Descentrados

“No es saludable estar bien adaptado
a una sociedad profundamente enferma.”
Krishnamurti

 

Estamos perdidos. Viajamos sin rumbo. Sin saber por qué vivimos. No tenemos ni la más remota idea de qué hacemos en este planeta, dando vueltas alrededor de una de las cien mil millones de estrellas de esta galaxia, que gira junto a miles de millones de galaxias a través de un oscuro e infinito Universo.

¿Qué hacemos aquí?

Quizás deberíamos empezar por ahí, por saber qué somos, quiénes somos. El mítico de dónde venimos y hacia dónde vamos… pero seguimos constriñendo nuestro camino por la Vida a un puñado de recuerdos y esquemas, a la rígida configuración de la energía que hemos vivido hasta el día de hoy… A lo que nos dijeron que era correcto, productivo, honrado y confiable…

… y, con eso, tiramos para adelante.

No tenemos ni idea de por qué tenemos que morir, y hacemos todo lo posible por evitarlo; vivimos obsesionados por la juventud, el poder y el sexo, y todos nuestros esfuerzos se dirigen hacia la más inexorable de las verdades, esa que ninguno queremos admitir: que vamos a morir. Algún día. Pronto. El tiempo pasa rápido… cuando queramos mirar hacia atrás, ya será demasiado tarde. Si te duele escuchar esto y lo tildas de negativo, estarás huyendo de una realidad atronadora. Sí, todos vamos a morir. Y quizás sea aún peor y vivamos una muerte en vida, empeñados en conseguir el éxito.

Vivimos vidas que no queremos vivir construyendo sobre lo que ya está construido porque padres, profesores y jefes que nos dijeron lo que debíamos hacer. Nos instaron a seguir aupando una sociedad putrefacta, gobernada por la corrupción y dominada por el miedo. Y parece que al hacer eso seremos personas de éxito.

Construye. Crece. Crea tu marca personal. Entrénate. Aprende a seducir. Crea sobre lo creado, esfuérzate, ¡ayuda a mantener todo esto en pie! Rebasa tus límites. Sigue esforzándote.

Busca el éxito.

Miles de mensajes navegan en este espacio-tiempo con ese mensaje: busca el éxito. Algo maravilloso y lleno de intención, un buen Mantra para perseguir, pero sin una finalidad espiritual que hace que todo se diluya.

Todos los mensajes, entonces, hablan de por qué debes emprender, por qué debes crear empresas, ser cotizado y tener una excelsa reputación; si tu nombre vale millones de euros, vas por el buen camino. Pero todo por un fin egótico.

Vivimos un absurdo fake, potenciado por quienes hacen del capital la única vía de crecimiento personal; si visitas una librería verás apilados cientos de libros que hablan de cómo crearte un nombre, cómo abrirte hueco en Internet, cómo luchar para configurar un negocio y de qué forma sentirte orgulloso del dinero que ganas, pero cuando nos quedamos en silencio, cuando somos sinceros con nosotros mismos, nada nos enorgullece.

Nada nos da una sociedad que nos consume, si no la consumimos.

Nuestro viaje a bordo de este planeta es absurdo. Tan absurdo, que cuesta comprenderlo. Quizás, si lo vemos con un ejemplo, contemplaremos el más absurdo de los absurdos, en su más absurda magnitud: imagina que sales un día a pasear y ves un coche, saltando a trompicones por el campo. Atraviesa campos arados y pastos, haciendo círculos sin mucho sentido, chocándose con los árboles. En algún momento te acercas al coche y saludas a la persona que lo conduce.

—Hola, perdone… ¿Se encuentra bien?
—Eh… sí…
> —¿Se ha perdido?
—No…
—Entonces, ¿qué hace aquí?
—No lo sé…
—¿A dónde se dirige?
—No lo sé…
—¿De dónde viene?
—Pues… es que tampoco lo sé…

Así es como navegamos por este espacio-tiempo. Es muy necesaria la creación del soporte de nuestro ego, sin el cual no podemos sobrevivir. Necesitamos de un cuerpo, cubrir sus necesidades, pero nos empeñamos en rebasar la frontera de la inexistencia, el artificio y, sin saber hacia dónde nos dirigimos ni porqué nos hemos salido de la carretera, seguimos a trompicones. Sin saber por qué conducimos un coche, sin saber por qué nos levantamos cada día para trabajar sin tener ningún objetivo claro. Sin saber por qué ganamos dinero para crecer, pagar hipoteca y tener hijos, rigiendo todos, absolutamente todos nuestros movimientos por la inconsciencia, abocándonos casi siempre a destinos fatales.

Rupturas sentimentales. Despidos. Muertes trágicas. Enfermedades. Sueños imposibles. Juventudes truncadas. Familias desestructuradas. Televisión basura. Sexo rápido.

Estamos perdidos. Como dije en aquel pequeño monólogo, interpretado por un mal actor pero provisto de un gran mensaje, estamos perdidos.

No tenemos ni idea de hacia dónde nos dirigimos, por qué trabajamos, por qué gastamos dinero, por qué consumimos o por qué creemos evolucionar al mismo ritmo que nuestros teléfonos de alta gama… pero seguimos afianzando ese camino, fortaleciendo el mercado, huyendo de la crisis que nos devuelve al encuentro con nuestro Ser.

Y, entonces, desaforados, creamos marcas personales, subimos peldaños, tapamos grietas y pensamos que ése es el camino hacia la Felicidad.

Estamos ciegos. Perdidos y ciegos, chocándonos contra muros imposibles, los de nuestro Ser. Vacíos de toda existencia, apoyados en existencias fútiles para continuar nuestro camino hacia el más absoluto de los vacíos. Leemos libros que nos hablan de cómo combatir una crisis personal con el ejercicio físico, de cómo un fracaso laboral debe taparse con más trabajo, de cómo imaginar cosas para crear más cosas, huyendo de nuestra realidad.

Prostituimos la creatividad, utilizándola como el Scotch-Brite de nuestras miserias. Viajamos absurdamente descentrados, poniendo nuestra imaginación y nuestra creatividad al servicio del mundo exterior, jamás al encuentro con el Ser interior. Y, así, dando vueltas, sin Centro, trastabillamos como peonzas sin rumbo, lanzadas por niños ociosos vestidos de políticos, incapaces de reconocer sus miedos. Dejemos de engañarnos, ningún mercado va a salvarnos. Ninguna estrategia empresarial va a decirnos quiénes somos. Ningún perfume ni traje a medida podrá hablar jamás del Ser que llevamos dentro.

Ni mucho menos hablar con él.

Todo eso construido por otros habla del miedo. Del miedo al futuro travestido en presente. De una sociedad sumida en una hipnosis colectiva que nos hace tararear números, marcas y citas del calendario, que nos hace copiar al que más dinero gana, al que más serio parece, al que más produce.

Estamos perdidos. Perdidos y descerebrados. Y, mientras, nuestro Ser, nuestro interior lucha por salir. Mira tu vida: tu Centro. ¿Crees que has inventado algo de lo que piensas? ¿Crees ser dueño de tu vida? Lo que siempre fuiste se ahoga encarcelado por una rígida y falsa estructura de pensamientos, hábitos y costumbres creadas por otros, en otros tiempos. Vivimos una vida triste y vacía reciclada por los maestros de la publicidad y el marketing.

Personajes, no personas, que siguen dando pábulo a un falso escenario, sin guiones ni directores, que nos hacen interpretar una obra que no sabemos por qué empezó ni cuándo va a terminar.

El guión no está ahí fuera, sino dentro.
La respuesta sólo puede dárnosla nuestro Centro.
El éxito es deseable… pero siempre si conocemos nuestro fin espiritual.

He trabajado durante años en metodologías para encontrar ese fin, para romper con el discurso del ego, para polarizar la visión negativa de la Vida, para dejar de Resonar con la problemática social, con el dolor, y comenzar a Fluir en otra frecuencia.

Espero que en mi espacio y con las Guías que he creado, logres la plenitud de tu consciencia 🙏

Un pensamiento en “Descentrados”

  1. Será que ese camino incesante hasta el supuesto exito nos lo produce el deseo de convertirnos en ALGUIEN evitándonos a toda costa. Interesante articulo .

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