¿Concepto o recuerdo?

“Las mentes brillantes hablan de conceptos,
las mentes corrientes hablan de sus vidas
y las mentes mediocres hablan de los demás.”
Eleanor Roosevelt

 

Hace muchos años, terminando de comer en aquella sala que más bien parecía un almacén y antes de volver al trabajo, charlaba con un compañero, mexicano, que trabajaba conmigo en la redacción.

Un tío noble y risueño, que siempre decía lo que se le pasaba por la cabeza.

De algo hablábamos, y algo dije.
Algo me contestó y algo respondí.

No recuerdo qué, pero me dijo algo así como: “mírale… ya está hablando de él mismo, siempre igual”.

Me quedé congelado. Balbuceé algo, tampoco recuerdo qué, como pidiéndole explicaciones, y él insistió: Carlos, cada cosa que se te dice hablas de ti, de lo que te pasó, de lo que te hicieron, de qué vas a hacer… no hay forma de hablar contigo de nada, siempre eres tú el que aparece en primer plano”.

Y así era, pero no me había dado cuenta.

Cada conversación que había tenido hasta entonces, y contaría con unos 26 años creo recordar, toda relación y conversación que habían pasado por mi vida se habían dirigido, en todo momento, hacia mí.

No escuchaba, jamás. No sabía escuchar a los demás.

Cuando alguien hablaba yo sólo pensaba en mí. Pensaba en hablar de algo que me había pasado relacionado con lo que me decían…

… y ya está, nunca escuchaba a la persona, sólo me escuchaba a mí.

Era razonable: estaba transitando el camino para encontrarme, construyendo el camino que me construiría.

Aquella fue una importante piedra en mitad de aquel camino de búsqueda, un importante obstáculo. A partir de esa fea pero, con el tiempo, maravillosa tarde de la que no recuerdo absolutamente nada más, mi vida comenzó a cambiar.

No lo hizo de la noche a la mañana; de hecho, el persistente goteo de situaciones a las que me enfrenté siguió definiendo lo que yo era.

No cambió nada de golpe sino de forma constante y persistente… Pero todo cambió.

A partir de aquel momento me di cuenta de que yo comandaba lo que sucedía, de que yo era quien pensaba y ejecutaba, y comencé a analizar lo que había hecho hasta entonces: cada cosa que me contaban intentaba extrapolarla a mi ego.

Si hablaban de trabajo, de viajes, de ropa, de sexo, del clima, cualquier cosa que escuchaba hacía saltar como un resorte un montón de experiencias que habitaban en mi memoria.

El problema fue que, al rechazar lo que había en mí y necesitar de personas que aceptaran lo que yo era, encontré a personas clavadas a mí, más interesadas en la vida de los demás que en la suya propia.

Durante mi tiempo de cambio, esas fueron las amistades de las que me rodeé: personas vacías que encontraban valor en lo que yo hablaba de mi vida por no tener valor en la suya… ¡igual que en mi caso!

Puedes imaginar qué tipo de personas, necesitadas de mí en todo momento, capaces de culparme de sus propios problemas, ahogadas en problemas familiares y económicos tuve que cargar durante muchos años.

Lo cierto es que con el tiempo he llegado a la conclusión de que me gusta más mi vida que cualquier otra que conozca, y no cambiaría nada de lo que he vivido, de lo que vivo ni de lo que tengo pensado vivir. Creo en mí y en lo que quiero, pero desde aquella conversación con mi colega, desde aquella observación sobre lo que hablo, mi autodiscurso cambió.

Dejé de hablar de recuerdos y comencé a hablar de conceptos. Como mucho, hablar de recuerdos para ilustrar conceptos… pero poco más..

Divago por la estructura del conocimiento, por lo puramente objetivo sin quedarme en lo subjetivo. Es lo único que ahora me interesa, el porqué de la Vida, el porqué de mi existencia, qué ocurre cuando viajamos, por qué nos enamoramos, qué es el odio, que es la Felicidad, en qué tipo de Cosmos estamos suspendidos…

Me gusta indagar, estudiar y navegar por el concepto, ya que el recuerdo no vale para nada más que para potenciar mi ego,  instalarme en el pasado e impedir que me dirija hacia el futuro.

Decía el escritor chino Lin Yutang que el hombre superior ama a su alma. El hombre inferior ama a su propiedad”. Y con perspectiva me he dado cuenta de que yo sólo Amé mis propiedades, estuve fuera de mí buscándome en todos los rincones posibles, hablaba de la gente, opinaba como ella, cambiaba de acuerdo a ella.

Y así, harto de tanto buscar y no encontrar, me hallé.

Vivir a bordo de mí y vivir aquellas vivencias y recuerdos que experimenté, jamás definió lo que yo era pero, paradójicamente, buscar fuera me llevó dentro.

Me ocurrió corriendo Maratones, la búsqueda externa me dirigió hacia mi interior. Fueron los caminos que tracé fuera los que estaba trazando hacia mi Ser.

Aprendí a hacer lo que Pina Bausch, cuando dijo aquello de “no estoy muy interesada en saber cómo se mueve la gente sino en qué es lo que les mueve”. Interesarme por la esencia de las cosas, por su concepto, no por la forma proyectada.

En la forma no está la respuesta. Está en lo que genera esa forma. Eso es estar en tu Punto Cero, el estado meditativo que te ayudo a sentir con la Meditación Punto Cero®.

Esto significa que nada de todo aquello que viví, ninguna suma de ninguna experiencia habría sido necesaria para ser lo que realmente soy, porque eso ya existía desde mucho antes de mi nacimiento.

Todas mis experiencias, tal y como te ocurre con las tuyas, fueron fruto de la Torsión que generé por mis Disonancias, aquello que pensaba que era diferente a mí, pero me estaba reflejando; la Vida me puso frente a todo eso que rechazaba de mi persona, me obligó a aceptarlo, y comprender que todo era yo.

Cuando rompí con ese ciclo y dejé de necesitar que otra persona me quisiera, acabé sentado junto a mí, mirándome cara a cara… como Maya miraba a Buda en el momento de su iluminación.

Contemplé mi reflejo, caótico, con el que comprendí que la realidad era sólo una ilusión generada por mi consciencia.

Por eso quería mostrarte este importante camino para tu expansión de consciencia: hablar del concepto, de tu reflexión interior, de la no-forma, en lugar de alimentar el mass-media con tanto recuerdo, vivencias del exterior, formas que cambian.

El concepto, la no-forma.
El recuerdo, la forma.

Mira siempre la no-forma para comprender la forma.

Es importante esto, así que voy a incidir en ello: hablar de ti no es un camino que sirva para tener Amor propio.

Si hablas sin escuchar, intentas que los demás aprueben lo que eres, pero la única forma de que todos te quieran es queriéndote tú, ya que todos son reflejos de ti.

Si tú te quieres, tus reflejos lo harán.

Habla de conceptos, no de recuerdos

Empieza a tratar conceptos, no busques a gente interesante para crear delirios de grandeza, no aburras a la gente con tus experiencias o hazlo de forma minimizada, puntualmente.

Sé prudente, te dejo unos consejos aquí.
Habla sólo cuando tus palabras sean más bellas que el silencio.

Sólo así comenzarás a aprender a quererte a ti mismo y eso se reflejará en cambios en las personas que reflejan los tuyos.

Que todo cambie mucho hacia el concepto que quieres, no aquello que recuerdas.

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Un pensamiento en “¿Concepto o recuerdo?”

  1. Entendida la indirecta. Creo que este mensaje iba para mí (entre otros)

    Mi ex me decía que hablara de mí y no de los demás porque el cotilleo, la crítica a los demás no es sana, no va conmigo y me centro en mí y lo comparto con quien le interesa.
    Aunque en este foro hable de mí lo hago para sanarme, como lo hacía en las consultas de los sicólogos.
    En el resto de mi vida hablo de conceptos y de mis intereses, así no pierdo el centro escuchando cosas que no me interesan, de gente poco interesante (que vibra más bajo aún que yo)

    Me interesan la vida y lo que cuentan los que vibran más que yo, y a esos les escucho con mayor interés.

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