El interruptor de la consciencia global

“La unidad es la variedad,
y la variedad en la unidad
es la ley suprema del Universo.”
Isaac Newton

 

Mi primer trabajo como periodista remunerado fue a los 12 años, cuando mi vecino me pidió que le hiciera un pequeño reportaje de una calle de Madrid que publicaría en el periódico local donde trabajaba.

Me pagaría 1.000 pesetas, seis euros, por aquello.

Yo pasé dos tardes en la biblioteca del colegio, rebuscando entre pesadísimos tomos que no estaba acostumbrado a manejar. Copié todo a mano, porque en 1988 era demasiado caro tener una fotocopiadora en las bibliotecas y en casa reproduje, como pude, y sin poder equivocarme porque escribía directamente a máquina, lo que aquella calle representaba. También, de paso, desentrañaría el misterio que tenía la calle para que yo hubiera pringado dos tardes, metido en una biblioteca, trabajando por algo en lo que no tenía ningún interés.

Cuando terminé aquella redacción, aquel trasvase de información, mi trabajo como filólogo había terminado y  entregué el artículo a su dueño. Había tardado una semana en obtener y procesar información.

Al final no recuerdo que me pagara por aquello. Tampoco yo esperaba el dinero. Eran 1.000 pesetas, me durarían para caprichos un par de semanas. Lo que quería sentir era que mi trabajo estaba bien hecho; después de aquello, evidentemente, y de muchas otras cosas, me ha tocado sentirme imperfecto, y me ha obligado a valorar lo que hago, sin pensar en lo que piensan de mí los demás. Creo que fue ese sentimiento de perfeccionismo, el mismo que sienten muchas personas imperfectas en su vida, el que me giró hacia mi destino. Como muchas personas que hemos sufrido algún tipo de carencia afectiva en nuestra vida, hemos generado una frecuencia electromagnética en la Tierra que nos mantiene divididos por esa parte de la que nos hemos desconectado.

Buscando el Amor, cuando está en cada uno.

Esa búsqueda del Amor ha sido infructuosa. Penosa, más bien. Hemos construido todo tipo de artilugios para  buscar la Felicidad, y hemos acabado obteniendo más conocimiento. A medida que hemos querido conocer más cosas nos hemos chocado contra otras. Pero ese contacto con los demás, esas permanentes guerras que hemos creado a lo largo de los siglos hacia lo desconocido, es lo que nos ha permitido evolucionar.

El conocimiento de esas partes sin conquistar ni someter, de esos indios blasfemos, de esos negros parecidos a los chimpancés o de esos chinos que sólo sirven para trabajar, al conocer a todos esos perfiles, esos Arcanos que completan nuestra baraja, el subconsciente comienza a aflorar.

Salen a flote nuestros rechazos por nuestra ignorancia.

El miedo está hinchado de ignorancia

Nuestro miedo a lo desconocido nos conduce a la ira, y eso nos ha separado. Pero ahora que estamos plenamente informados, ahora que Twitter es el mejor medidor del estado de ánimo del planeta Tierra, ahora que la tecnología nos ha acercado a los demás empezamos a hermanarnos con ellos.

La tecnología se ha convertido en la nueva capa material de nuestra consciencia y de nuestro ser,  que nos une a los demás y nos construye junto a ellos.

El gran paso del conocimiento al Ser

Decía Steve Jobs que él había trabajado mucho en crear una fusión entre la tecnología y las humanidades. Y lo consiguió. El padre de la informática doméstica, el que logró crear herramientas para que el conocimiento estuviera siempre en la palma de nuestra mano, fusionó al hombre y la tecnología.

Ahora el reto es integrarlo biónicamente; comentaba Steve en su biografía que su hijo estudiaría eso, la fusión entre la tecnología y la biología. Creará implantes biónicos, ¿quizás marca Apple? que nos ayudarán a dictar las compras para casa, redactar una carta a nuestra abuela o decirle a nuestra cocina que tenga lista la comida para hoy.

Estamos aprendiendo a comunicarnos con la energía de fuera para, al igual que hacemos con nuestro propio cuero, convertirla en parte de lo que queremos ser. Esa energía, la tecnología, forma parte de nuestro Ser. Su vibración, la que estructura la forma y función de esos accesorios domóticos e implantes ha sido creada gracias a nuestra imaginación, a esa capacidad de elevarnos y de crear materia…

… y se está convirtiendo en una parte de nosotros, como ahora lo es aquello que al perder sufrimos.

Esa materia a nuestra disposición que debemos aprender a perder, nos ha convertido en dioses; gracias a ella transcendemos a nuestro cuerpo físico y nos proyectamos en el exterior. Nos convertimos en eso que forma parte de nosotros y que se comporta de acuerdo a nuestra consciencia. Esa tecnología que nos rodea es parte nuestra, esa energía densificada que  el ser humano ha puesto a su disposición, o la energía poniéndose a disposición el ser humano —en una simbiosis nunca hay un primero o un segundo, sino un Todo vibrando en la misma frecuencia— toda esa energía en forma de edificios, aviones, ordenadores y satélites es la forma en la que el ser humano se expande a través del Universo, replicándose tal y como hace Dios en sus infinitos hijos, proyectándose a través de su esperma.

El ser humano continúa su expansión para replicarse por el Universo, lanzando sus propias semillas al espacio, semillas de su creación que encuentren la próxima estación para que el ser humano siga sembrando la diversidad.

Lo define muy bien Jason Silva en esta charla:

Toda esa tecnología que creamos es parte de nuestra energía, de nuestra consciencia. Los seres humanos actuales, los que vivimos en las ciudades y comemos alimentos con gasificantes y emulgentes, no podemos evolucionar de ninguna otra forma sino a través de esa tecnología; es nuestra capa de energía, trabaja para nosotros: tenemos edificios que regulan su temperatura dependiendo de cuántos seamos en casa, teléfonos a los que podemos decir “despiértame dentro de treinta minutos”, y coches como el Google Car que son los más eficientes taxistas.

El ser humano sólo crece y se expande en un inmenso planeta Tierra, dispuesto para expandir nuestra amplia y compleja diversidad a través de la tecnología. Gracias a las interconexiones que las propias fluctuaciones energéticas ejercen sobre nuestras vidas, todos estamos conectados a una energía en expansión, una consciencia que aumenta a medida que se interconecta y se retroalimenta del resto de energías…

… energías que la Energía genera. El Árbol y las Hojas.

Desconocemos a los seres que nos contienen

Todo lo que somos y experimentamos es un Todo presente que fluctúa, que cambia, que muta y se expande en un viaje sin fin hacia la Felicidad y la Sabiduría. No sabemos qué es. Parece un planeta… por supuesto es algo más transcendental. Esta energía que nos contiene se nutre de nosotros, como las hojas que rodean al árbol, los electrones orbitando alrededor del átomo o los planetas girando alrededor del Sol. Vivimos en un baile de energías masculinas que giran alrededor de energías femeninas, generando la vibración, la fricción, la Luz.

El fuego.

Crear el fuego es una alegoría del momento en el que aprendimos a ser conscientes de que podemos generar energía con nuestro propio Ser. De que podemos utilizar las cosas que reconocemos como nuestras, cosas que se diferencian de nosotros por la frecuencia de vibración: el pez grande se come al chico, y los más elevados niveles de consciencia se nutren —que no se comen y dejémonos de conspiranoias—, del ser humano. El Ser que entre todos creamos, el porqué de Gaia, nuestro planeta Tierra, el Ser consciente generado por todas las energías mentales posee un propósito global que desconocemos. No sabemos cuál es la misión de esta entidad del Universo a la que nosotros llamamos planeta.

Pero la hay.

La única forma de saber cuál es el propósito de la raza humana, la voz pensante de Gaia, es precisamente esa: ser una Voz. Ocho mil millones de personas que pueblan la Tierra, y que se juntarán  muchas otras en una expansión que nos demostrará que los recursos siempre fueron ilimitados.

Esa voz, todos esos seres humanos absolutamente interconectados entre sí, nutriéndose unos de otros. Es el futuro de facebook: experimentar cómo tus amigos van al concierto, pudiendo ver en tu propia mente lo que ellos experimentan. Compartiremos las energías con los demás para sentir las suyas; ahora sólo leemos y visualizamos, pero llegará el día en que lo sintamos. Eso hará que la consciencia se expanda: sentir todas las experiencias, las fluctuaciones, las pérdidas, personas conectadas  a una experiencia planetaria que saborearemos y disfrutaremos de todo lo que ocurre en el mundo, en tiempo real.

Sin esperar una semana, ni siquiera unas horas, para escribir un reportaje.

En un futuro no mucho más lejano, transcenderemos a la necesidad de conectar con experiencias similares. Nos regocijaremos de la indescriptible sensación de formar parte de todo el entramado global, de toda la energía de la Tierra. Una consciencia global que se ha formado gracias a patrones mentales que proyectan la energía que reciben, patrones de nuestros cerebros que han registrado experiencias, lugares y sentimientos que reflejan todo lo que somos.

Patrones que vibran incandescentes, creando la energía que contienen.

La Vida es tu CONSCIENCIA. Expándela.

Toda esta expansión nos hará ver que no somos personas individuales… sino Gaia. Y para dar ese salto cuántico, el que ya está sucediendo, el que hace a una célula sentirse un músculo, seguiremos apoyándonos en la tecnología que conecte nuestras mentes, y que nos permita acceder a cualquier información experiencial registrada por el resto de seres de este mundo.

Esa forma global de mirar al planeta nos hará entender por qué cada una de sus convulsiones a modo de catástrofe no era más que una fluctuación de nuestra galaxia, un bache que debíamos pasar. Entenderemos que somos nosotros quienes causamos la causa. Que somos la causa que no comprendemos como incausada.

Experimentaremos al planeta en su totalidad cuando sembremos en nuestra consciencia la comprensión absoluta de nuestro Ser y, por tanto, del Ser Superior que nos da vida. Aprenderemos a aceptar las pérdidas, vaivenes necesarios para todo lo demás. Sabremos qué hacemos aquí y cómo continuar.

La tecnología esa energía aliada con la que resonamos es el interruptor que nos ayudará a encender la Luz. Una Luz que nos mostrará lo que somos para poder encontrarnos.

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