El infierno de la culpa

“Hay un remedio para las culpas: reconocerlas”.
Franz Grillparzer
 

 

Culpa, culpa, culpa por todos lados.

Culpa de unas personas a otras: Mi jefe tiene el problema. Mi marido tiene el problema. Mi novia tiene el problema. Mi padre tiene el problema.

Si uno se fija un poco, comprobamos que todos los problemas del mundo, absolutamente todos los problemas del mundo están fundamentados en la proyección de la culpa ahí fuera.

En unas personas culpando a otras. Negando a través de la culpa que ellas son lo mismo, exactamente lo mismo, que aquello que condenan. Que son la misma energía, reflejándose en esa otra persona a la que machaca y hunde con críticas.

Toda esa gente que dice “jamás sería como tú”, es el objetivo de quien critica. Y, precisamente, el ser exigente consigo mismo le enfrenta a situaciones donde debe poner a prueba su valentía. Esa vibración subconsciente que aún no ha aflorado a la psique, esa oscuridad que desconoce de sí mismo el que critica, esa visión que ilumina al Ser y apaga al animal, toda esa Oscuridad está impidiendo que el que critica y culpa se considere igual a esa persona.

Le está impidiendo empatizar con las personas a las que tanto rechaza, porque lleva un modo automático de rechazo del que es absolutamente inconsciente. Rechaza lo que él mismo es.

Ignora que hay algo en su interior que le lleva a criticar a ciertas personas, pero al final se da cuenta, como yo mismo me di cuenta, que criticamos a las personas que huimos por no querer ser como ellas, precisamente porque no nos gusta cómo nos vemos actuando de esa forma.

Prejuicios, esquemas morales, humanos. Están, todos, en nosotros. Pero no nos gustan y los proyectamos en los demás. Los vemos en el resto.

Mi ex tiene la culpa de todo

Tenemos tanto miedo a sentirnos culpables por algo o, aún más duro, sentirnos responsables de algo, que nos bloqueamos. A veces nos culpamos y nos quedamos de brazos cruzados; bueno, eso es más fácil. Mea culpa, mea culpa, mea culpa, que me dijo la Iglesia que lo dijera muchas, muchas, muchas veces, y cuando llegue a pensar de mí que soy una absoluta mierda que no valgo para nada y vea a gente siendo feliz, ellos serán los culpables de mis problemas. Buscaré entonces una bonita parroquia para ir todos los días a misa, y echar dinerito cuando pasan el cepillo.

A ver si Dios me salva de los cabrones que me rodean.
A Dios rogando y con el mazo dando.

Sin embargo, hay algo bueno en todo este camino de dolor que ha infligido la iglesia católica, esta imposición de la supuesta Felicidad que llevó a personas inconscientes, huidizas de su dolor, a torturar y purificar con el fuego a millones de personas que no creían en lo que ellos creían. Con miedo a ser repudiados, como les ocurrió a los primeros cristianos. Esa persecución creó generaciones de culpa, oleadas genéticas que nos han acercado hasta donde nadie quiere estar.

Donde todos pedimos jamás caer, revolviéndonos contra el sistema y contra los demás si es necesario.

Hemos conocido el infierno de la culpa.


Responsabilízate de tu Felicidad

Quizás esas personas oprimidas, hartas de sufrir, recibieron una Luz. Un libro, una canción, una conversación, algo o alguien que les dice, “eh, despierta, puedes ser Feliz. No tienes la culpa de haber sido inconsciente. Ahora eres responsable de no volver a serlo, cierto, pero la culpa no es necesaria. Responsabilízate.

Pero esa responsabilidad está mal entendida. La mayoría dice que sí con la cabeza, pero se siguen doliendo después de haber creado expectativas de Amor por parte de sus padres, de su vecino o de su jefe. Así que no se responsabilizan sino que se endurecen y se convierten en piedra.

No dejan traspasar el Amor de los demás.

Si te quieres, te quieren

Sólo cuando nos Amamos, nos Aman, pero para Amarnos nos tenemos que Amar con todo eso que no nos gusta de nosotros. Tenemos que entender que todo eso que proyectamos contra los demás somos nosotros.

La realidad es que vemos lo que no nos gusta reflejado en los demás. Todas esas luces que son los demás, quienes componen el collar de perlas de Indra donde cada perla refleja a todas y se refleja en todas, todas esas perlas que somos estamos viendo nuestra propia Luz.

Contemplando al resto de perlas.

Nos reflejamos en los demás y así vemos por dónde andamos y qué somos. Sólo necesitamos interpretar esas Señales, esos reflejos que vemos en Seres de Luz que reflejan nuestra Luz. Así que deberíamos entender que cuando esas personas se comportan frías, hostiles, despreocupadas y felices mientras hace algún tipo de daño a la sociedad… somos nosotros, reflejados en ellos.


La soledad como herramienta de encuentro

Hace ya un tiempo entendí que me da igual si me quedo solo, o no. Si alguien no me quiere acompañar, es su problema. Yo confío realmente en lo que pienso, no hago daño ni molesto a los demás, no intento aprovecharme de su energía yendo a beber a sus fuentes, sino que he decidido ser mi propia fuente, dando todo lo que soy, no lo que tengo.

Si quieres Amar, debes Amarte: a toda fuente le sobra el agua que da

Hasta que eso no sucedió, dependí de otras fuentes porque no creía en mí propio manantial. Necesitaba de la energía, de la aprobación de la gente que estaba conmigo: el núcleo al que me aferraba y que me decía que yo era así. Eso es lo que realmente duele, perder el ser como uno cree ser, tal y como nos juzgan los que nos rodean.

No soltamos a esa gente, porque buscar algo nuevo nos hace gastar mucha energía. Muchos se quedan quietos, sin dar cambios, porque en el salto gastamos mucha energía y arriesgamos más de la cuenta.

La Vida te dará un premio si decides hacer un cambio

Yo no di el salto hasta muy tarde. Hice lo que tenía que hacer, desde luego, pero podía haberme ahorrado mucho sufrimiento. O no: si hubiera sido más light, si no me hubiera costado tanto salir del hoyo, quizás no me habría dado por escribir libros para aprender a escalar hoyos.

Y no estaríamos, de alguna forma, comunicándonos.

Desde luego, esas vidas intensas que tanto vemos en la televisión están relacionadas con la culpa que esas personas sienten por sí mismas. Sienten culpa de no querer ser lo que su entorno rechaza. Por ejemplo, no querer ser un negro porque el entorno, la familia, lo rechaza, siendo algo que conduce al racismo. Mi sociedad no lo quiere, yo tampoco. Mi sociedad lo teme, yo también. Manipulados de principio a fin por una sociedad que nos condiciona para que seamos débiles, para que vivamos dependientes del poco trabajo que quiera darnos para sobrevivir.

Personas con miedo, eso es lo que somos.
Con miedo a perder lo que nunca fue nuestro.

Depender es necesitar algo que no es tuyo


Somos Uno, todos

Nadie fue nuestro, nada estuvo con nosotros. Sólo vimos nuestro reflejo en las otras personas. Cuanto más nos duela ver que nos negamos a perder a quienes apoyan lo que somos, más transcendental será el cambio que experimentemos al reconocer que la única aprobación de lo que somos debe venir de uno mismo.

No queremos llegar a convertirnos en eso. En pirados que viven ajenos a pueblos y ciudades que no son aprobados por nadie. A Van Goghs que se cortan las orejas. Condenamos y nos quedamos quietos, junto a todos esos que nos dicen que no somos malos sino buenos. A los amigos que refuerzan nuestra rancia identidad. No entendemos que sólo encontraremos la Felicidad cuando aceptemos ser lo que criticamos, y por eso seguimos sin  evolucionar, sin ser seres completos…

… cuando las dos medias naranjas están dentro de cada uno.


La clave de la aceptación

Así es como educa la sociedad en lo que respecta a nuestro dolor. En no aceptarlo, haciéndonos consumir, manteniendo a la mente ocupada, en generar la idea de un mundo agresivo y hostil que puede hacernos daño. En que no nos conozcamos, en que nos cueste descubrir quienes somos, que vemos permanentemente reflejado en los demás.

En ese viaje hay muchos que, con tal de no acabar aplastando a su Ser interior con tanta culpa, acaban por proyectarla fuera, contra otros, repartiendo parte del pastel para no tener una indigestión.

A través de la crítica.

Critican y discuten contra otros para conseguir que cambien de opinión, para convertirles a lo que ellos consideran que es lo correcto. Ésa es la versión light de quienes culpan y rechazan a otras personas. Quienes dicen no hacer daño, porque sólo son críticos. Esos que dicen que no critican, sino que son críticos.

¡Las personas felices no critican!

Los críticos, Represores de una parte de sí mismos, comparten una realidad y un objetivo en común: son personas negativas que se engañan a sí mismas pensando que son felices. Pero no lo son. Critican a otros porque quieren cambiar a los demás a lo que consideran que es su versión correcta. Creen ser constructivos, como Hitler limpiando a la carroña del mapa, o el racista pensando que el mundo sería mejor sin gente china o negra.

Eso es lo que les hace felices, construir según sus Represiones.

Nadie entiende que criticamos a personas que creen estar haciendo algo para encontrar su Felicidad, y que toda Represión responde a un rechazo hacia el propio Yo.

Por eso, yo no critico a quienes son Felices con su versión, y he aprendido a no culpar a otras personas por criticarme. Entiendo su miedo cuando ven su reflejo en mí. 

Culpar a otros de criticarnos, de abandonarnos con su desprecio cuando estamos siendo como deseamos ser, manifiesta una ignorancia de quien critica hacia la persona que busca su Felicidad. Pero lo peor es dar credibilidad a la crítica, ya que eso habla de que se Resuena con una Verdad que se rechaza.

Cuando superas la crítica hacia lo de fuera, cuando dejas de criticar y entiendes que los que critican están manifestando tus propias negaciones, empiezas a Amarte.

Dejar de criticar y trascender la crítica permite comprender que lo que había en el interior era la manifestación exterior, en forma de mensaje, quizás doloroso, para aceptarse a uno mismo en toda su totalidad.

Que tu autoestima crezca tanto como la mía, cuando aceptes todo aquello con lo que Resuenas 🙏

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