El esperma de Dios

“El hombre es una
infinitamente pequeña copia de Dios.
Bastante gloria es ésta para el hombre.
A pesar de mi insignificancia,
reconozco que Dios está en mí.”
Victor Hugo

 

Reflexionando sobre cómo los seres vivos han complicado sus sentidos a medida que la frecuencia de vibración de sus cuerpos han conectado con más y más estructuras, podemos llegar a la conclusión de que la materia orgánica se crea gracias a la interactuación de los seres que habitan un espacio concreto.

Se ha teorizado mucho sobre cómo apareció el ADN en la Tierra, y es bastante ilógico que apareciera porque sí. Sería como tirar un montón de tablas al aire y que, al caer, tomaran forma de silla.

El ADN tiene una estructura realmente especial.

Según la teoría de Darwin de la evolución de las especies, una pequeña alteración en la secuencia de los nucleótidos del ADN puede crear cambios morfogenéticos en la descendencia; si esa alteración o mutación es provechosa, por ejemplo la que obtuvieron los osos pardos que vivían en la Antártida cuando mutaron su pelaje al color albino que ahora conocemos (permitiéndoles cazar más presas al estar debidamente camuflados con su pelaje entre la nieve), si esa mutación es beneficiosa, perdura y se impone a la anterior especie.

Sin embargo, los últimos estudios sobre epigenética y biología cuántica dejan entrever una nueva posibilidad: el ADN muta dependiendo de las emociones que surgen en un individuo, es decir, los nucleótidos del ADN alteran su secuencia dependiendo de las vibraciones que fluyen a través de las moléculas de ADN, enrolladas en telómeros, y que se encuentran alojados en el núcleo de la célula.

En este punto planteo una cuestión: cada una de esas mutaciones beneficiosas que permite a insectos, aves y mamíferos camuflarse en el entorno en el que habitan, ¿son realmente aleatorias?… ¿o se debe a que las Holografías Neurales, la estructura interna del Ser, fluye con el espectro, que es el entorno que le lleva a intentar adaptarse a él?

La mutación genética, ¿casualidad o CAUSALIDAD?

La cuestión es que si eso es cierto (que es con lo que ahora voy a teorizar) y haciendo caso del formulado cuántico que dice que toda energía es materia, podemos entender que toda la materia que hay en el Universo surge por la existencia de energía, por la existencia de una ínfima vibración.

Esa ínfima vibración parte del mismo Vacío. Es decir, Nada y Todo son lo mismo. Lo que hace que la Nada cambie es la energía.

Lo que hace que el Vacío cambie, que la negrura cambie, que el dolor cambie es la energía.

Cuando el flujo electromagnético se origina en el Vacío gracias a la inflación que sufre su núcleo, el mismo que originan las hélices de una batidora, un remolino en el aire o un agujero negro en el Universo, cuando ese flujo electromagnético que es una inmersión hacia el abismo se condensa y concentra cada vez más y más energía, llega un punto en el que explosiona y, literalmente, esparce los pedazos.

Si tenemos en cuenta que el Universo posee un movimiento de expansión-contracción, inhalación-exhalación tal y como ocurre cuando respiramos (somos fractales, partes del Todo), si el Universo posee ese movimiento que impera en nuestro corazón, en nuestra respiración, en nuestros procesos digestivos, ese ritmo de nacimiento, madurez, vejez, muerte, nacimiento, madurez en un ciclo constante como es el de todas las primaveras que hemos vivido a lo largo de nuestra corta existencia, ese ritmo de nacimiento y muerte nos hace ver que lo que siempre parece un final es, por física pura y dura, un principio.

Toda esa Nada, cuanto más oscura es antes comenzará a brillar.

Seguiremos reencarnando nuestra energía en seres que huirán, siempre, del mundo de las sombras, del miedo, del dolor.

De la misma forma que huíamos, siendo bacterias, de la oscuridad del océano y buscábamos la luz de la superficie hasta que desarrollamos sensores visuales y, acabamos saltando hacia la Luz de la superficie en forma de insectos y animales (y seres humanos que construyeron telescopios y naves espaciales), seguiremos por siempre en este camino de búsqueda de la Luz para encontrar eso que tanto brilla, esa Luz que hay ahí arriba y que nadie sabe de dónde procede.

Nuestro camino por la Vida es una búsqueda de la Energía, de la Luz. Buscamos iluminar, literalmente, todo aquello que nos rodea. A eso hemos venido a este planeta.

Eso me recuerda a cómo los organismos unicelulares y pluricelulares fueron conectando más y más materia gracias a que su frecuencia de vibración iba cada vez va más en aumento… hasta un punto en el que la cohesión de la energía les hizo desarrollar sus sentidos y, por tanto, aprendieron a conectar, a hacer vibrar cada vez más cantidad de energía.

En el ser humano esos sentidos son cada vez más complejos gracias a la conexión de nuestras 50 billones de células, que han tardado 13.800 millones de años en ponerse de acuerdo y operar juntas en un cuerpo humano.

Gracias a los sentidos podemos explorar el mundo, percibir olores y sabores, distinguir patrones, formas… pero esa exploración es, en realidad, la creación de la Vida. ¡Al explorar ver, oler, tocar y saborear al mundo lo estamos creando! Y cuanto más veamos, olamos, toquemos y saboreemos el mundo, cuanto más conscientes seamos de él más lo haremos vibrar, lo haremos crecer, expandirse, sentirlo como nuestro.

Esto significa que allí donde hay materia puede haber ADN, ya que en algún momento en el tiempo, en el origen de todas las causas, en el Big Bang que sucedió en nuestro Universo (y que sigue sucediendo en los infinitos multiversos que creamos con nuestra consciencia), aquella frecuencia infinita que reagrupó a toda la materia con una densidad de 1.048 toneladas por centímetro cúbico, aquella inflación, aquel agujero negro, aquella gigante batidora que atrajo inmensas cantidades de Vacío hasta que originó la materia, contuvo en su núcleo una energía vibrante que aprendió a generar energía y reproducirse, una hebra helicoidal inteligente capaz de replicarse a sí misma.

En pocas palabras: el Vacío originó el Big Bang Panspérmico, la vibración implosiva que fabricó la estructura del ADN y que, más tarde, explosionaría y se esparciría diseminada en trillones, cuatrillones, inmensas toneladas de materia congelada en hielo y aprisionada en roca…

… ingredientes presentes en la Nube de Oort.

La Nube de Oort es una gigante nube de cuerpos esféricos que órbita más allá de Neptuno y Plutón, rodeando al Sistema Solar.

La nube de Oort y la nube de electrones de un átomo

El Sol es como el núcleo de un átomo: diminuto ante la inmensa materia que orbita a su alrededor. Un espacio tan vasto que es necesario utilizar grandes espacios para representarlo.

Esos cuerpos que orbitan en el radio más lejano al Sol caen, de vez en cuando, hacia su órbita, y pueden chocar, eventualmente, con alguno de los planetas que circundan al astro rey. 

Numerosos planteamientos teóricos como la panspermia y estudios llevados a cabo por organizaciones como la NASA han constatado que el ADN procede de esos cometas los cuales, atraídos por la fuerza de la gravedad del Sol, acaban impactando contra otros cuerpos celestes como nuestro planeta, sembrando la Vida en él.

Es decir, los cometas serían como el polen de las plantas que viajan por el Universo, sin rumbo fijo, atraídos por otros campos gravitatorios. Cometas, espermatozoides, que poseen la capacidad de fertilizar las tierras donde impactan, gracias a las estructuras de ADN que llevan en su interior.

Acido desoxirribonucleico.
El cableado telefónico
que nos conecta con Dios

Sin embargo, el ADN que impactó en la Tierra ha sufrido numerosas modificaciones en sus nucleótidos: a pesar de ser el ADN la matriz original para desarrollar la Vida, su densificación energética tiene origen terrestre, así que es mucho más básica, menos compleja, que la de seres superiores.

El ADN es una creación reflejo de su entorno. Se adapta a su entorno. La pregunta que planteo entonces, es: ¿y si el ADN impacta en otros planetas donde la vida humana no podría existir, y consigue desarrollar nuevas formas a la hora de estructurar sus bases nitrogenadas, adaptándose a otros climas y presiones? ¿Por qué no?

Si el ADN es capaz de adaptarse, porque es la Voz que brota desde el Punto Cero, el Ojo que todo lo ve, utilizando la materia para conocerse, el ADN puede cohesionar atómicamente ya no sólo bases nitrogenadas, sino otros componentes como el silicio.

El ADN puede conseguir que se desarrollen otros tipos de vida, con otras estructuras corporales basadas en infinitas densificaciones materiales, líquidas y gaseosas.

La Vida es diversidad. Y tenemos muestra de ello:

ElEspermaDeDios3

El famoso mensaje de Arecibo, enviado al espacio el 16 de noviembre de 1974, contenía información sobre nuestra raza, nuestros genes, nuestra posición en el Sistema Solar, nuestra tecnología… y, supuestamente, fue respondido el 21 de agosto de 2001 con un gráfico similar (adjunto más arriba), pero con evidencias de otra posible inteligencia…

… evidencias de otro ADN, con una estructura helicoidal diferente, siendo la composición de los elementos químicos que componen a ese otro humanoide.

Esta posible respuesta extraterrestre, junto a la panspermia y a la evolución de las especies, son los tres factores que sugieren que el ADN se adapta creando estructuras atómicas estables durante millones de años en el entorno en el que es sembrado y que procede, y esto es lo más importante, de más allá del espacio exterior, de las nubes que rodean a los sistemas solares…

… como espermatozoides esperando fecundar al óvulo que genera la Vida.

Cometas y espermatozoides, el polen de la Vida

La Nube de Oort no es más que el campo de semillas con el que el Sistema Solar se abona a sí mismo para perpetuar la Vida.

El Sistema Solar de nuestra galaxia, así como en todas las estrellas de los quinientos mil millones de galaxias que existen en nuestro Universo observable, poseen esas nubes de vida, esos posibles meteoritos girando a su alrededor.

Con esto podríamos argumentar que la Vida no está fuera sino que siempre procede del núcleo que, gracias a la inflación del Vacío explosiona y envía las semillas hacia el espacio exterior. Porque, en algún momento, la Tierra explosionará, junto con el resto de planetas, tal y como hablé en este artículo sobre La Tierra Hueca.

La Energía tiene sólo un Centro, y nuestra consciencia es la que provoca la ubicación en el espacio y el tiempo y, por tanto, la diversidad. Y si todo tiene un Centro, el cual implosionó y explosionó gracias a un pellizco en la inexistencia, dicha inflación y explosión parte de un único Centro al que podemos llamar Dios, y que ha arrojado vida en diferentes frecuencias de vibración y que nosotros vemos diseminada en diferentes personas, planetas, sistemas solares y galaxias.

El ADN, por tanto, se originó en la máxima frecuencia de la Vida, explotó en un inconmensurable orgasmo, y se esparció en infinitas cápsulas contenedoras de Vida, conectando a todo el Universo con su propio Centro.

ADN vibrante que, dibujado en el espacio tiempo se vería como las raíces de un gran Árbol, de un gran Ser.

Esas raíces determinan su fecundidad. Es como esperma que sigue viajando para fecundar al óvulo, como el polen que viaja por el aire para caer en otras plantas, cómo la Nube de Oort fecunda a los planetas de nuestro Sistema Solar…

… o cómo las galaxias se fusionan, como ocurrirá en la colisión que tendrá lugar entre la Vía Láctea y nuestra galaxia vecina, Andrómeda, dentro de 3.870 millones de años.

Dios seguirá haciendo converger la dualidad, nuestra mente seguirá ese eterno camino hacia la Unidad, que es hacia la creación de nuestra propia especie, nuestra paternidad y maternidad.

En esa notable convergencia que tendrá lugar entre los núcleos de la Vía Láctea y Andromeda, brotará una nueva Expresión del Ser. Dos formas de Vida, como dos seres humanos con sus 50 billones de células, darán Luz a otro Ser, una nueva galaxia dorada, ínfima parte de un mundo infinito, formado por miles de millones, de billones, de trillones de mundos dentro de otros mundos.

Igual que la galaxia de nuestras neuronas, reflejo de los 100.000 millones de estrellas de la Vía Láctea, nuestros entes superiores son el reflejo de nuestros actos, siempre conectando, convergiendo y diversificando la Vida, en este camino infinito hacia el Ser Uno.

Un pensamiento en “El esperma de Dios”

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