coachTÍVATE · abandona la secta

—No sé, llevo así un tiempo. Me siento… vacía. Creo que esa es la palabra, me siento vacía.

—¿Y qué estás haciendo para llenarte? ¿Cómo combates esos vacíos?

—Trabajo mucho. Muchísimo. Por las mañanas en la tienda, y por las tardes trabajo para una empresa que vende productos dietéticos.

—¿Dos trabajos?

—Bueno, el segundo no es un trabajo en sí. Soy prescriptora de sus productos, hago de comercial entre familiares, amigos, y gente que voy sumando a mi cartera.

—Ya…

—El problema es que creo que con esta actitud tan negativa, este vacío que siento, estoy fallando a mis dos trabajos.

—¿Por qué piensas que estás fallando?

—Porque el otro día llegué tarde a una charla de mi trabajo como prescriptora, y el patrocinador me echó una bronca tremenda.

—¿Qué compromiso tienes con esa gente?

—Ninguno… Quiero decir, ellos no me pagan si yo no vendo.

—¿Y aún así tienes que estar puntual en sus reuniones?

—Sí…

—¿Hay algún otro momento del día que ese segundo trabajo absorba tu tiempo?

—Bueno, nos vamos de cena los jueves. Son cenas algo caras, pero va todo el mundo, no me gustaría sentirme desligada de la dinámica de la empresa.

—¿La empresa organiza cenas pero las pagáis vosotros?

—Sí…

—¿Y tenéis que ir todos los prescriptores?

—Sí. Bueno, nos lo recomiendan para seguir conociendo más de cerca la filosofía de la empresa y vender más. Como hablamos de dietética, también organizan quedadas para hacer ejercicio…

—Ya… y cuando termináis de hacer ejercicio tenéis que posar todos con una bonita sonrisa y el dedo pulgar hacia arriba, como que todo va bien… ¿verdad?

—Sí… ¿cómo lo sabes?

—Porque yo también estuve metido en algo así durante un año, en un trabajo que hacía sentir culpables a sus empleados para elevar su rendimiento. Pasamos de la euforia al miedo, nos forzaban a conseguir números, nos llevaban por ahí fines de semana… y siempre nos daban argumentos para seguir posando guapos y sonrientes en las fotos de las actividades que hacíamos mensualmente. También sé de lo que hablas porque un amigo se metió a una de esas empresas de venta por prescripción, de productos de informática creo recordar; invirtió un montón de dinero, y cuando se arruinó acabó separándose de su mujer y durmiendo en el coche. ¿Te va mal de dinero últimamente?

—Bueno, me está costando llegar a fin de mes…

—¿Cuánto ganas con ese segundo trabajo?

—Pues, prácticamente nada. Yo con 200 euros más al mes me valdría para seguir tirando, pero no llego a conseguirlo…

El ego encarcela a la consciencia en todas esas cosas que crees que son tuyas

—¿Y cuánto tiempo inviertes en ese trabajo?

—Bastante… No sé… Bastantes horas a la semana. Ten en cuenta que me fui a vivir cerca de donde están todos viviendo.

—¿Cómo?

—Sí, dejé de vivir en el centro, en un piso compartido, y me fui a las afueras donde viven todos mis compañeros.

—¿Y para qué has hecho eso?

—Para estar más en contacto con esa gente y hacerme un hueco.

—Ya…

—Así que invierto bastante tiempo al desplazarme desde mi casa a mi primer trabajo, el tiempo en las reuniones, las cenas, los días de ejercicio…

—Y no llegas a cubrir lo que necesitas.

—No, no llego…

—Y siguen culpándote por llegar tarde…

—Sí…

—Sabes que estás metida en una secta, ¿verdad?

—¿Una secta?

—Sí… Te pregunto si estás llenando con algo tus vacíos existenciales, y me dices que estás metida en un trabajo que apenas te hace ganar, pero donde hay una alienación total del empleado con el propósito…

Sirve, pero no seas un siervo

—Pero ahí no hay nada religioso, y no tenemos que pagar para entrar ni nos piden nada…

—¿Te parece poco invertir horas de tu tiempo? ¿O hacerte creer que será mejor cambiar de residencia? ¿Crees que no tiene importancia obligarte a asistir a sus fiestas?

—Bueno…

—No tiene por qué ser nada religioso. El término de secta puede estar relacionado con muchos fines, casi siempre económicos. No tiene que haber nadie con un hábito blanco, lanzando agua bendita a los discípulos.

—Ya…

—Estás en una secta. Se aprovechan de tu debilidad.

—Pero, ¿qué debilidad? Siempre he sido fuerte para salir adelante…

—La debilidad que te hace no quererte. Porque cuando no te quieres a ti misma, intentas mejorar tu versión humana con una versión racional y mecánica, con una versión más competitiva y audaz, capaz de conseguir mucho dinero gracias al pluriempleo. Es lo que ahora estás haciendo, te has convertido en alguien fuerte capaz de tener dos trabajos. ¿Para qué? ¿Tienes para comer, para sobrevivir?

—Sí…

—Entonces todo el tiempo que inviertes en ese segundo y sectario trabajo habla de tu falta de autoestima, de no querer tener un tiempo de silencio para conectar contigo misma. Tu educación te hizo creer que no valías lo suficiente si no eras aprobada por los demás; te machacaron para que cumplieras con lo que la sociedad quería de ti. La sociedad te acabó manipulando para que trabajaras tal y como ahora lo haces.

—Entonces, ¿por qué me comporto así, por qué trabajo tanto?

—Porque huyes de tu realidad. Porque te tapas los oídos y los ojos, te ciegas trabajando y ganando dinero con tal de no escuchar lo que tú eres. Por eso te sientes vacía, porque esos trabajos, concretamente el segundo, te están sangrando. Estás vaciándote a través de esas herramientas de dolor; estás diciendo que no eres, algo que eres.

—¿Reniego de mí?

—Reniegas de ti.

—Pero yo no quiero dejar ese trabajo…

—Bueno, no tienes que dejarlo hoy. Ni mañana, ni la semana que viene. Pero abre los ojos. Abre los ojos a todas esas personas y situaciones que vives en esa secta, esa estructura jerárquica que te conduce a trabajar cada vez más para conseguir la imagen que deseas, y no la que tienes. Mira cómo son las personas que te rodean, observa de qué hablan. Qué les preocupa. En qué invierten su tiempo. Ninguna de ellas estará enfocada en sí misma. Todo será hablar de terceros, pensar que tienen que invertir su tiempo en trabajar, no creo que hagan ningún foco en lo espiritual…

—Pero yo sí hago foco en lo espiritual.

—¿Sí? ¿Y qué haces para desarrollar tu espiritualidad a lo largo del día? ¿Meditas? ¿Practicas la concentración? ¿El canto? ¿Pintas, bailas o te Expresas de alguna forma?

—Dejé de hacerlo…

—Entonces no eres espiritual. Estás dando de comer al lobo del Mal, el que te destruye por dentro, al que no cree en ti, a la parte que reniega de lo que realmente eres.

CREE en ti mismo para empezar a CREAR

—¿Cómo que no soy espiritual? Leo tus libros y a otros autores, y…

—¿Y crees que basta leer libros espirituales para quererte? Que entiendas lo que yo digo no significa que lo hayas comprendido. Si lo comprendieras, estarías mirando más por ti y menos por terceras personas. Recuperar lo que eres y has olvidado con el tiempo.

—¿Y para recuperarlo basta con la meditación?

—Sí, adaptada a ti, adaptada a tu Expresión. Si quieres podemos empezar a trabajar con ello, saber dónde está ahora mismo tu concentración y meditar para volver a sintonizar tu mente, para concentrarla en otros propósitos.

—¿Me hará sentir más plena?

—Por lo menor te irá abriendo los ojos. Cuanto más tiempo pases contigo sin necesidad de nada más, el resto comenzará a sobrarte. Ése fue el camino que yo he creado para mi vida, hacer grande mi espacio espiritual, el encuentro conmigo, para que comiera terreno al lado que tenía desequilibrado y magnificado, el racional, el que se ocupaba de varios trabajos tal y como tú haces ahora. Lo que hice fue crear mi voz interior, dejando de escuchar las del exterior. Confiar en uno mismo, en una palabra.

—Empiezo a entender lo que dices.

—Ahora será mucho mejor, porque entenderás lo que necesitas. Si has llegado al punto de cuestionarte quién falla en todo esto para que tú no seas feliz y empiezas a abrir los ojos, comenzarás a abandonar todo aquello que te sobra, personas, situaciones, empleos que se comportan como una secta y se aprovechan de ti.

—¿Y tendré dinero suficiente para vivir?

—La Vida te devolverá lo que le des. Si le das bienestar emocional, eso es lo que te devolverá, sin importar el dinero que creas necesitar.

Ve despacio, no tienes que tomar una decisión hoy.

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