Alégrate por la riqueza de los demás

“Lo mejor que podemos hacer por otro
no es sólo compartir con él nuestras riquezas,
sino mostrarle las suyas.”
Benjamin Disraeli

 

A todo jardinero le gusta ver crecer sus plantas.
A todo arquitecto le gusta ver sus edificios ganar altura.
A todo pescador le gusta ver sus redes llenas de peces.
A todo cantante le gusta ver lleno el estadio donde dará el concierto.

… y a todo escritor le gusta que lo que escribe sea leído.

Durante mucho tiempo consideré que mi éxito profesional debía permanecer acallado. Era como si me avergonzara de él. Curiosamente, cuanto más rechazaba esa prosperidad por considerarla impropia de mis aspiraciones espirituales, más dinero perdí.

Comento esto porque últimamente recibo buenas noticias sobre mi trabajo, tanto con mis libros como con mis páginas y redes sociales. ¡Tienen buenos números verdes! Mi trabajo crece, y estoy contento.

Y, ante esto, quiero hacer un ejercicio de sinceridad que, quizás, te sirva para reflexionar.

Habitualmente confundimos el deseo de crecer con el ego. Creemos que quien desea algo es un ególatra. Creemos que trabajar y crecer es de egoístas, propio del capitalismo, de personas que se centran únicamente en sus propósitos empresariales. Rechazamos a quien gana dinero porque nos hicieron pensar que el dinero es algo negativo, una deshonra para la espiritualidad. ¿Resultado? Un 95 por ciento de la población actúa con recelo ante las personas con dinero.

Lo lógico es escuchar críticas hacia el hombre que conduce un buen coche, o a la mujer que viste con carísimas joyas.

Mi pregunta es: si todos los que critican a las personas ricas tuvieran alguna vez mucho dinero, ¿no disfrutarían de esa ropa de marca, de ese coche de lujo o de esas vacaciones paradisíacas? ¿Seguirían parapetados en su nivel socioeconómico, sin gastar más de lo necesario, sin viajar, sin comprarse ropa bonita ni darse un capricho? ¿O, por el contrario, harían como esas personas que disfrutan de su estatus y de lo que la Vida les depara?

Tristemente, señalamos con el dedo a personas ricas para justificar que somos pobres. Criticamos y condenamos la actitud supuestamente egótica e indeseable de personas a las que no conocemos en persona… y que seguramente hayan sufrido hasta alcanzar el estatus que, precisamente, todos deseamos, y lo hacemos por miedo a reconocer nuestros fallos.

Justificamos con nuestra condena el ser pobres, porque al rechazar la riqueza con un insulto hacemos ver a los demás que el problema de que no lo tengamos es porque no lo queremos.

Y eso es penosamente incierto.

Todos Amamos la buena Vida, todos somos humanos. A todos nos gusta disfrutar de un buen viaje, del buen sexo, de una fiesta con amigos, de una paella frente a un bonito paseo marítimo. Pero cuando no lo tenemos, solemos justificar nuestra carencia criticando la abundancia.

Solemos señalar al rico como el objeto de nuestro dolor, e inventamos escabrosas situaciones para justificar el porqué de su riqueza.

Ser rico en este mundo es poco menos que ser un demonio. Y sí, tú has contribuido tanto a ello como lo he hecho yo.

No tan paradójicamente como pueda parecer, cuando una persona que se ha pasado toda su vida criticando la abundancia de los demás gana algo, por pequeño que sea, acaba por perderlo. Si se compra un bonito coche nuevo, quizás alguien le raye la carrocería. Si se compra un teléfono último modelo, es probable que se lo roben por un descuido.

Y entonces llega el refrán: “la alegría dura poco en casa del pobre”.

El ego encarcela a la consciencia en todas esas cosas que crees que son tuyas

Ser pobre es eso, criticar la riqueza por considerarla de unos pocos, y aferrarse a lo poco que uno consigue, por temor a perderlo. El planteamiento, entonces, es: ¿cómo podemos alcanzar y mantener la abundancia si no hacemos más que criticarla? ¿Cómo vamos a ganar dinero, si nunca hemos respetado a las personas que lo ganan? ¿Cómo vamos a hacer crecer nuestro proyecto, si criticamos el de los demás? ¿Cómo vamos a ser escuchados, si criticamos a ese que nos habla? ¿Cómo va a llegar esa energía, la del dinero, a unas manos, las nuestras, que la rechazan? ¿Cómo va a querer el dinero caer en unas manos que lo consideran innoble y poco espiritual?

Dicen que el dinero se hizo redondo para que rodase. Metáforas aparte, el dinero es una energía, como todas las energías que Fluyen por la Vida. Es una energía tan espiritual como todas las demás, tan necesaria como todas las demás, tan importante como todas las demás.

El dinero es sumamente necesario para desarrollarnos, para crecer y para disfrutar de lo que la Vida nos ofrece, y debemos compartirlo. Aquellos que confunden el dinero con la corrupción de ciertos gobiernos (una futurible corrupción existente en la mente de todos) están cerrando las puertas a su crecimiento, a su expansión y a su Felicidad.

No confundamos los términos. El dinero es sinónimo de valor, y el valor va a existir siempre, bajo cualquier forma. Puede ser un favor, un trueque, una moneda, un billete o un cheque.

Si consideramos que lo que hacemos no es de valor, no recibiremos valor. Si consideramos que quienes tienen mucho dinero no son personas de valor, todo lo que ellos consigan jamás estará con nosotros porque estaremos disociando dinero y valor.

Nos empeñamos, a veces rudamente, en separar lo espiritual de lo terrenal, en eliminar nuestro ego… pero nos confundimos.

Somos humanos, interdependientes todos unos de otros, y nuestro camino es abrazar la polaridad, el Yin y el Yang, la parte humana y la parte espiritual.

Que nuestra vivencia terrenal haga las paces con los propósitos más elevados, ésa es nuestra misión.

De nada nos vale rechazar, condenar y acusar a otros de vivir vidas opulentas, cuando desearíamos vivir de la misma forma en que ellos lo hacen. No entendemos que estamos aquí para enriquecer el mundo y nos empobrecemos al olvidar dicha misión. Estamos aquí para enriquecer a los demás con nuestro trabajo, con nuestras ideas y nuestro apoyo, y eso es algo que todas las personas de dinero, de una forma u otra, han logrado en esta Vida.

Paradójicamente, cuando rechazamos el dinero también rechazamos ayudar a los demás a prosperar, porque ayudar a otros significa generar dinero, generar energía para que esas otras personas puedan evolucionar. Así que rechazamos las energías que mueven a otras energías, y cuando vemos que las nuestras se acaban las ahorramos, las guardamos en un cajón o en una cuenta de pensiones… y empezamos a envidiar la energía de los demás.

Cuando envidiamos, cuando no sentimos Felicidad por la alegría de otros, ¿qué manifestamos? Únicamente nuestra pobreza emocional cuyo origen es nuestra falta de empatía. Nos separamos, nos desintegramos del resto.

Empobrecemos poco a poco nuestro mundo, ahorramos obsesivamente, nos quejamos de la alegría que llega con cuentagotas y nos dolemos por vivir con lo puesto.

El grifo de la abundancia se abre cuando te alegras por la riqueza de los demás

Cuando no agradecemos lo que existe a nuestro alrededor, tanto lo que tenemos nosotros como lo que tienen los demás, personas que están hechas de la misma pasta que nosotros, cuando nuestra gratitud se apaga al envidiar a los demás, cerramos el grifo de la Vida impidiendo que llegue abundancia hacia la nuestra.

Y la Vida, la Fuente, Dios, el Todo deja de darnos lo que pedimos. Nos sumimos en la carencia, en la ruina y sufrimos el desahucio.

Vístete con los zapatos del otro. Ponte en su piel. ¿Qué harías si fueras esa persona rica? ¿Qué harías si hubieras sido educado en su sociedad, en su contexto y en su familia? ¿Te quejarías de lo poco que tienes y te permitirías malvivir, o disfrutarías de todo eso que tienes o puedes adquirir y que te ayuda a ser un poco más feliz?

Si lo deseas, ¿por qué lo criticas?

Alégrate del que tiene, alégrate por aquel a quien le sobra. Date cuenta de que criticar su estatus ha congelado tu progreso económico, sé consciente de que criticar su abundancia ha cerrado el grifo de la tuya.

Por este motivo, cuando veas pasar un coche de alta gama, alégrate por quien lo conduce.

Si ves feliz a una pareja disfrutando de su Amor, alégrate por lo que sienten.

Alégrate por un actor primerizo que se abre camino, por un comercial que alcanza sus comisiones.

Alégrate cuando veas a un joven empresario convertirse en rico de la noche a la mañana y alégrate, incluso, por aquellos que ganan dinero sin merecerlo, porque los merecimientos que manejamos son esquemas preconcebidos, es decir, prejuicios.

Lo que pensamos que es meritorio no es más que un rancio modelo que no tiene conexión con la Fuente.

La Fuente, el Vacío, ese espacio del que todos venimos y al que todos pertenecemos (y al que volveremos) nos hace idénticos. Todos somos lo mismo porque todos partimos de la misma base energética, así que todos merecemos lo que la Fuente nos da. Alégrate por todos esos que consiguen logros y alcanzan metas, sean del tipo que sean, porque todos esos son como tú, sufren como tú y persiguen la Felicidad tal y como tú la persigues.

Tal y como todos la perseguimos.

El planteamiento final, del que te habla mi filosofía, es sencillo: si todo es un espectro electromagnético que vibra por efecto de tu mente, si todas las personas, situaciones y cosas son reflejo de lo que piensas, consciente e inconscientemente de ti, ¿de qué forma te estás reflejando ahí fuera? ¿Qué dice la Vida de ti?

¿Qué quieres que digan tus reflejos de ti?

Si quieres disfrutar del dinero y de las posibilidades que te ofrece propónte, a partir de ahora, alegrarte y agradecer a la Vida que otras personas sean felices por lo que tienen, sean como sean esas personas: alégrate por su abundancia porque también es la tuya.

Todo es tu reflejo.

Haz un ejercicio sincero de alegrarte por los dones que brotan de los demás, sin esperar nada a cambio. Tan sólo alégrate, sinceramente, primero dando gracias por lo que tú tienes y, posteriormente, sintiéndote bien por lo que los demás disfrutan.

El tiempo hará el resto 🙏

3 pensamientos en “Alégrate por la riqueza de los demás”

  1. Y como bien dices, ha de ser extensivo a otros aspectos de la existencia de otros. La envidia, que en mayor o menor medida todos sentimos es un sentimiento muy destructivo.
    Gracias y abundancia

  2. Lo siento Carlos pero difiero en algunas cosas sobre este escrito. Por supuesto que nos tenemos que alegrar de que una persona que ha ganado su dinero de forma honrada, a base de trabajo, sudor y esfuerzo lo pueda disfrutar. Es más, yo diría que tiene que ser ejemplo de que con lucha, todo es posible. Pero eso que dices nos imaginamos situaciones escabrosas para justificar nuestra envidia, pienso que es no querer ver una realidad bastante extendida. Y esta es la de aquella persona que se ha hecho asquerosamente rica a base de explotar y robar. Y por desgracia, suele ser algo bastante común. Y a ejemplos de la vida cotidiana me remito. Lo siento Carlos pero no me puedo alegrar de eso, porque si no me tendría que alegrar también de que haya niños que en el siglo XXI que aún se mueren de hambre. Tu sabes por aquello de aceptar la realidad.

    1. Entiendo lo que dices, pero en ese caso no se trata tanto de alegrarte por su riqueza sino de compadecerte por su ignorancia.

      Esa sería una forma de reconocer su humanidad, y no caer en la separación y el rechazo hacia otras personas por errores que todos podemos cometer.

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