Cambia tu cuerpo y cambiará tu realidad

A finales del año 2000, me apunté a un gimnasio en el que daban clases de kick-boxing. Necesitaba desestresarme. Así que salía del trabajo, descargaba toda la agresividad del día con un sparring, y volvía a casa lleno de vitalidad.

Guardo buenísimos recuerdos de aquella etapa. Me ayudó a formar mi cuerpo, algo de lo que me siento orgulloso.

A pesar de esto, no me di cuenta de lo que le estaba haciendo a mi cuerpo. No estuve allí más que unos meses, pero me di cuenta de que aquel entrenamiento me estaba dejando huella.

Y no muy positiva, la verdad.

De alguna forma, tanto gimnasio, tanto entrenamiento cuerpo-mente, tanto recuerdo negativo-ataque, tanta rabia-desfogue, había dejado en mí ese poso, esa reacción.

Es decir, me encontraba con un problema, un enfrentamiento, algo que me superaba, y tenía la necesidad de tomar acción con el cuerpo, levantar peso, hacer fuerza. Golpear.

El problema es que si no tenía un saco de boxeo cerca (porque tampoco se me ocurría sacudir a nadie 😂), la agresividad se quedaba dentro de mí, y lo pasaba fatal.

Había enseñado a mi cuerpo a reaccionar agresivamente para descargar el estrés, algo que la sociedad me había enseñado a hacer, y que consideraba lógico y sano.

Pero algo así, para un cuerpo con memoria, no lo es.

Esta fue una de las muchísimas cosas que me impulsó a saber más de mí, así que cuando llegó mi duelo, mi transición, comencé a estudiar la mente, recabé en los trastornos de ansiedad, la agresividad y la compulsión, y desarrollé mi propia filosofía.

Una filosofía que daba respuesta a este proceso, al porqué de la cárcel en la que todos vivimos.

El cuerpo y sus hábitos proyectando la realidad.

 

Reflejos de la sociedad 

Comprender que el cuerpo responde a estímulos mentales, muchas veces inconscientes, que se enquistan y se repiten, enviando la misma señal a la mente, fue vital.

Aún más comprender que esas señales son las que generan la realidad, lo que se vive cada día.

De forma habitual pensamos que la mente es el encierro, que los recuerdos de la mente son la trampa, y hacemos todo tipo de terapias para solucionar ese problema.

Intentamos resolver trastornos de la infancia, shocks del pasado, o una depresión post-traumática tras un duelo sentimental, y todo a través de simples entendimientos. Con un libro o una charla.

Y nos quedamos ahí. En conocimientos que, sí, nos ilustran, magníficamente, pero ninguno profundiza y sana de forma física esa dolencia.

Hemos pasado por alto una realidad atronadora: todo lo que pensamos, las emociones que sentimos, se van almacenando en el cuerpo y rigen nuestra conductaÉse es el verdadero encierro, el más físico. El cuerpo.

Es ahí, en el contenedor de nuestros recuerdos, donde está el problema. Y reflexionar sobre ello me permitió comprender el principio que iba a sanar muchas más cosas de las que me podía imaginar.

Para empezar, observé la sociedad. Nuestra forma de vida. Se nos educa para ver al cuerpo como algo que nos impide ser nosotros mismos, algo con lo que nos sentimos disconformes la mayor parte del tiempo, básicamente porque no somos como el tío bueno del anuncio de yogures, ni como la tía cañón que va en patines por la playa.

De hecho, muchos hacemos lo imposible por lograr ese físico, podemos incluso lograrlo si nos empeñamos lo suficiente, pero ¿solucionamos algo del interior? ¿Vale de algo tener un cuerpazo para ser Feliz? Pues mas bien no.

La sociedad ha convertido al cuerpo en un receptor de instrucciones con un sólo objetivo: la transformación física… pero sin conexión con la mente.

Ejercitarse, todo hay que decirlo, no es mala solución, por lo menos se consigue salud y vitalidad. Mucho peor es llenar el cuerpo de sustancias narcotizantes, comida saciante y hábitos agresivos para calmar la ansiedad y la tristeza de no ser como ese referente de la tele.

Pero aunque intentamos el cambio de mil y una formas posibles, buscando paliar el dolor de no sentirnos Amados… de nada sirve.

Una mente con problemas condiciona negativamente al cuerpo, y un cuerpo que recibe esas instrucciones devuelve la misma frecuencia a la mente. Esa es la cuestión.

 

Huellas en el cuerpo 

Todos esos hábitos que lleva el cuerpo y que retroalimentan la mente nos impiden ver otra realidad. Nos enrolamos en patrones, en forma de bucle, que nos llevan por los mismos caminos, y no encontramos solución.

Muchas veces no creemos necesitarla. Pensamos que la vida es así. Que en las relaciones se sufre, en el trabajo se sufre, en la Vida, en general se sufre.

Sin embargo, el malestar, la ansiedad, la tristeza, la angustia, la depresión, todas esas emociones con las que carga el cuerpo son Disonancias, desequilibrios entre el hemisferio izquierdo y el hemisferio derecho del cerebro.

Diferencias entre lo que se cree como real, y lo que se percibe en tiempo real.

Esto significa que cuando una persona vive una realidad que no se ajusta a su patrón social, a lo que cree que debe sucederle, comienza la movida: intenta equilibrar la Disonancia a través de pensamientos cíclicos, su mente se enquista en dar solución a temas ya pasados, llega la culpa, la ansiedad y otras señales, y acaba dañando los tejidos de su cuerpo.

Esas señales, esos patrones de vibración Disonantes, acuñados por la ciencia yogui como saṃskāras, se repiten una y otra vez, y acaban fijados en células, músculos, tejidos, órganos, generando desórdenes y disfunciones de todo tipo.

¿Cómo solucionar esto, si cuerpo y mente están desconectados la mayor parte del día? ¿Cómo vivir algo acorde a lo que deseamos, si pensamos de una forma y actuamos de otra?

Creo que hemos llegado a un punto en el que la solución no pasa por tener dos carreras y un cuerpo 10. Vivimos obsesionados por esos méritos, y en el camino separamos tanto la razón de la emoción, lo espiritual de lo terrenal, que la mayoría de las personas entrena su cuerpo por un lado y su mente por otro: cerebros muy preparados y cuerpos muy entrenados, pero en áreas totalmente diferentes.

Al final, las viejas disciplinas del cuerpo y mente como Uno, se han perdido. La sociedad se las está cargando.

Estamos aquí para ser Felices, para armonizar nuestras dos realidades. Y estudiar y ejercitarse, sin una conexión, es como si te enseñan a hablar ruso para cruzar a nado el Canal de la Mancha, que ya me dirás tú qué tienen que ver los cojones para comer trigo 😓

Para solucionar este grave problema, el que alimenta este sueño, este Matrix en el que vive nuestra mente encarcelada, debemos conectar lo racional y lo emocional en una sola ciencia.

Integrar la espiritualidad.

Hay algo fantástico para conseguir ese equilibrio: el Yoga. A diferencia del running, el gimnasio o el crossfit, es un ejercicio de consciencia, esencial para poner en armonía el cuerpo y la mente, de forma conjunta…

… pero hay que ir más allá.

 

Los Campos de Torsión

Los yoguis dicen que el cuerpo es como un lago, y que tener un pensamiento es como lanzar una piedra a ese lago: la piedra se va al fondo, pero en la superficie deja una serie de ondas.

Los saṃskāras, esos patrones de vibración, afectan y modifican al cuerpo y a sus centros energéticos, los Campos de Torsión.

Los 7 Centros que recorren el eje del cuerpo humano.

Esos Campos, también conocidos como Chakras, deben estar en TorsiónFluir sin irregularidades porque, de lo contrario, el cuerpo comienza a experimentar inestabilidad.

Pensar y actuar, deben estar en conexión.

El problema es que no se piensa y se actúa en conexión. La mayor parte del tiempo, pensamientos y actos están separados en nuestra experiencia vital.

Esto es importante, porque si la realidad es una proyección del Ser, es decir, si la Vida es la suma proyectada del cuerpo y de la mente, resulta que una realidad proyectada desde un cuerpo en Distorsión, sin conexión con el presente, reflejará las carencias y los desequilibrios con los que cargue el cuerpo.

Vemos (y vivimos) el problema que llevamos dentro.
Vibrante en la mente.
Grabado en el cuerpo.

 

Cambia tu cuerpo
para cambiar tu realidad

Es evidente que estudiar espiritualidad, sin integrarla, sin practicarla, es pensar y actuar de forma separada.

Es entender sin comprender.

Nuestra era está llenísima hasta los topes de autoayuda: alguien hace un curso de fin de semana, obtiene un diploma y se pone a dar clases a otros. Es la edad dorada de la titulitis: los diplomas han sustituido al saber del corazón.

La mayoría paga para que le pongan un sello, racionalizando y banalizando la sagrada sagrada del sentir.

En cualquier caso, todo esto es fantástico para autoconocerse, es maravilloso ver caminos cuando no entiendes algo, pero ¿soluciona las cosas? ¿Sirve el diploma para sanar? ¿Sirve el curso o el libro? ¿La charla? ¿La conferencia? ¿El segundo y tercer grado? ¿El coach? ¿El facilitador?

Abrir la mente no es integrar en el cuerpo.
Si el cuerpo no se reprograma, da igual lo que se aprenda.

Después de 11 años poniendo mucho entusiasmo y rigor en mi trabajo, he desarrollado un método Kriyā Punto Cero®, que consigue precisamente esto: integrar la enseñanza espiritual en el cuerpo, a través de 22 posturas de Yoga y Kriyā.

Un trabajo profundo, de tres semanas, que integra las mejores enseñanzas espirituales a través de un intenso ajuste físico y mental.

 


Se trata de una secuencia de posturas que va recorriendo todo el eje Kundalini, día tras día (camiseta blanca), potenciada por una práctica especial de respiración (camiseta fucsia). Es con esas dos prácticas como se consigue integrar la enseñanza, equilibrar cerebro y cuerpo, y ponerte en Torsión

Tus Campos en Torsión, los Centros de tu eje Kundalini, se energizan cuando cuerpo y mente están en conexión, y ése es el milagro que permite cambiar la realidad que experimentas día a día.

Cuando tu cuerpo cambia, tu realidad también lo hace.

Seguramente has probado de todo, terapias de todo tipo, pero ¿has dado el paso más importante? ¿Has girado la llave que arranca el motor?

Tu realidad sólo puede cambiar, como lo hizo la mía, con un cambio físicoCon cambios en los patrones de tu cuerpo.

Por eso te invito a conocer Kriyā Punto Cero®, tienes más información pulsando aquí. Podrás obtener ahora mismo el Programa, o recibir más información en tu correo.

Que sanes y mejores tu vida con mi nuevo trabajo 🙏

 

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