El hogar de los mil espejos

Todo en la Vida no es más que Energía compuesta de Luz en movimiento. Luz que vibra. La Vida es un compuesto de Luz y Sonido.

No hay nada más.

Esa Energía parte de la Nada, forma el Todo que luce y vibra, y dichas vibraciones unen y cohesionan sus iguales. La energía que vibra de forma similar… se une.

Nuestra ciencia, sin embargo, aún newtoniana y dada a pocos laberintos, habla del caos para dejar zanjada la aleatoriedad con la que se suceden los fenómenos en nuestro Universo. El caos, que no es sino un moderno y elegante disfraz de la victoriana palabra azar es, según el texto gnóstico del Kybalion, “el nombre que se da a una ley desconocida, cuando en realidad hay muchos planos de causación”.

Es decir, no existe el azar. Lo que existe es nuestra incapacidad biológica para detectar dichos planos de causación.

Sólo existe nuestra falta de entendimiento ante la inconmensurable mecánica del Universo.

Me remitiré, una vez más, a mi teoría sobre la Nada, la cual sostiene el Todo. A la Gran Consciencia viviendo en el Vacío, en el agujero de un donuts cuántico. Ahí, en el silencio, en esa realidad unificada subyacente de la cual todo emerge y a la cual todo regresa, y a la que el psicólogo analítico Carl Gustav Jung llamó unus mundus, brotan el Observador, el evento Observado y el acto de Observar.

Todo existe, por tanto, en un mismo punto.

Todo está en el Centro, lo que explica que la conexión aparentemente acausal es posible porque todos los sujetos y eventos son la misma cosa, la misma energía fractalizada de forma infinita en el Universo. Como dijo el filósofo estadounidense William James “somos como islas en el mar, separadas en la superficie pero conectadas en las profundidades”. O como explica el budista Thich Nhat Hanh, la Gran Consciencia se sirve de su propio cuerpo como herramienta para conocerse:

El otro, en definitiva, es lo mismo que el uno, así que todo lo que ocurre en el Universo ocurre en una misma mente, en ese Centro, esa Nada que todos somos.

El filósofo británico Alan Watts habló del collar de perlas de Indra para metaforizar sobre por qué el otro es, en realidad, el Yo: imaginemos una telaraña multidimensional. No una telaraña plana, sino un tejido que se interconecta en todas las dimensiones. Y ahora imaginemos que el amanecer cubre con sus gotas de rocío cada uno de los filamentos de esa tela. Obtendríamos entonces gotas de rocío que contendrían el reflejo de todas las otras gotas de rocío, y cada gota que estuviera reflejada en otra gota contendría el reflejo de todas las gotas.

Y así hasta el infinito.

Ése es el mundo fractal en el que vivimos, donde Todo se refleja en todo: la concepción budista del Universo en una simple imagen, el Todo reflejado en un mismo Centro en el que, en realidad, no hay nada sino… un simple espejo.

La ciencia, sin embargo, subvencionada por gobiernos oligarcas presionados por la iglesia católica, desarrolla un feroz reduccionismo de las inmensas posibilidades del campo cuántico donde todo sucede. Pero todos sabemos que hay más; apliquemos la sabiduría del latín con la frase “congruo est occultus compages subter supter animadverto” que se podría traducir como “la coincidencia es la arquitectura oculta de la realidad”, y obtendremos el grito de guerra de la nueva era de nuestra civilización.

Y es que, si bien no podemos explicar de forma macroscópica lo que ocurre a nivel cuántico, debemos rendirnos ante el misterioso pero físicamente demostrado entrelazamiento de las partículas subatómicas: dos electrones separados por miles de kilómetros pueden intercambiar información de forma instantánea, lo que ratifica, laboratorio mediante como bien desea la obstinada ciencia tradicional, la conexión de todos los que partimos de esa fuente, y otros muchos efectos de esa causa como la telepatía, la telequinesis y otras habilidades psíquicas.

Se trata, por tanto, de tomar esta plausible explicación para todos los fenómenos de interconexión y entender que la causa que propicia estos efectos no es otro que la vibración de la Luz, la vibración de la energía fotónica. Entenderíamos, entonces, que los eventos de sincronicidad, la interconexión del mundo que percibe nuestro Avatar, están determinados por un factor de Resonancia: cuando cierta energía resuena de forma similar a otra se une a ella, vibrando ambas en la misma longitud de onda.

Reflejándose un evento frente al otro, como dos gotas de agua que reflejan mutuamente su existencia.

El Centro del Universo está en el Centro de todas las cosas, de todas las gotas de agua que forman este infinito entramado energético que es la Vida. Un Centro sin centro, disperso en todas sus formas fractales, el cual, como todo Centro del Universo, posee su propia fuerza de gravedad.

El planeta Tierra lo tiene.
El Sol lo tiene.
El centro de la Vía Láctea también lo tiene.

Cada ser humano por supuesto, posee también su propio centro de gravedad así que cabe preguntarse, ¿no será que gravitamos hacia el centro de ciertas personas que crean la realidad de ciertas situaciones sólo porque vibramos igual que ellas? ¿No será que nos unimos al centro de gravedad de aquellas personas que vibran en nuestra frecuencia y que, al igual que nosotros, gotas de agua del místico rocío del amanecer, reflejan lo que somos?

Todas las personas de este mundo reflejan lo que somos. Reflejan lo que eres. Tu unión con ellas no es casual sino causal: la causa que nos une a los demás es la vibración; la consciencia de esas energías al unirse es la encargada de entender y comprender su estado al reflejarse en su energía espejo.

Ellas te muestran tus fortalezas y tus debilidades, así que te mostrarán tu camino.

La Vida es el hogar de los mil espejos. Infinitos espejos. Todos ellos reflejan al resto de espejos, y cada uno de esos reflejos refleja al resto de espejos. Nuestro libre albedrío, sin embargo, nos permite aminorar nuestra vibración a través de sentimientos egotistas, o elevarla con los sentimientos de compasión, que no son sino los sentimientos que empatizan con el otro, que entienden y comprenden los reflejos observados en el resto de espejos.

Como dice Osho, debemos ser lo que ya somos, simples espejos que reflejan la realidad, el momento presente, de la misma forma que un espejo no tiene pasado ni futuro si no hay acontecimientos que pueda reflejar. Y es el libre albedrío el que permite al espejo conectarse con el fenómeno a reflejar, y permite a la energía modificarse y conocerse a sí misma a través de sus infinitas conexiones.

La vibración, por tanto, es la maestra que nos conduce a conectar con nuestro reflejo en aquellas personas, situaciones y cosas que nos mostrarán cuál es nuestra condición y cuál es el camino. La que nos arrojará al camino de las zarzas con el fin de que entendamos el dolor como una forma de evolución. La que nos llenará de sonrisas para profesar Amor a la Vida.

La que nos mostrará eventos, no para contemplarlos sino para mirar a través de ellos.

Si Uno es Todo, si todos los reflejos de todos los espejos del mundo se encuentran en un único espejo y dicha información reside en ti, significa que todos los acontecimientos del mundo que percibes se crean porque tú los creas. Tú existes y, consecuentemente, eres consciente de tus propios acontecimientos.

Eres el protagonista de esta película, rodeado de atrezzo que cobra tu misma identidad en cada consciencia individual. Y, por supuesto, en esas consciencias habitará un reflejo de tu Ser en tanto en cuanto vibres igual que ellas, lo que significa que cada uno de los acontecimientos del mundo que llegan hasta ti suceden por tu consciencia creadora.

¿Has pensado, entonces, que cada una de esas personas, situaciones y cosas a las que te unes, de forma efímera o prolongada en el tiempo, pasan por tu vida por una causa que tiene origen en ti? ¿Y entiendes que todos esos reflejos no son sino creaciones de tu mente consciente, siendo cada una de esas palabras, de esos actos, de esos escenarios en los que vives, Señales de tu Ser para crear tu propio camino?

Déjate llevar. Embriágate por el presente. Escucha a esas personas que pasan por tu lado. Conecta y asocia el mensaje de cada palabra que leas en tu camino. Vive cada momento, cada sonido, cada color que llegue a tu mente, porque esa y no otra es la forma de entender el flujo del Universo, el ritmo del Centro que movemos entre todos, a través del latido de nuestra consciencia.

Encuentra tus Señales cuando te reflejes en todos esos maravillosos espejos que rodean tu vida, y te sorprenderá hallar las claves para el Cambio y el ritmo que debas dar a tus pasos en tu búsqueda de la Felicidad.

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