una infinita existencia, partes de un Todo perfectamente engranado. Sin embargo, a pesar de que somos seres mucho más conscientes y complejos, ninguna de nuestras acciones, por complejas y conscientes que parezcan no son sino el movimiento de un Ser infinitamente superior que conduce nuestro camino.
Un Ser que determina nuestro destino y guía nuestros pasos, desde el primero hasta el último de nuestros pensamientos.
 
Ése es el mantra que repito para mi vida, el mantra que me dice que todo sucede porque debe suceder, que estoy donde debo estar, que todo es parte de un inmenso y perfecto plan.
El pensamiento que me hizo crear el Punto de Torsión 6: déjate llevar. Dejar que todo ocurra tal y como la Vida quiere: tomar ese avión, conocer a esas personas, o hacer este o aquel trabajo.
 
Dejarme llevar por la Vidaconfiar en la Vida es el mayor regalo que me ha brindado el trabajo de esta última década; espero que esta reflexión sea para ti un fascinante regalo capaz de llevar paz interior a cada uno de tus pasos.

7 pensamientos en “Estás donde debes estar”

  1. Buenas noches Carlos, una pregunta que me surge al leer tu post..(gracias por compartirlo)…¿puedo entender entonces que mis pensamientos son también producidos por ese TODO? Y..por tanto, pienso lo que tengo que pensar, siento lo que tengo que sentir y ..¿vibro como tengo que vibrar? Lo que es lo mismo que decir que todo pasa por una razón y no tengo que esforzarme mucho en dejar de pensar en el pasado por ejemplo, porque si pienso en el pasado es porque debo hacerlo…con lo que al final, ¿puedo cambiar algo? o todo está justo como tiene que estar?
    Si confío en la vida, confío en todo entonces…o no?

    1. Así es, los pensamientos surgen por ese Todo.

      Y todo está donde tiene que estar, hasta que tú decidas que no debe ser así. Y aunque tú pienses estar decidiendo, las cosas siguen sucediendo como deben suceder.

      Paradójico, pero esperanzador.

      1. Pero ¿y entonces? ¿donde está nuestro poder de cambiar las cosas? Un ejemplo: si no dejamos de pensar en una ex pareja es porque no vibramos alto, con el consiguiente sufrimiento (porque no concuerda nuestros pensamientos pasados con el presente que vivimos, esto lo entendí) pero no debemos preocuparnos porque esto ¿debe ser así?. Aquí es donde me pierdo. Entonces Carlos…para qué molestarnos en responsabilizarnos y tratar de manejar los pensamientos si todo está cómo tiene que estar? algo se me escapa…

        1. Tú decides cuándo ser feliz, pero incluso en el caso de que no puedas dar el paso… eso es lo que debe suceder.

          Si quieres tratar más este asunto, abre un hilo en el foro, en el apartado Laboratorio del Cambio.

          Gracias 🙂

  2. MUCHAS GRACIAS, CARLOS, POR TU RELATO. SON MUY BUENAS LAS CONCLUSIONES A LAS QUE LLEGAS, Y MEJOR AÚN QUE LAS COMPARTAS CON TODOS LOS QUE TE SEGUIMOS. YO SOY NUEVA AQUÍ Y ME ESTÁ AYUDANDO MUCHO TU PÁGINA.

  3. Hola Carlos, una vez más he llorado leyéndote. Tantas cosas vividas y eres capaz con unas pocas palabras de hacerme consciente de que todo eso, sucedió tal como tenía que ser, me llena de esperanza y de amor todo lo que escribes, gracias por ser esa hermosa luz que me ilumina cuando tengo días tan oscuros.

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